De Arkansas a Panamá: El impulso académico de Luis H. Moreno
De Arkansas a Panamá: El impulso académico de Luis H. Moreno
Durante más de dos décadas hemos dedicado nuestro empeño en esbozar el arcoíris istmeño en universidades, cámaras de comercio y clubes cívicos allende a través de nuestra conferencia plurilingüe "Why Panama?".
Ello nos trasladó el 27 de abril de 2017 a la fastuosa Facultad de Ciencias Empresariales Sam Walton de la Universidad de Arkansas, embelesada por una donación de cientos de millones de dólares de la familia Walton, propietarios de Walmart, incluyendo una sólida inversión en infraestructura, innovación y becas.
Allí fui eufóricamente acogido por su Asociación de Estudiantes Panameños, contando en ese momento con un centenar de burbujeantes compatriotas bajo la presidencia de José Nuñez, actual vicepresidente de Panameats, el mayor proveedor de carnes del país.
A nuestro retorno al istmo, me topé casualmente con mi apreciado colega Apediano Luis H. Moreno, quien fue el primer panameño egresado de Arkansas en 1955, convidándole a un almuerzo con el lozano presidente Núñez para reeditar los palpitantes cambios en ese centro universitario.
Aquello culminó con un intercambio en la sede de APEDE donde un eufórico don Lucho compartió su pasión con este colectivo de becarios.
La conexión entre sus años de formación y su impacto en el desarrollo económico de Panamá fue directa: lo que aprendió y vivió se convirtió en la base de cómo entendió el crédito, la producción y el rol de la banca en un país en desarrollo.
Su formación en la Universidad of Arkansas no fue casual: estudiar agronomía en un estado agrícola le dio una visión muy concreta: Entendió el campo como motor económico real, no como sector marginal; aprendió que la productividad depende de tecnología, financiamiento y conocimiento técnico e interiorizó la importancia de apoyar al productor, no solo financiar grandes negocios urbanos.
Esto fue clave porque, al volver a Panamá, aplicó una lógica poco común: llevar la banca hacia el campo, llevando crédito donde no llegaba, literalmente recorría zonas rurales para otorgar crédito: evaluando directamente a agricultores y sus proyectos, rompiendo con el modelo tradicional de banca pasiva y urbana e introduciendo criterios técnicos para otorgar financiamientos.
Este enfoque ayudó a dinamizar la producción agropecuaria y ganadera, integrando regiones rurales al sistema financiero, generando confianza entre productores y bancos.
Más adelante, desde posiciones de liderazgo en The Chase Manhattan Bank y el Banco Nacional, catequizó sus principios de rigor financiero, ética y visión internacional que fueron claves para fortalecer la reputación del sistema bancario, atraer inversión extranjera y profesionalizar la gestión bancaria en el país.
Impulsó la idea de Panamá como centro financiero regional, comprendiendo la importancia de integrarse a estándares internacionales y ayudando a posicionar al país dentro de redes económicas globales.
Mas allá aún, fomentó los valores de la meritocracia y el esfuerzo personal, responsabilidad cívica y ética en los negocios que influyeron en generaciones de profesionales y empresarios panameños. Gracias don Lucho por servir como brillante faro durante su fecunda existencia con su pasión por la excelencia en el desarrollo istmeño.