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“El olvido que seremos” (y solo quedará la memoria)
Santiago Fascetto (santiago.fascetto@epasa.com) - Publicado:
No sé si será un poema apócrifo o si salió de la pluma de Jorge Luis Borges.No lo sé, ni tampoco importa mucho.Se llama “Epitafio”, y su primer verso reza así: “Ya somos el olvido que seremos.El polvo elemental que nos ignora y que fue el rojo Adán, y que es ahora, todos los hombres, y que no veremos”.Héctor Abad Faciolince decidió titular uno de sus libros con una parte de ese soneto: le quitó el “ya somos”, y le dejó el final de la frase: “El olvido que seremos”.Hace unas semanas Daniel Samper –director de Soho y excelente periodista- me recomendó durante una visita a Bogotá el libro de Abad, una especie de novela-memorias que el escritor dedica a su padre, Héctor Abad Gómez, médico colombiano comprometido con la aplicación social de la medicina y que, al final de su vida, se dedicó a la defensa de los derechos humanos.El libro –publicado en 2006 y que ya va por su vigésima sexta edición solo en Colombia- retrata la relación del padre con el hijo (“Amaba a mi padre por sobre todas las cosas (...) Amaba a mi papá con un amor animal.Me gustaba su olor, y también el recuerdo de su olor (...) Me gustaba su voz, me gustaban sus manos, la pulcritud de su ropa y la meticulosa limpieza de su cuerpo”) en quizás la peor época de violencia en Colombia.Tanto es así que el libro duele en sus páginas.El hijo le escribe al padre 20 años después –y escribe sobre su vida, su familia y Colombia- de su asesinato, el 25 de agosto de 1987, día en que dos sicarios le vaciaron el arma sobre su cuerpo en Medellín.La historia del libro de Abad –y la de su padre- no solo retrata con crudeza la violencia que azotó al país vecino en esa época.Es, al mismo tiempo, un testimonio íntimo y doloroso de la relación entre un padre y su hijo.Un escrito por momentos hermosos, y por otro desgarrador.No sé (cómo –dije- tampoco sé lo de Borges) si el libro está a la venta en Panamá.De ser así, es una estación ineludible para cualquier lector.Lo fue para mí.El día que el padre del escritor murió –a los 65 años- tenía en uno de sus bolsillos del pantalón copiado a mano el soneto de Borges: "Ya somos el olvido que seremos".Y así es: solo un recuerdo –agrego- en la memoria de la gente que alguna vez nos quiso.