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La pobreza un desafío económico político y cultural
Leandro Avila - Publicado:
El problema de la pobreza en Panamá muy pocas veces ha sido tratado desde la perspectiva en que merece ser analizado para, luego encontrar el sendero que nos conduzca a la superación de la misma.Para tal abordaje, es importante tener presente que, desde los tiempos coloniales, el istmo de Panamá ha sido utilizado como una zona de tránsito con una fuerte vinculación al mercado mundial, pero con una vinculación no virtuosa al resto del país.Este modo de diagnosticar el problema nos sugiere que más allá de cualquier análisis coyuntural, en el caso de Panamá, la pobreza presenta rasgos de naturaleza estructural que son importantes tener presente para quien aspire a luchar con éxito en la erradicación del flagelo.Además de ser un problema social, la pobreza constituye un importante problema económico, político y cultural.Económico, porque limita y distorsiona tanto el potencial de desarrollo del mercado interno como la competividad del país en la economía internacional.En lo político, porque restringe el ejercicio de derechos ciudadanos, limita la participación política, distorsiona la soberanía popular y debilita la soberanía nacional.Y lo cultural, porque legitima y promueve sin cesar las mentalidades y conductas de la dependencia, erosiona la autoestima de los pobres, y limita la posibilidad del desarrollo de una cultura de la responsabilidad hacia sí mismo y hacia los demás.Hay quienes quieren responsabilizar a los distintos modelos económicos que han imperado en el mundo por la abundancia de la pobreza y al final de los años 80, se acusa al Estado protector, de incurrir en la práctica del proteccionismo a los empresarios, a los trabajadores; olvidando que tanto empresarios como trabajadores, más toda la sociedad componen y son la razón de ser y el fundamento que le da vida al Estado.Nadie puede negar la conveniencia de reestructurar la economía nacional que para el caso de nuestro país es más que necesario.Los panameños requerimos un balance entre el próspero desarrollo del centro de la capital, y el lento desarrollo de las áreas que la rodean, que es la misma condición de miseria imperante en nuestras provincias.Este es el contexto en que las elecciones de mayo de 1999 tendrán lugar; va a corresponder entonces al próximo presidente de este país llevar adelante un plan de acción que tenga como meta acabar o minimizar la pobreza.Esta atención debe abarcar al menos tres planos: el de la compensación social, el de inversión en capital humano y el de integración social.Como política social, a corto plazo, es imprescindible: a) convertir al Fondo de Emergencia Social en un verdadero Fondo de Inversión para el Desarrollo Social, capaz de vincular las actividades de compensación social con las de desarrollo de capacidades humanas, b) fortalecer la capacidad de coordinación del Gabinete Social, de modo que pueda otorgar atención prioritaria al desarrollo de capacidades humanas y c) fortalecer la capacidad del Ministerio de la Juventud para promover la integración social.El factor clave en la lucha contra la pobreza está en el fomento de la capacidad de los pobres para organizarse, participar y asumir la responsabilidad por su propia vida y su propio futuro, al igual debe de ir acompañada de una férrea convicción del Estado y los sectores económicos poderosos del país en que hay que lograr una mejor distribución de la riqueza, ya que no interesa qué tanto crezca el producto interno bruto de una nación si la mayoría de sus ciudadanos no tienen con qué llevar el sustento a sus hogares.Tanto en las encuestas como en los debates de las calles, el tema que resalta como prioridad en el pensamiento de los ciudadanos panameños es el del desempleo.Este asunto está concatenado a lo económico.Esto nos hace suponer que con la consecución de un empleo fácilmente se pueden resolver otras necesidades primarias.No deja de llamar la atención que temas importantes como la llegada de un nuevo milenio, la reversión del Canal, la salud y otros son colocados siempre por debajo del tema del desempleo.No cabe entonces la menor duda el próximo Presidente de Panamá tiene sobre sus espaldas un peso gigantesco.El no ser consecuente con la responsabilidad que se le encomiende a partir del 1 de septiembre de 1999, sumergirá a la clase política entera en una inmensa crisis de desconfianza popular; cruzada esa línea no quedan muchos caminos por transitar, probablemente el único sea la violencia popular.El próximo presidente va a tener que ser un estadista con discernimiento propio, no dependiente de personas que casi siempre quieren proteger algo más que el bien de la nación y de sus ciudadanos, estos en muchas ocaciones son los culpables de los patinazos que da el superior, porque prefieren decir cosas que no le molesten al oído para hacerlo sentir bien.El nuevo milenio y la gente que entra en él, esperan mucho más de quien los va a conducir; esperan responsabilidad, esperan liderazgo, y esperan que se tome muy en serio este mal.