Toma tu cruz y sigue...
Claro que las cruces son pesadas, unas más que otras, pero todas llevan a la salvación. Esa es la seguridad que tenemos. Porque todas purifican, maduran, santifican, si las llevamos con amor, serenidad, con fe. Las cruces no las quiere nadie. Pero llegan, las permite el Señor, o las envía el Señor. Las cruces, siguiendo una metáfora pueden ser de madera, de cobre, de aluminio, de plomo, de bronce, de hierro, no importa, son cruces…es decir, pueden ser enfermedades normales o terminales; quiebras económicas, pérdidas de empleo; calumnias con pérdida de la fama, robos, desastres naturales, guerras con sus terribles consecuencias, exilios. Hay muchas clases de cruces y lo importante es llevarlas con dignidad. Una reacción normal es la de protestar o preguntar: "¿por qué a mí?" "¿Qué he hecho yo para que me pase esto?" "Esto será castigo de Dios?"
Siguiendo con la segunda parte de mi escrito, donde hablo del testimonio de mi hermana Geraldine, como mujer de fe y psicóloga, combinación perfecta para ser un buen profesional de la salud mental, hace 10 años se le declaró la enfermedad del cáncer, y pude ver en ella los siguientes rasgos con los que se enfrentó a eso: 1. Aceptó con serenidad la noticia. Se sometió a todos los tratamientos con estoicismo, algunos muy dolorosos: la operación, quimios, radios terapias. Extraerle agua del pulmón la dejaba exhausta. 2. No hablaba con nadie de su enfermedad. Pero nunca. 3. Jamás sintió lástima de sí misma. 4. Nunca protestó ni le reclamó a Dios el porqué le paso eso. 5. Cada año iba perdiendo más fuerzas, pero nunca dejó de trabajar. No se echó a morir. 6. Se le cayó el cabello dos veces. Eso no la acomplejó nunca. Su autoestima era muy fuerte. 7. Le dio sentido a su sufrimiento desde la fe. Se sintió siempre en manos de Dios. Sabía y era consciente de que todo depende de Dios. Eso le daba seguridad a ella. 8. Se hizo cada vez más una mujer de oración. Hasta la última noche de su vida mantuvo una oración intensa. De todo eso soy testigo yo, porque estuve cuidándola esa noche hasta que murió al día siguiente. 9. El atender a pacientes le fortalecía el alma también. Los atendió hasta dos meses y medio antes de morir. 10. En el hospital mantuvo una comunicación muy empática con todo el personal médico y de enfermería, haciendo más fácil para ellos la labor de atenderla. Se le fue dulcificando el carácter mucho los últimos meses de vida. Es cierto que como escritora y participante en grupos de reflexión tenía información que tenía que callar y eso sí la enojaba, la indignaba, le quitaba la paz. Descansa en Dios hermana mía.