Incansable defensora de la lengua española
Publicado 2005/05/21 23:00:00
- Rodolfo de Gracia R.
En nuestro país, Elsie Alvarado de Ricord se convirtió en un punto de referencia para el estudio de la lengua.
Cuando en 2003 tuve la oportunidad de estudiar en Madrid, el destacado gramático y lexicógrafo español, don Manuel Seco, quien amistosamente conversaba con cada uno de los 20 estudiantes hispanoamericanos que conformábamos el grupo, expresó, al saber mi procedencia, una frase, por demás cierta y halagüeña, pero sobre todo, sincera, refiriéndose a Elsie Alvarado de Ricord, : "La más brillante panameña que ha venido a España".
El nombre de esta panameña, baluarte de las letras, y a mi juicio, la persona con más autoridad, criterio, herramientas y conocimientos acerca de la lengua española entre los connacionales (aunque con el signo de la falibilidad que nos caracteriza a todos los seres humanos), rebasó las fronteras nacionales y pronto fue siendo conocido y respetado en el amplio mundo hispanohablante, en el que le tocó librar, más de una vez, batallas por la defensa del idioma, su gran pasión y objeto de estudio.
Su lamentable deceso, ocurrido el pasado miércoles 18 de mayo, a los 77 años de edad, precisamente en este cuarto centenario de El Quijote, cuando la lengua española está de celebraciones por todo lo alto, viene a ser un motivo de profundo pesar, y una paradójica coincidencia, pues no solamente fue una minuciosa y permanente investigadora de la lengua española, sino, además, una lectora insaciable de la obra cervantina, que conocía muy bien, e incluso párrafos extensísimos de memoria, sobre todo de ese Quijote de cuatro siglos, que ella desde la tribuna de la Academia Panameña de la Lengua, desde el atril del Paraninfo Universitario, frente al monumento a Cervantes en la Colina de la Universidad de Panamá o desde las páginas de los libros, aplaudió y exaltó con su palabra sabia.
En la Escuela de Español de la Universidad de Panamá, en la Academia Panameña de la Lengua, en su natal Chiriquí, en los círculos intelectuales nacionales y en la amplia comunidad que constituye la lengua española, que incluye las instituciones dedicadas al estudio de nuestro idioma, siempre se reconoció, sin importar las afinidades o desavenencias, su especial y sobresaliente talento para las letras y para la lingüística.
Quienes como yo tuvieron la oportunidad de beneficiarse, en calidad de estudiante, de sus sólidos conocimientos a través de la cátedra universitaria, y luego la ocasión de trabajar muy de cerca con ella en la Academia Panameña de la Lengua, y de contar con su amistad, sabemos que nuestro país ha perdido una figura destacada y a una ciudadana de bien, que desde el bastión de la cultura, hoy menospreciado frente a la farándula, el deporte y la banalidad, supo dar lustre al nombre de Panamá.
En nuestro país, Elsie Alvarado se convirtió en un punto de referencia para el estudio de la lengua. En este plano, su palabra es un criterio de autoridad, como hace algunos años lo fue la de César Quintero en asuntos constitucionales.
Desde las aulas universitarias, a las cuales perteneció en calidad de docente desde 1958, o desde la Academia Panameña de la Lengua, ella disipaba dudas, dirimía pleitos lingüísticos, recomendaba y prevenía con respecto al uso de determinadas palabras o expresiones del español academicista, del español de calle, el cotidiano.
Siempre estuvo a favor del mal querido "enantes", que algunos mal autonombrados gurús de la lengua desprecian y descartan. "Entre nosotros, este término nunca ha caído en desuso, por lo cual no se puede considerar aquí como un arcaísmo. Para nosotros enantes no significa "antes, en un tiempo o lugar anterior". Tampoco puede ser reemplazado siempre por "hace un momento", como sostienen algunos. Por ello considero que es un error tachar en Panamá este adverbio de arcaísmo y censurar su empleo".
Sabida es su oposición razonada y sustentada a la supresión de las letras ch y ll del alfabeto español, ya desde el XI Congreso de la Lengua en San José, Costa Rica, y en Madrid, en 1994. " Las letras ch y ll representan dos fonemas de la lengua española que no corresponden a las letras c y l y no hay razón para confundirlas y mezclarlas en la ordenación. Su lugar correcto es el de letras independientes".
Elsie Alvarado refutó los argumentos baladíes expuestos por la feministas, pues se pretendía una conquista merecida (el trato igualitario de hombres y mujeres) a través de un sistema como la lengua que no la hacemos particularmente los hombres o la mujeres sino todos los que hablamos un idioma.
A ella debemos "abuelazón" y "membresía" registradas en el diccionario académico de 1992.
Su orientación lingüística se daba particularmente desde la Academia Panameña de la Lengua, augusta casa a la que perteneció desde 1975 hasta el día de su fallecimiento. Pero también a través de los medios de comunicación escritos, particularmente Panamá América, donde publicaba sus Notas sobre el lenguaje, columna de gran interés y provecho para la comunidad lingüística, ávida de una voz que discierna con criterio y claridad.
Tras sus muchos y merecidos reconocimientos: (Premios Miró, Jurado internacional del Premio Cervantes, Premio Universidad 1996, Condecoración Rogelio Sinán 2002, Condecoración por el Día Internacional de la Mujer 2005 y un largo etcétera), y luego de una exitosa y satisfactoria carrera, que ha dejado legado, la académica se mantenía desde su hogar en la investigación y en la reflexión de la realidad de la lengua.
Quizá fue nuestra amiga, la periodista Rosalina Orocú Mojica, de Estilo de vida, amiga también de la poetisa por sus afinidades hacia la cultura, la educación y las letras, la última persona en entrevistar, telefónicamente a Elsie Alvarado de Ricord, en una amena conversación relativa al Día Internacional del Idioma.
El nombre de esta panameña, baluarte de las letras, y a mi juicio, la persona con más autoridad, criterio, herramientas y conocimientos acerca de la lengua española entre los connacionales (aunque con el signo de la falibilidad que nos caracteriza a todos los seres humanos), rebasó las fronteras nacionales y pronto fue siendo conocido y respetado en el amplio mundo hispanohablante, en el que le tocó librar, más de una vez, batallas por la defensa del idioma, su gran pasión y objeto de estudio.
Su lamentable deceso, ocurrido el pasado miércoles 18 de mayo, a los 77 años de edad, precisamente en este cuarto centenario de El Quijote, cuando la lengua española está de celebraciones por todo lo alto, viene a ser un motivo de profundo pesar, y una paradójica coincidencia, pues no solamente fue una minuciosa y permanente investigadora de la lengua española, sino, además, una lectora insaciable de la obra cervantina, que conocía muy bien, e incluso párrafos extensísimos de memoria, sobre todo de ese Quijote de cuatro siglos, que ella desde la tribuna de la Academia Panameña de la Lengua, desde el atril del Paraninfo Universitario, frente al monumento a Cervantes en la Colina de la Universidad de Panamá o desde las páginas de los libros, aplaudió y exaltó con su palabra sabia.
En la Escuela de Español de la Universidad de Panamá, en la Academia Panameña de la Lengua, en su natal Chiriquí, en los círculos intelectuales nacionales y en la amplia comunidad que constituye la lengua española, que incluye las instituciones dedicadas al estudio de nuestro idioma, siempre se reconoció, sin importar las afinidades o desavenencias, su especial y sobresaliente talento para las letras y para la lingüística.
Quienes como yo tuvieron la oportunidad de beneficiarse, en calidad de estudiante, de sus sólidos conocimientos a través de la cátedra universitaria, y luego la ocasión de trabajar muy de cerca con ella en la Academia Panameña de la Lengua, y de contar con su amistad, sabemos que nuestro país ha perdido una figura destacada y a una ciudadana de bien, que desde el bastión de la cultura, hoy menospreciado frente a la farándula, el deporte y la banalidad, supo dar lustre al nombre de Panamá.
En nuestro país, Elsie Alvarado se convirtió en un punto de referencia para el estudio de la lengua. En este plano, su palabra es un criterio de autoridad, como hace algunos años lo fue la de César Quintero en asuntos constitucionales.
Desde las aulas universitarias, a las cuales perteneció en calidad de docente desde 1958, o desde la Academia Panameña de la Lengua, ella disipaba dudas, dirimía pleitos lingüísticos, recomendaba y prevenía con respecto al uso de determinadas palabras o expresiones del español academicista, del español de calle, el cotidiano.
Siempre estuvo a favor del mal querido "enantes", que algunos mal autonombrados gurús de la lengua desprecian y descartan. "Entre nosotros, este término nunca ha caído en desuso, por lo cual no se puede considerar aquí como un arcaísmo. Para nosotros enantes no significa "antes, en un tiempo o lugar anterior". Tampoco puede ser reemplazado siempre por "hace un momento", como sostienen algunos. Por ello considero que es un error tachar en Panamá este adverbio de arcaísmo y censurar su empleo".
Sabida es su oposición razonada y sustentada a la supresión de las letras ch y ll del alfabeto español, ya desde el XI Congreso de la Lengua en San José, Costa Rica, y en Madrid, en 1994. " Las letras ch y ll representan dos fonemas de la lengua española que no corresponden a las letras c y l y no hay razón para confundirlas y mezclarlas en la ordenación. Su lugar correcto es el de letras independientes".
Elsie Alvarado refutó los argumentos baladíes expuestos por la feministas, pues se pretendía una conquista merecida (el trato igualitario de hombres y mujeres) a través de un sistema como la lengua que no la hacemos particularmente los hombres o la mujeres sino todos los que hablamos un idioma.
A ella debemos "abuelazón" y "membresía" registradas en el diccionario académico de 1992.
Su orientación lingüística se daba particularmente desde la Academia Panameña de la Lengua, augusta casa a la que perteneció desde 1975 hasta el día de su fallecimiento. Pero también a través de los medios de comunicación escritos, particularmente Panamá América, donde publicaba sus Notas sobre el lenguaje, columna de gran interés y provecho para la comunidad lingüística, ávida de una voz que discierna con criterio y claridad.
Tras sus muchos y merecidos reconocimientos: (Premios Miró, Jurado internacional del Premio Cervantes, Premio Universidad 1996, Condecoración Rogelio Sinán 2002, Condecoración por el Día Internacional de la Mujer 2005 y un largo etcétera), y luego de una exitosa y satisfactoria carrera, que ha dejado legado, la académica se mantenía desde su hogar en la investigación y en la reflexión de la realidad de la lengua.
Quizá fue nuestra amiga, la periodista Rosalina Orocú Mojica, de Estilo de vida, amiga también de la poetisa por sus afinidades hacia la cultura, la educación y las letras, la última persona en entrevistar, telefónicamente a Elsie Alvarado de Ricord, en una amena conversación relativa al Día Internacional del Idioma.

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