A la espera de la Resurrección con María
Publicado 2002/03/30 00:00:00
- Tokio
"Tema de nuestra predicación es la continua presencia de la Madre heroica al pie del sepulcro. Pues mientras todos se retiraron, solo ella, la Madre, consumida por el fuego impetuoso del amor, con fe y ánimo firme, se sentó junto a la tumba, olvidándose de comer y descansar. Solo ella, la Madre, fue testigo de los hechos que precedieron la Resurrección y oyó aquel terremoto suave que despertó a los muertos y arrojó en el sueño a las guardias que velaban ante el sepulcro".
No se puede pasar el Sábado Santo sin pensar en la Virgen María. Con el dolor de la Madre de un condenado que resiste mientras tiene ante sus ojos o entre sus brazos al muerto, pero se queda sin nada cuando depositan en el sepulcro al hijo de sus entrañas y al Dios de su vida entera. No se puede olvidar en este momento la figura de María, la discípula que conserva en su corazón las palabras del anciano Simeón, que le profetizó que Cristo sería signo de contradicción y una espada le traspasaría el alma, también le indicaba que Jesús sería signo de resurrección. Lo que los discípulos habían olvidado, María lo conservaba en el corazón: la profecía de la resurrección al tercer día. Y María esperó hasta el tercer día. En una hermosa secuencia de la Resurrección se le pregunta a la Madre quién le ha dado la noticia de la vuelta a la vida de Cristo su hijo, cuando el domingo de Pascua la ven gozosa como si ya supiera de antemano la gran noticia de la resurrección de Cristo.
"Dinos de quién lo has sabido, le preguntan las mujeres a la Madre. Y ella responde con calma: No he sabido la noticia hermanas, ni por voces de hombres, ni por mensajes de ángeles. Yo ya la conocía. Porque conservaba en el corazón su palabra: resucitaré al tercer día".
111"Siempre es Sábado Santo, día de espera de buenas nuevas, de días radiantes y de la gloriosa Resurrección de Cristo en nuestras vidas. Si hay noches oscuras las hay también luminosas, siempre tenemos un tercer día para que Dios cumpla sus promesas".
Mientras la Virgen espera y es modelo de la Iglesia que anhela la resurrección, es verdad aquello de que es siempre Sábado Santo, día de espera de buenas nuevas, de días radiantes y de la gloriosa Resurrección de Cristo en nuestras vidas. Si hay noches oscuras las hay también luminosas, siempre tenemos un tercer día para que Dios cumpla sus promesas y se hace presente más allá de nuestras esperanzas y de nuestros deseos, como en el alba de la Resurrección.
Se realiza hoy por la noche, es una Vigilia en honor del Señor. Según una antiquísima tradición, los fieles permanecen con sus lámparas encendidas aguardando el regreso del Señor, para que al llegar, los encuentre en vela y los haga sentar a su mesa, según explica el padre Angel Acuña de la Parroquia Santa Rita de Cassia. La Vigilia Pascual se desarrolla en este orden:
Se bendice el fuego. Se prepara el cirio en el cual el sacerdote con un punzón traza una cruz. Luego marca en la parte superior la letra Alfa y en la inferior omega, entre los brazos de la cruz marca las cifras del año en curso. A continuación se anuncia el Pregón Pascual.
En ella la Iglesia confiada en la Palabra y la promesa del Señor, media las maravillas que desde los comienzos realizó Dios con su pueblo.
Se llama a los catecúmenos, quienes son presentados ante el pueblo por sus padrinos: si son niños serán llevados por sus padres y padrinos. Se hace la renovación de los compromisos bautismales.
Al acercarse ya el día de la Resurrección, la Iglesia es invitada a participar en el banquete eucarístico, que por su Muerte y Resurrección, el Señor preparó para su pueblo. Toda la celebración de la Vigilia Pascual se realiza durante la noche, de tal manera que se termine en la aurora del domingo.
La Misa, aunque se celebre antes de la media noche, es la Misa Pascual del Domingo de Resurrección. Los que participan en esta misa, pueden volver a comulgar en la segunda Misa de Pascua. El sacerdote y los ministros se revisten de blanco para Misa. Aquellos que participan en la Vigilia deben tener sus cirios preparados.
No se puede pasar el Sábado Santo sin pensar en la Virgen María. Con el dolor de la Madre de un condenado que resiste mientras tiene ante sus ojos o entre sus brazos al muerto, pero se queda sin nada cuando depositan en el sepulcro al hijo de sus entrañas y al Dios de su vida entera. No se puede olvidar en este momento la figura de María, la discípula que conserva en su corazón las palabras del anciano Simeón, que le profetizó que Cristo sería signo de contradicción y una espada le traspasaría el alma, también le indicaba que Jesús sería signo de resurrección. Lo que los discípulos habían olvidado, María lo conservaba en el corazón: la profecía de la resurrección al tercer día. Y María esperó hasta el tercer día. En una hermosa secuencia de la Resurrección se le pregunta a la Madre quién le ha dado la noticia de la vuelta a la vida de Cristo su hijo, cuando el domingo de Pascua la ven gozosa como si ya supiera de antemano la gran noticia de la resurrección de Cristo.
"Dinos de quién lo has sabido, le preguntan las mujeres a la Madre. Y ella responde con calma: No he sabido la noticia hermanas, ni por voces de hombres, ni por mensajes de ángeles. Yo ya la conocía. Porque conservaba en el corazón su palabra: resucitaré al tercer día".
111"Siempre es Sábado Santo, día de espera de buenas nuevas, de días radiantes y de la gloriosa Resurrección de Cristo en nuestras vidas. Si hay noches oscuras las hay también luminosas, siempre tenemos un tercer día para que Dios cumpla sus promesas".
Mientras la Virgen espera y es modelo de la Iglesia que anhela la resurrección, es verdad aquello de que es siempre Sábado Santo, día de espera de buenas nuevas, de días radiantes y de la gloriosa Resurrección de Cristo en nuestras vidas. Si hay noches oscuras las hay también luminosas, siempre tenemos un tercer día para que Dios cumpla sus promesas y se hace presente más allá de nuestras esperanzas y de nuestros deseos, como en el alba de la Resurrección.
Se realiza hoy por la noche, es una Vigilia en honor del Señor. Según una antiquísima tradición, los fieles permanecen con sus lámparas encendidas aguardando el regreso del Señor, para que al llegar, los encuentre en vela y los haga sentar a su mesa, según explica el padre Angel Acuña de la Parroquia Santa Rita de Cassia. La Vigilia Pascual se desarrolla en este orden:
Se bendice el fuego. Se prepara el cirio en el cual el sacerdote con un punzón traza una cruz. Luego marca en la parte superior la letra Alfa y en la inferior omega, entre los brazos de la cruz marca las cifras del año en curso. A continuación se anuncia el Pregón Pascual.
En ella la Iglesia confiada en la Palabra y la promesa del Señor, media las maravillas que desde los comienzos realizó Dios con su pueblo.
Se llama a los catecúmenos, quienes son presentados ante el pueblo por sus padrinos: si son niños serán llevados por sus padres y padrinos. Se hace la renovación de los compromisos bautismales.
Al acercarse ya el día de la Resurrección, la Iglesia es invitada a participar en el banquete eucarístico, que por su Muerte y Resurrección, el Señor preparó para su pueblo. Toda la celebración de la Vigilia Pascual se realiza durante la noche, de tal manera que se termine en la aurora del domingo.
La Misa, aunque se celebre antes de la media noche, es la Misa Pascual del Domingo de Resurrección. Los que participan en esta misa, pueden volver a comulgar en la segunda Misa de Pascua. El sacerdote y los ministros se revisten de blanco para Misa. Aquellos que participan en la Vigilia deben tener sus cirios preparados.

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