¿Por qué el 8 de agosto se celebra el Día Internacional del Gato?
Mientras las redes sociales se inundan de videos divertidos de felinos, esta efeméride busca proteger a un animal que ha pasado de ser un dios en Egipto a convertirse en el rey indiscutible de nuestras casas.
La figura del gato doméstico se ha convertido en un icono indispensable de la cultura de Internet y la vida cotidiana. Sam Lion / Pexels
Cada 8 de agosto, Internet cambia de ritmo. Las redes sociales se llenan de videos de felinos persiguiendo luces láser, metiéndose en estrechas cajas de cartón o haciendo alguna travesura. Pero, detrás de todas esas risas en la pantalla, hay un motivo más serio.
Y es que el Día Internacional del Gato lo creó en el año 2002 la organización International Fund for Animal Welfare (IFAW). Y no nació solo para compartir momentos divertidos, sino como una campaña en todo el mundo para concienciar a la gente sobre la salud, la protección y el bienestar de estos animales.
Es, en realidad, una forma de celebrar una relación de miles de años que ha transformado a este felino, que antes cazaba en solitario, en el rey indiscutible de nuestras casas… Y, para qué engañarnos, también de Internet.
Durante mucho tiempo se dio por hecho que los gatos se domesticaron en el Creciente Fértil hace unos 10,000 años, justo cuando nacía la agricultura. Esta teoría parecía confirmarse con un descubrimiento en Chipre: una tumba de 9,500 años de antigüedad donde un humano fue enterrado junto a un gato de ocho meses.
Este hallazgo, que en su día publicó el National Institutes of Health (NIH), parecía apuntar a que, como en esa isla no había felinos de forma natural, nuestros antepasados los habían llevado hasta allí en barco. Sin embargo, el análisis del ADN antiguo ha cambiado esta versión.
Porque un estudio genómico de finales de 2025, que analizó más de 200 muestras de felinos antiguos de los últimos 10,000 años, reveló algo inesperado: los gatos que merodeaban por Europa antes del año 200 a.C. eran idénticos a los gatos salvajes europeos de la época, y no los parientes de nuestras mascotas actuales.
Así, gracias a la paleogenética, hoy sabemos que los verdaderos antepasados del gato doméstico moderno (Felis catus) provienen en realidad del norte de África, y que no pisaron la Europa continental hasta hace unos 2,000 años.
Además, hay una gran diferencia con los perros o los animales de granja: a los gatos nadie los seleccionó ni los cruzó a propósito, se domesticaron ellos mismos. Al almacenar el grano, los primeros agricultores atrajeron a los ratones de campo. Y los gatos salvajes de la zona, al ver tantas presas fáciles juntas, empezaron a acercarse a los poblados.
Por su parte, los humanos aceptaron de buen grado a estos cazadores silenciosos porque mantenían a salvo las cosechas. Fue un pacto de conveniencia mutua: comida gratis para los gatos a cambio de un control natural de las plagas.
Fue en el antiguo Egipto donde los gatos alcanzaron un estatus sagrado sin precedentes. Durante el periodo tardío de esta civilización, se les consideraba la representación en la Tierra de divinidades como la diosa Bastet.
El respeto hacia ellos era tan estricto en las tierras del Nilo que la ley no tenía piedad: cualquiera que matara a un gato, aunque fuera por accidente, se enfrentaba a la pena de muerte de forma automática.
Pero ¿por qué nos siguen fascinando hoy en día? Quizá parte de la respuesta resida en su apariencia. Y es que, según el estudio de los NIH, los gatos tienen rasgos en su cabeza (como unos ojos enormes en comparación con el cráneo, la cara chata y una frente redondeada) que se parecen mucho a los de un recién nacido humano.
En la biología del comportamiento, esto se conoce como "esquema de bebé", y activa en nuestro cerebro una respuesta automática de ternura y un deseo inmediato de cuidarlos y protegerlos.
Sin embargo, los gatos no solo nos conquistan por su aspecto, sino también por su capacidad para entendernos. Diversos experimentos han demostrado que los felinos domésticos pueden "asociar de forma cruzada" los gestos de nuestra cara con el tono de nuestra voz, es decir, son capaces de interpretar nuestras emociones.
Además, saben comunicarse con mucha precisión. Utilizan distintas frecuencias e intensidades en su ronroneo para cambiar su significado: puede ser una muestra de cariño, pero también una petición urgente de comida o una forma de calmarse a sí mismos cuando sienten dolor, miedo o estrés.
Físicamente, también son animales asombrosos. Su famosa capacidad para caer siempre sobre sus patas se debe al "reflejo de enderezamiento", una respuesta física innata que empiezan a desarrollar a partir de la tercera semana de vida. Y toda esta expresividad se traduce hoy en popularidad dentro del mundo digital.
El ejemplo más claro es el de Grumpy Cat (cuyo nombre real era Tardar Sauce). Esta gata, que tenía enanismo felino y una mandíbula que le daba un gesto de enfado permanente, se hizo viral en el año 2012. A partir de ahí, protagonizó películas, hizo anuncios para grandes marcas de comida para mascotas y generó una línea de juguetes y libros.
De la adoración a la persecuciónSin embargo, la historia de los gatos con los humanos no siempre ha sido fácil. Durante la Edad Media en Europa, estos animales sufrieron una persecución constante que estuvo a punto de hacerlos desaparecer de la región. Y es que se les relacionó de forma equivocada con la brujería, los rituales paganos y la mala suerte.
La situación llegó a tal extremo que el papa Gregorio IX declaró que los gatos negros eran aliados del demonio. Desgraciadamente, esta creencia desató una persecución masiva en la que miles de felinos fueron capturados, maltratados y quemados en hogueras por todo el continente.
Y, efectivamente, eliminar a los gatos tuvo consecuencias muy graves: al quedarse sin su depredador natural, las ratas se multiplicaron rápidamente y sin control por las calles, las despensas y los campos europeos.
Esta plaga de roedores, que transportaban pulgas, facilitó la propagación masiva de la bacteria Yersinia pestis. Este factor aceleró la llegada de la Peste Negra en el siglo XIV, una de las mayores crisis demográficas de la historia que costó la vida a decenas de millones de personas.
Por todo esto, el Día Internacional del Gato nos sirve para recordar que nuestra convivencia con ellos ha sido un camino de aprendizaje mutuo. Hoy en día, estos compañeros no solo dominan las redes sociales o los sofás de nuestras casas, sino que son un miembro fundamental de muchas familias.
Por eso, celebrar este día va más allá de disfrutar de sus juegos en internet. Porque cuidar de ellos es la mejor manera de agradecerle a este pequeño animal que, con su ronroneo diario, nos siga enseñando, desde hace milenios, el valor de la independencia, la curiosidad y el misterio.