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El embrujo de la línea
Pedro Luis Prados S. - Publicado:
Más allá del deleite o gratificación que siempre nos ha proporcionado la obra de Guillermo Trujillo, no ha dejado de sorprendernos la posibilidad de ofrecernos nuevas experiencias anímicas en cada una de sus incursiones en el mundo de la creación.La identificación y la empatía como formas de apropiación del trabajo artístico toman pulsaciones distintas frente a la experiencia visual que proponen sus pinturas.Como inmensos ventanales renacentistas en donde la mirada se pierde en el trasfondo de un paisaje o una danza primaveral llena de vitalidad y ternura, sus paneles ofrecen esa ubicuidad de la conciencia que flota ente el sueño y la realidad.Como chamán de antiguos rituales indígenas nos sustrae –sin necesidad de brebajes o fumarolas exóticas- del entorno de la materialidad cotidiana para llevarnos a un mundo recién inventado en el cual un orden zoomorfo de nuevas hibridaciones surge libre de formalidades.Si ese escenario cromático integrado por sutiles pinceladas, lleno de intenso brillo y luminosidad, ha sido capaz de atraparnos en un juego de imprecisiones visuales, más envolvente es el cuidadoso trazado lineal con el cual da forma a un universo dispuesto por esotéricos personajes.El uso de la línea –trazo sutil, preciso y casi imperceptible- es capaz de constituir un complejo volumétrico solo por la persistencia y densidad del recorrido sobre la superficie, dejando entre sus antojadizas oquedades el destello luminiscente del trasfondo que proyecta la imagen.Magia y embrujo que loa maestros del quattrocento desarrollaron como trama para el logro de profundidad y que luego adquirió la densidad propia para la definición del claroscuro y que en Guillermo Trujillo no sólo es un recurso, sino también una forma singular de hacer arte.Los recorridos lineales que dan sustancia a los emplazamientos con los cuales Trujillo articula su mundo de fantasías, conforman una compleja red que se teje una y otra vez sobre la superficie opaca hasta encontrar, con imbricados nudos multiformes la simulación figurativa de la cual emanan personajes y contextos.Paciente trabajo de organización visual y de destreza técnica, pero en especial de conocimiento de las urdimbres íntimas de la creación artística.La línea sepia devenida en prolongado trazo que simula la dispersión de la sanguina, o el difuso tejido negruzco semejando el carbón logrados con la disolvencia del acrílico son el elemento principal en el proceso constitutivo que es la obra del artista.A fin de cuentas la línea es el recurso, personaje y objeto de principal de exaltación que adquiere personalidad propia sobre los lienzos de Guillermo Trujillo.Las figuraciones, en alguna medida, no son más que motivos para la danza visual que esas ondulaciones de infinitos trazos son capaces de lograr en nuestras dudosas percepciones.Imagen y apariencia, embrujo visual e imaginario colectivo, las cosas no son lo que son.A lo sumo son resultado de una serie de infinitas configuraciones que el punto, la línea y el espacio –convertidos en constituyentes de aquello que llamamos realidad- nos presentan como objeto de nuestras percepciones y que, a fin de cuentas, no son otra cosa que aquello que queremos ver mediante la organización de nuestras volátiles representaciones mentales.En una irónica vuelta al platonismo el maestro reivindica esas esencias puras que son la línea y el espacio para reconstruir esa representación de la representación –por lo tanto doblemente falsa- que es la obra de arte.Figuraciones zoomorfas que se disuelven en recorridos lineales que se entrecruzan; líneas antojadizas que urden complejas figuraciones fantásticas, todo es posible y nada es real en ese mundo mágico que nos trae Guillermo Trujillo y al cual tenemos que someternos cada vez que nos asomamos a esos ventanales en los que se cuela un mundo de hechizos y seres fantásticos.Amigo de la ironía y de los significados múltiples, el maestro consiente en liberar a sus personajes y les permite vagar de un lienzo a otro, de la multívoca posibilidad de un espacio a otro, permutando sus personalidades o jugando a nuevas simulaciones.Todo es posible por esa flexibilidad ilimitada que ofrece la línea y el poder creativo que ejerce nuestra imaginación.Embrujados por la línea no tenemos más remedio que pedirle al Sumo Sacerdote, que sonriente desde su mundo de intangibles nociones abstractas, nos permita volver a la materialidad de este mundo cotidiano y lleno de necesidades.