Un ex espía busca la reelección en Rusia
Publicado 2004/03/13 00:00:00
- Inglaterra /
Yudoca de nervios forjados en el KGB, capaz de defender un día a la URSS y al otro la gloria de los zares, Vladimir Putin tiene todas las bazas para ser reelegido presidente de una Rusia que lo aclama por restaurar su orgullo herido.
"Los espías nunca se retiran", es la frase que estos días repite la prensa para resaltar que, pese a cuatro años de reformas y apertura a Occidente, Putin sigue siendo un enigma en vísperas de los comicios de mañana.
El inesperado cambio de Gobierno realizado recientemente por Putin para despejar el camino hacia su segundo mandato demostró que tiene aún muchos ases en la manga con los que sorprender a propios y extraños.
Esta remodelación le ha servido para deshacerse de quien fuera durante cuatro años primer ministro, Mijaíl Kasiánov, posible rival en el futuro y último eslabón que lo ligaba a su mentor político y antecesor en el Kremlin, Borís Yeltsin.
Y es que Vladimir Putin, nacido el 7 de octubre de 1952, tocó la gloria del poder aupado por Yeltsin, tras una puesta de largo política en San Petersburgo, su ciudad natal, y un temple como espía en Alemania Oriental.
Tras ser nombrado vicealcalde de San Petersburgo en 1991, trabajó a las órdenes del primer edil, Sobchak, hasta 1996, cuando se trasladó a Moscú, el centro del poder.
Pasó un tiempo como jefe de Intendencia del Kremlin, y en 1997 ya era subdirector del Gabinete presidencial. En julio de 1998, fue nombrado director del Servicio Federal de Seguridad, heredero del KGB en Rusia.
Y tras ocupar unos meses el cargo de secretario del Consejo de Seguridad del Kremlin, en agosto de 1999 Yeltsin lo nombró jefe del Gobierno para poner orden en Chechenia.
Fue Chechenia la que empujó a Putin, primero a la jefatura de Estado en funciones (tras la dimisión de Yeltsin el 31 de diciembre de 1999), y después a la Presidencia, tras su elección en los comicios del 26 de marzo de 2000, en los que la guerra estuvo omnipresente.
Por otra parte, tres candidatos rivales de Putin, en las elecciones de mañana, decidieron aunar sus esfuerzos para supervisar la limpieza de la cita con las urnas.
Pese a las diferencias ideológicas, la liberal Irina Jakamada, el comunista Nikolái Jaritónov y el nacionalista de izquierda Serguéi Glaziev optaron por sumar los esfuerzos de sus centros electorales para controlar conjuntamente la marcha de los comicios.
Pero el mayor rival de Putin no son los otros cinco candidatos, sino la apatía popular ante unos comicios cuyo resultado se da por sentado, pues no serán válidos si participa menos de la mitad del censo.
"Los espías nunca se retiran", es la frase que estos días repite la prensa para resaltar que, pese a cuatro años de reformas y apertura a Occidente, Putin sigue siendo un enigma en vísperas de los comicios de mañana.
El inesperado cambio de Gobierno realizado recientemente por Putin para despejar el camino hacia su segundo mandato demostró que tiene aún muchos ases en la manga con los que sorprender a propios y extraños.
Esta remodelación le ha servido para deshacerse de quien fuera durante cuatro años primer ministro, Mijaíl Kasiánov, posible rival en el futuro y último eslabón que lo ligaba a su mentor político y antecesor en el Kremlin, Borís Yeltsin.
Y es que Vladimir Putin, nacido el 7 de octubre de 1952, tocó la gloria del poder aupado por Yeltsin, tras una puesta de largo política en San Petersburgo, su ciudad natal, y un temple como espía en Alemania Oriental.
Tras ser nombrado vicealcalde de San Petersburgo en 1991, trabajó a las órdenes del primer edil, Sobchak, hasta 1996, cuando se trasladó a Moscú, el centro del poder.
Pasó un tiempo como jefe de Intendencia del Kremlin, y en 1997 ya era subdirector del Gabinete presidencial. En julio de 1998, fue nombrado director del Servicio Federal de Seguridad, heredero del KGB en Rusia.
Y tras ocupar unos meses el cargo de secretario del Consejo de Seguridad del Kremlin, en agosto de 1999 Yeltsin lo nombró jefe del Gobierno para poner orden en Chechenia.
Fue Chechenia la que empujó a Putin, primero a la jefatura de Estado en funciones (tras la dimisión de Yeltsin el 31 de diciembre de 1999), y después a la Presidencia, tras su elección en los comicios del 26 de marzo de 2000, en los que la guerra estuvo omnipresente.
Por otra parte, tres candidatos rivales de Putin, en las elecciones de mañana, decidieron aunar sus esfuerzos para supervisar la limpieza de la cita con las urnas.
Pese a las diferencias ideológicas, la liberal Irina Jakamada, el comunista Nikolái Jaritónov y el nacionalista de izquierda Serguéi Glaziev optaron por sumar los esfuerzos de sus centros electorales para controlar conjuntamente la marcha de los comicios.
Pero el mayor rival de Putin no son los otros cinco candidatos, sino la apatía popular ante unos comicios cuyo resultado se da por sentado, pues no serán válidos si participa menos de la mitad del censo.

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.