Prácticas contra el hambre
Calmar el hambre de 508,700 panameños que viven en pobreza extrema es la meta que se propone un grupo de voluntarios de la parroquia San Lucas de Costa del Este.
Calmar el hambre de 508,700 panameños que viven en pobreza extrema es la meta que se propone un grupo de voluntarios de la parroquia San Lucas de Costa del Este.
A través del Banco de Alimentos que se instaló la semana pasada en Panamá se estudian estrategias y procedimientos sanitarios para utilizar los alimentos que las cadenas de hoteles y restaurantes no utilizan.
A juicio de los promotores del proyecto, es inadmisible que se permita botar la comida en buen estado mientras que un grupo de panameños se acuesta sin probar bocado. Para alcanzar la meta se planifican estrictas medidas sanitarias para evitar el desperdicio de alimentos. Datos proporcionados por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en el mundo se pierden 41 mil kilos de alimentos por segundo que a su vez se convierten en una amenaza para la capa de ozono.
El desperdicio de alimentos produce el 10% de los gases de efecto invernadero. En una primera etapa el Banco de Alimentos solo recibirá donaciones de alimentos no perecederos, postemporada y no comerciables. Vera Boerger, oficial de la FAO en Panamá, declaró que en el país no hay deficiencia de alimentos, sino inequidad en la distribución.
“Muchos de nuestros campesinos cuentan con los alimentos, pero por la condición en que se encuentran necesitan venderlos para subsistir y manutención de sus familias”, dijo.