'San Juan de Dios', una fiesta para que los pobres celebren
La imagen de san Juan de Dios reposa en la iglesia Santiago Apóstol, monumento histórico y de la colonia donde también se yergue la figura de Santiago Apóstol, verdadero patrono de los natariegos.
Niños desnutridos, mujeres sin dentadura, embarazadas, jóvenes con parálisis cerebral y recién nacidos con fiebre deambulan por las calles de Natá de los Caballeros en busca de una bolsa de comida, de atención médica, algo de dinero, de esperanza...
Es la fiesta de san Juan de Dios (de los pobres), el santo copatrono de este pueblo de Coclé que hace que 5,000 personas se congreguen durante dos días en el poblado que tiene el privilegio de ser el más antiguo (en pie) fundado en el litoral pacífico de este continente.
Tradición, fe, pobreza y curiosidad forman una enorme columna humana que rodea parque, iglesia, tiendas y cualquier rincón del centro de Natá que se vuelve un hervidero cada 8 de marzo para conmemorar el natalicio y la muerte de san Juan de Dios, un santo de origen portugués venerado, según la herencia española, por pobres y enfermos en Panamá hace casi medio siglo.
La imagen de san Juan de Dios reposa en la iglesia Santiago Apóstol, monumento histórico y de la colonia donde también se yergue la figura de Santiago Apóstol, verdadero patrono de los natariegos.
Allí, a los pies de ambas imágenes hay feligreses con ropa rasgada y rostros curtidos. Gente que ha caminado kilómetros en busca de la bendición de los dos y con la confianza de llevar un plato de comida a sus casas. Tal es el caso de Faustina González, campesina de Olá que divaga cuando le preguntan sobre su edad. Nunca aprendió a leer, pero sostiene un plato de comida cual trofeo.
A esta fiesta popular, organizada por el grupo San Juan de Dios, llegan devotos de muchas regiones del país, asegura Edgar Medina, coordinador general de la actividad.
Vienen de todos los campos más recónditos de Coclé, Veraguas y hasta Darién. Son personas que viven en pobreza y extrema pobreza.
Cada creyente y no creyente llega por sus propios medios, sea por trochas, a caballo, en un transporte a medio precio o gratis, agrega Medina.
Las bolsas de víveres, colchones, sillas de rueda y agua, proporcionadas por el Despacho de la Primera Dama, son repartidas a lugareños que desde las 5 de la mañana hacen una fila que empieza a circular después de las 10:00 a.m.
Debido a la demora ocurren varios desmayos e incluso hay gente que opta por regresar a sus casas sin nada bajo los brazos. Es el caso de Anacleta González, residente de La Pintada que a sus 38 años carga un crío de 11 meses. Tras ella, otros 7 menores esperan bocado.
Pero no todo es pérdida y desesperanza como señala Eduardo Gutiérrez. Él vive cerca de Natá y durante las celebraciones monta un puesto de verdura en el que se logra una buena ganancia, expresa.
Otro caso anecdótico es el de Lucía de Castillo, residente de la 24 de Diciembre, en la capital del país. Ella y su esposo, durante un año, ahorran dinero y recolectan enlatados para repartir entre los devotos. Tenemos 10 años de cumplirle una manda a san Juan de Dios y seguiremos hasta el último de nuestros días, explica.
Para Samuel Arcia, párroco de la capilla Santiago Apóstol, la fecha sirve para recordar que entre seres humanos se debe compartir no solo bienes, sino amor.
Lo que importa es que la gente se vaya con el mensaje de la Palabra de Dios, más que con una bolsa de comida.
En medio del alboroto y la gran mendicidad, hay vecinos de Natá que abren sus casas o prestan sus portales para que muchos visitantes duerman desde el viernes en el pueblo que se convierte cada 8 de marzo en la capital de los pobres de todo el país.