¿De qué sirve tu riqueza si no tienes salud?
¿De qué sirve tu riqueza si no tienes salud?
Vivimos obsesionados con construir patrimonio. Hablamos de inversiones, empresas, propiedades, productividad y éxito profesional. Sin embargo, existe un activo que hace posible disfrutar de todos los demás y al que con frecuencia no damos la importancia que merece: nuestra salud.
Esta reflexión cobró especial significado durante la presentación del Dr. Julio Effio y la Dra. Paulina Lopera, Pro Healthy Agents and Science Experts, titulada "La nueva riqueza: Tu salud, conviértete en el CEO más importante de tu vida", en APEDE, el martes pasado.
Al escucharlos, inevitablemente relacioné sus planteamientos con una experiencia personal que cambió mi manera de entender el envejecimiento y la prevención. En 2020, mi hija Patricia Mercedes me obsequió el libro Alarga tu esperanza de vida, del Dr. David Sinclair, reconocido investigador de la biología del envejecimiento y profesor de Genética de Harvard Medical School. Sinclair fue además director fundador del Paul F. Glenn Center for Biology of Aging Research de Harvard Medical School.
Ese mismo año fui diagnosticado con osteoartritis en la rodilla derecha. El diagnóstico significó un profundo cambio en mi vida. Mi ortopeda en Miami, el Dr. Félix Stanziola, dio seguimiento a mi condición hasta que llegó al nivel de "hueso contra hueso". Las alternativas eran un reemplazo de rodilla o un tratamiento permanente. Opté por lo segundo.
La decisión exigía disciplina. Comencé con tres sesiones semanales de 30 minutos de bicicleta estática, recorriendo inicialmente unos 2 kilómetros. Gradualmente llegué a 9 kilómetros por sesión y aumenté la frecuencia hasta seis veces por semana. Mi entrenador en Panamá, Neil Licona, complementó el programa con seis sesiones semanales de pesas y máquinas, alternando la parte superior e inferior del cuerpo. Incorporé también 5 gramos diarios de creatina monohidratada.
Los resultados, en mi caso, fueron extraordinarios. Desaparecieron el dolor y la inflamación de la rodilla y aumenté significativamente mi masa muscular, dejando atrás lo que consideraba signos de pérdida muscular asociados al envejecimiento.No presento esta experiencia como una fórmula universal ni como sustituto de la evaluación médica. Cada persona y cada condición son diferentes. Pero sí puedo afirmar que, para mí, la actividad física y el cambio de hábitos fueron determinantes para recuperar calidad de vida.
Por eso, la expresión utilizada por Effio y Lopera —convertirnos en los CEO más importantes de nuestra vida— tuvo un significado especial. Un buen CEO conoce sus indicadores, identifica riesgos, establece objetivos y actúa antes de que los problemas se conviertan en crisis. ¿Por qué no hacer lo mismo con nuestra salud?
Conocemos nuestros ingresos, inversiones y patrimonio, pero muchas veces desconocemos nuestros propios indicadores de salud. Esperamos a sentirnos mal para actuar, cuando deberíamos incorporar la prevención como parte de nuestra estrategia de vida. La verdadera riqueza no está únicamente en lo que acumulamos, sino también en nuestra capacidad para disfrutarlo.
¿De qué sirve construir un patrimonio durante décadas si llegamos al momento de disfrutarlo sin la salud necesaria para hacerlo? Mi experiencia me enseñó que la salud no puede ser un asunto secundario. No se trata de sustituir al médico, automedicarnos o seguir ciegamente la última tendencia. Se trata de trabajar con los profesionales de la salud, informarnos y desarrollar hábitos sostenibles.
La medicina curativa es indispensable. Pero necesitamos también fortalecer una cultura de medicina preventiva, en la que no esperemos a que aparezca una crisis para comenzar a cuidar nuestro cuerpo. El libro que me obsequió mi hija, el acompañamiento del Dr. Stanziola, la orientación de Neil Licona y, sobre todo, mi propia disciplina terminaron formando parte de un proceso que transformó mi vida.
Una rodilla deteriorada terminó enseñándome una lección que ningún balance financiero podía mostrarme: el patrimonio también se construye cuidando nuestro cuerpo. Por eso, considero especialmente oportuno el mensaje de Effio y Lopera. El envejecimiento no debe significar resignarnos al deterioro. Debemos procurar llegar a cada etapa de la vida con la mayor autonomía, fortaleza y calidad de vida posibles. Al final, todos dirigimos una empresa única e irrepetible: nuestra propia vida.
Podemos ser excelentes CEO de nuestros negocios, pero si queremos disfrutar durante muchos años de aquello que hemos construido, debemos asumir también la dirección de nuestro activo más importante. Nuestra salud.