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Defendamos el mercado
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Si me preguntan por qué defenderlo, respondería porque sin él no hay economía posible, siempre que en su significación económica comporte aquel escenario en el cual la oferta y la demanda convergen e interactúan como fuerzas del mercado "guiadas por una mano invisible", para facilitar el intercambio de bienes y servicios.El mercado es la respuesta económica más apropiada donde halla satisfacción las necesidades en una economía, máxima preocupación de cualquier sistema económico sin importar la base ideológica de los países.Preguntarnos sobre sus orígenes, implica rememorar los primeros estadios de la civilización cuando el hombre luego de descubrir el fuego, baja de los árboles, mejora su dieta, abandona su estado social nómada y hace de las cavernas su primera morada donde, guardadas las proporciones, protege a su mujer y a su prole de la hostilidad del medio, y quienes descubrieron la agricultura, mientras aguardaban por su regreso de cacería y pesca; lo que desencadenó el acaparamiento de la tierra, los recursos naturales, el control de los medios de producción, la acumulación de riquezas y más tarde, traducirse en un tráfico mercantil.Ahora, en tiempos modernos, frente a la debacle de la economía norteamericana, muchos se preguntan si estamos ante el fin del libre mercado, y aquellos que por él propugnaron para superar el modelo económico keynesiano, están por reconocer que no es suficiente la "mano invisible" de Adam Smith; pues ha quedado en evidencia, para mala suerte de los fundamentalistas del mercado o seguidores de Milton Friedman, que el mercado es incapaz de corregirse a sí mismo y por ello, en un primer intento fallido, los rectores de la política económica pretendieron de los demócratas y republicanos la aprobación de un "cóctel" de medidas económicas, a fin de rescatar, defender y en especial, por restablecer la confianza en el sistema económico.Hoy, cuando especialistas auscultan sus posibles causas, recuerdan a Alan Greenspan bajando las tasas de interés de la Reserva Federal para estimular el crecimiento económico y a su actual presidente, Ben Bernanke, por evitar una recesión.También la avaricia y osadía de banqueros y financistas quienes, so pretexto de inversiones atractivas y seguras, hicieron del riesgo su mejor producto financiero.No obstante, es imposible retrotraer el tiempo y a mi juicio, sólo queda "trasfundirle sangre" al sistema para salvar el mercado.Ahora la pregunta es cómo hacerlo y de suerte, como no soy economista ni analista financiero, me abstendré de responder para permitirles a ellos que lo hagan, conforme a variables atendibles, bien en el peor de los escenarios o aquél que suelen calificar de perfecto o ideal.Mientras tanto, frente a semejante escenario económico, me resultan elocuentes las palabras del Prof.Benjamín Barber, de la Universidad de Harvard, cuando a pregunta de la BBC, indicó que "vivimos en una nueva era de socialismo donde se socializa el riesgo y se privatizan las ganancias".Sin embargo, hago un llamando a la defensa del mercado, ofreciendo a consumidores y a los agentes económicos información clara, veraz, librándolo de las "garras" de quienes distorsionan las reglas del juego económico; porque el mercado es la mejor respuesta económica para las necesidades de un pueblo hoy.