Las canas merecen respeto
Las canas merecen respeto
Como sabemos, el paso del tiempo es inclemente y avanza de manera ininterrumpida y, en ocasiones, vertiginosa. En un parpadeo podemos evocar experiencias que han moldeado nuestro carácter y visión del mundo. En ese mismo tenor, las personas más veteranas han vivido circunstancias distintas y distantes de las que nos ha correspondido afrontar, tanto en lo social como en lo político y laboral.
Hoy, gracias a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), el conocimiento está, en muchos casos, a un clic de distancia. Sin embargo, quienes hoy superan los 60 años crecieron en una realidad donde era necesario comprar el periódico o acudir a una librería para informarse y estudiar. También enfrentaron mayores limitaciones para acceder a vehículos, créditos y oportunidades educativas, en un contexto donde los planes de estudio eran, en muchos casos, más exigentes.
En algunos ambientes educativos, el docente que reprobaba a la mayoría era considerado el mejor; hoy puede ocurrir lo contrario, al ser los estudiantes vistos como clientes bajo una óptica mercantilista que ha llevado a algunas universidades a funcionar como verdaderas fábricas de diplomas. De manera similar, las normas y costumbres familiares han experimentado cambios significativos que, aunque responden a transformaciones sociales legítimas, en determinados casos pueden generar inestabilidad y disfuncionalidad en el núcleo familiar.
Antes, sin medios de comunicación tan inmediatos como el celular, se valoraban más la puntualidad y el tiempo compartido. Hoy, en cambio, muchos estamos presos del tiempo, pues el móvil puede convertirnos en personas permanentemente disponibles para asuntos laborales, académicos u otros, restándonos espacios de calidad con la familia. Los adultos mayores valoran especialmente recibir atención y unas palabras de ánimo.
Asimismo, muchos de los beneficios que disfrutamos son resultado de las luchas y conquistas alcanzadas por quienes estuvieron antes que nosotros. Por ello, desmeritar o menospreciar las canas no es ética ni moralmente aceptable. Aunque con la edad algunas capacidades puedan disminuir, no debemos olvidar que todos, si la vida nos lo permite, transitaremos ese mismo camino.
Más que un ejercicio filosófico, me sitúo por un momento en el lugar de los veteranos y me pregunto si todo lo que hacemos tendrá un valor real en el futuro. Con cada salto tecnológico, aquello que antes parecía complejo puede resolverse hoy con unos cuantos clics. Sin embargo, conocer lo que nos costó hacer algo es precisamente lo que nos permite valorarlo, porque aquello que no cuesta no siempre se pondera de la misma manera.
En síntesis, emulando los preceptos bíblicos y el código de ética del maestro Gichin Funakoshi, respetar a los demás, especialmente a los mayores —honrar a padre y madre—, nos permite valorar en su justa dimensión lo que significó crecer, luchar y progresar como sociedad. Las canas no son solamente una señal del paso del tiempo; representan historias, experiencias, sacrificios y aprendizajes que merecen ser escuchados y respetados. ¡Bendiciones para todos!