Usuarios del oeste sufren un martirio
La operación del metro redujo el sufrimiento de algunos, mientras el resto reclama la construcción de un transporte similar hacia esa área.
Más de 180,000 personas sufren a diario la pesadilla de tener que transportarse desde Arraiján y La Chorrera hacia la ciudad capital, y viceversa, para trabajar o estudiar.
Saltan de sus camas desde la madrugada para esperar por horas en las abarrotadas paradas, con el fin de ingresar, aunque sea por las ventanas, a los escasos y vetustos buses del área.
La grave crisis de transporte que sufren no solo afecta su salud, también les coarta la posibilidad de ascender en sus trabajos por las constantes llegadas tardes, las cuales se contabilizan hasta en siete durante los 26 días que trabajan, en promedio, durante un mes.
Arraiján y La Chorrera han crecido aceleradamente en los últimos 15 años, al punto que su población supera ya los 380,000 habitantes. Su crecimiento urbanístico y comercial hace que más de 10,000 personas, en promedio, decidan establecerse en esa área cada año.
Escasos y viejos
Al aumento desproporcionado de los habitantes en estos distritos se suman la escasez de los buses y la cantidad de años que tienen de servicio. Una buena parte de los 600 que hay en ambos distritos está destartalada o fuera de servicio, por la prohibición que existe de importar los denominados “diablos rojos” y sus piezas, sin exoneración.
Juan González, presidente de la Asociación de Propietarios del Transporte Colectivo de Arraiján, S.A., señaló que en este distrito hay unas 80 unidades que no prestan el servicio por deficiencias mecánicas.
González aseguró que trabajan duro para mantener rodando la cantidad mínima que se requiere para prestar el servicio.
Según González, le ha solicitado insistentemente a las autoridades del Tránsito que les permitan renovar su flota con “buses amarillos”, que son usados y proceden de Estados Unidos.
Sin embargo, el Decreto Ejecutivo 208 de 19 de abril de 2011 suspendió temporalmente la importación de vehículos tipo escolar conocidos como “diablos rojos” para la prestación del servicio de transporte público colectivo en el país.
El dirigente transportista informó que ante la negativa de las autoridades, en la actualidad negocian la compra de buses nuevos para tratar de suplir la cada vez más creciente demanda de transporte.
Transporte costoso
La falta de autobuses hace que muchas familias humildes paguen hasta $4.65 cada día para llegar a sus respectivos destinos.
Este es el caso de Candelaria Pinto, residente en Altos de Howard y madre de tres niños que estudian en la capital. Ella no encontró cupo en los colegios de Arraiján al inicio del año escolar y por ello sus hijos tienen que completar a diario un ciclo de varios buses.
Primero toman uno de ruta interna que los lleva hasta una parada en donde abordan otro hacia la ciudad capital. A pesar de madrugar, en muchas ocasiones ella y sus hijos llegan tarde a sus destinos.
Agobiado por el problema del transporte, Aquilino Fonseca, residente en La Polvareda de Arraiján, tuvo que abandonar su casa propia y arrendar un cuarto cerca del trabajo. Por mes acumulaba cerca de siete tardanzas, con lo cual ponía en peligro su estabilidad laboral y su cercana jubilación.
Tarifas antojadizas
El transportista Omar Castro aseguró que hay personas que se aprovechan y cobran “tarifas antojadizas” para llevar a los pasajeros en las horas pico. Precisó que como Arraiján es un paso obligado hacia la capital, muchos pasajeros desesperados se trasladan desde puntos distantes hasta la Panamericana para tomar buses piratas, comerciales o autos particulares.
José Fuentes, también transportista de Arraiján, indicó que ellos están obligados a cumplir con un recorrido en sus rutas, y en un tiempo preciso. Caer en desacato de esas disposiciones internas les hace acreedores a sanciones.
A lo anterior se suma el hecho de que la ganancia de ellos es lo que les queda después del pago de la cuota diaria convenida con el dueño del bus. Fuentes explicó que a veces la utilidad puede llegar a los $60.00, pero en días malos solo les quedan $40.00 para afrontar sus gastos y los de sus familias.
Del otro lado están los usuarios, la mayoría trabajadores con salarios irrisorios y estudiantes. Ambos grupos se han visto obligados a madrugar más, con los riesgos que ello representa por la inseguridad existente en el área, o bien tienen que pagar taxis de su exiguo presupuesto.