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El campo virgen de la sexualidad
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Me incluyo entre los panameños a quienes la crisis hace olvidar dónde dejan las llaves, enreda nombres y pone a dar traspiés; quien, además, consideró justo y necesario tomar revancha estos carnavales.Carnaval significa fiesta de la carne, algo así como que la sexualidad invita de juerga a Domitila y Dios Momo.La sexualidad queda al desnudo con todo su bullicioso lenguaje, en la brincadera con la murga, en los ombligos-afuera de la mojadera, en el contoneo de cuerpos húmedos, como también en la grácil coquetería de la empollerada y del sombrero pinta"o.Pero, además de deliciosa y bullanguera, la carne resulta peligrosa.No en vano el carnaval arrecia la polémica entre moralistas y liberales, que no es más que una versión atenuada de aquella batalla antológica entre inquisidores y libertinos.Pero la sexualidad sin espiritualidad es gozo carnal descarnado, de allí que sea tan sabrosa.Y cuanto más hábiles somos para hablar del bistec erótico, mayores dificultades enfrentamos en tragarlo.Pese a décadas de insistencia sostenida en desmitificar la sexualidad, más un siglo de liberalismo y tolerancia, mucho de lo relacionado con ésta es todavía campo virgen.Una de las dulces maniobras para mantener la virginidad en el campo, es lo que ahora señalan como "manías de papás", de apodar tiernamente los genitales.Mamá Amalia me increpaba ¡déjate el pajarito! Yo mismo a mis hijas, ¡laven bien a conchita! Tal costumbre traspasa a los reprimidos, como ahora estigmatizan a los que se nos atora el sustantivo en el gaznate cuando toca nombrar aquellos.Hoy los psicólogos nos increpan por buscar apodos que evaden mentar tan conspicuos órganos.Incluso aconsejan a las escuelas ser mixtas y no separar retretes de unos y otras, mientras advierten que la represión sexual, neurotiza.Nos conminan a desmitificar el sexo e incluir en nuestro léxico corriente los vocablos pene y vagina.Serán así de naturales, como son de descarnados y especialistas en espantar la ternura y poesía que siempre rodearon a los apodos sustitutos.Pese a décadas de insistencia sostenida en desmitificar la sexualidad, más un siglo de liberalismo y tolerancia, mucho de lo relacionado con ésta es todavía campo virgen.Deberemos desterrar de la lengua, so pena de trauma, a los animales que tan mansamente prestan sus nombres para corporizar aquéllos, léase paloma, coneja, micha, sapo, sobre todo en carnavales, donde, por su gracia pícara, nos resultan altamente útiles.Incluso, exilar analogías patrióticas, como el Canal de Panamá, la máquina de María Ossa y el asta de la bandera.Ojalá dejaran quedarse al menos, a viandas típicas como tamal, pastelito, bollo, chorizo, o a los nutritivos guineo y papaya, mas lo dudo.De permitirles quedar en la lengua, quizás agazapados bajo una papila, los mismos psicólogos ganarían un rico material interpretativo.Fulano - dirían con rostro enjuto - alias "pitón", exhibe personalidad expansiva por lo que pronosticamos éxitos como vendedor.Seguro deducirían diferencias en capacidad de carga entre una "bicicleta" y otra que se refiere a "mi busito".Hasta los sobrenombres terminarían exilados del vocabulario, en pro de la salud mental social.Habría que privarse del placer mórbido de llamar Rent a Car a una quien practique aquella profesión antigua de alquilar su camioneta, o Batman a los camaradas que encubran un murciélago prieto.Imagínese uno en esta nueva sociedad sin represión, vociferando ¡mojaron mi pene con agua fría!, o bien, ¡cayó confeti a mi vagina! De un psicólogo consejero admitimos ciertas licencias.Pero de tomarnos hoy, usted y yo semejantes libertades, seguro nos cae la flamante Junta de Censura, misma que prohibe por menos aquello de "la exseñorita, no ha decidido qué hacer" (Decisiones).Y cuidado que damos con nuestros "aquello" y "aquella", en el Psiquiátrico por exhibicionistas, si no en la cárcel por infringir el decreto 69.(japorcell@yahoo.com.mx)