opinion
Inglés y fuegos artificiales
Rodrigo Riera - Publicado:
Es un viejo proverbio, pero hoy, más que nunca, funciona como un reloj suizo: "No perdamos de vista el bosque por fijarnos en un árbol".El proyecto de ley que recientemente presentó un legislador del ala oficialista para que el inglés sea aceptado como segundo idioma comercial en Panamá, es otra de esas ideas que yo las considero como fuego artificial.Un fuego artificial se lanza desde la tierra, alcanza una altura apreciable en el aire, destella y despliega figuras geométricas pinceladas con toda la gama de colores y, en un abrir y cerrar de ojos, desaparece del firmamento.Y es que (palabras más, palabras menos) el fuego artificial entretiene, embelesa y, a fin de cuentas, emboba a las personas a manera de adictivo chispeante.Independientemente de los intereses particulares (los hay, siempre los hay) que motivaron la acción legislativa, el proyecto en mención originó un verdadero debate nacional entre los partidarios del lenguaje de Cervantes (inflexibles guardianes de la pureza) y aquellos que se inclinan por el idioma de Shakespeare (defensores a ultranza de que es bueno todo lo que huele a inglés).En verdad, la opinión pública se hastió de observar y escuchar mil y un debates sobre una arista que no tiene ningún sentido aplicarla.El punto focal que no se ha discutido aún con profundidad es aquel relativo al aprovechamiento del inglés (el idioma comercial reconocido en todo el orbe) para generar empleos y contribuir con el crecimiento económico del país.Si tomamos cualquier periódico y observamos las páginas dedicadas al ofrecimiento de plazas de trabajo, no es difícil encontrar el común denominador de esas ofertas, fundamentado en tres específicos requerimientos: poseer un título universitario, conocer programas elementales de computación y contar con conocimientos de inglés.[Debo advertir, con toda la honestidad que nos caracteriza, que se raya en lo pedante y lo ridículo cuando algunas empresas cometen el exabrupto de anunciar que emplearán a alguien que "domine perfectamente el inglés".Si, según afirman los mismos filólogos, nadie, absolutamente nadie alcanza el dominio perfecto de una lengua, entonces ¿a razón de qué se publican esos avisos con semejante petición?].Para nadie es un secreto que el desempleo golpea con mayor fuerza a los sectores económicos menos favorecidos, especialmente al grupo que se halla entre los 18 años y 25 años de edad.Sin entrar en particularidades o excepciones, es un hecho público y notorio que los colegios oficiales de nuestra nación istmeña, además de proveer una educación que no marca grados de satisfacción, carecen de instructores y equipos (sin mencionar la palabra mantenimiento, que prácticamente ha sido borrada del diccionario estatal del país) para aprender a utilizar las herramientas computacionales.Y si por el sector de la informática llueve, por el lado del aprendizaje del inglés caen los torrenciales.Es frustrante que el Estado invierta millones y millones de dólares en ofrecer cursos de inglés desde primaria hasta la graduación en la secundaria, y luego estos egresados sólo sepan pronunciar "yes", "please" y " thank you" cuando acuden a una entrevista de trabajo.En términos financieros, se nota a leguas una alcantarilla por la cual se dilapidan valiosos recursos que jamás se recuperarán.Meses atrás, un amigo me confesó que su sobrina había sido nombrada como profesora de inglés en un primer ciclo de la región de Azuero.Lo extraño es que esta chica estaba por sustentar su tesis en administración pública; y de inglés sabía lo que yo sé de mandarín.No hay que ser un erudito para percatarse que un profesional con conocimiento de inglés no aceptará un salario inferior a los 400 dólares mensuales para entrar a un aula con 35 ó 40 chiquillos que están dispuestos, por el propio desenvolvimiento hormonal, a protagonizar batallas de toda naturaleza.Mejores ofertas se reciben por parte del sector privado y no hay que atender una responsabilidad tan sensitiva como un salón de clases, que conlleva, en el sector público, "bonificaciones" como insultos y golpes que propinan los mismos padres y madres de familia.Es por ello, entre otras razones, que el Ministerio de Educación se desespera (más aún cuando se acerca el inicio del calendario escolar) y no tiene otra opción que designar como docentes de inglés al primer candidato que tiene a la vista, aunque éste no sepa distinguir un "do" de un "don"t".¿Puede enseñar inglés alguien que no sabe inglés? La respuesta sobra.Ha llegado la hora de estremecer ese árbol paradigmático que se conoce como educación oficial.En otra ocasión comentaré más sobre este tópico.(rypriera@cwp.net.pa)