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La “Ley Zanahoria” y la justicia en Panamá
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Las características delictuales de los panameños reflejan que los crímenes e infracciones donde interviene la violencia se asocian con el consumo de bebidas alcohólicas.Los delitos se disparan los fines de semana ya que sus actores bajo los efectos del licor distorsionan o limitan sus capacidades físicas y psíquicas.Durante el 2010 la industria licorera nacional fabricó 496 millones de pintas de cervezas y 17 millones de botellas de otros tipos de bebidas (ron, seco, whisky, etc.); para cada persona mayor de 18 años se “produjo” 217 pintas y 7 botellas de licor como producción per cápita anual.Igualmente las empresas dedicadas a las actividades de restaurantes, bares y cantinas aportaron 1.4 millones de balboas diarios a la economía del país.El concepto de justicia de este tipo de reglamentaciones implica juicios de valor subjetivos sobre cuales son nuestros derechos y deberes..Decía el jurista romano Ulpiano "La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar o conceder a cada uno su derecho”.El Estado, los empresarios y consumidores son participes del problema que plantean factores importantes a considerar.La acción tutelar del Estado, la libertad de ejercer actividades comerciales y la autodeterminación de los consumidores entran en conflicto con estas reglamentaciones.Recomendamos que se elabore una Ley que de respuesta integral y definitiva mediante el establecimiento de las bases y modalidades que regularan la operación, funcionamiento ubicación y horario de los establecimientos destinados al almacenamiento, distribución, venta y consumo.El ámbito de la ley comprenderá todas las empresas que vendan bebidas alcohólicas, incluyendo supermercados, clubes nocturnos, discotecas, restaurantes, bares en hoteles, casinos, casas distribuidoras, etc.Los horarios de inicio y suspensión de la venta de licores dependerá del día y tipo de negocio.Dejando a las alcaldías la determinación de los días festivos y feriados con horario especial.Una ley de aplicación nacional eliminaría la discrecionalidad de los alcaldes y las existencia de múltiples decretos zanahorias.La supervisión de su cumplimiento podría ser financiada mediante el cobro “imperceptible” de un centésimo de balboa por cada pinta de cerveza y botella de licor elaborada, que para el año 2010 hubiese representado 5 millones de balboas.La regulación mediante ley de la venta de bebidas alcohólicas y la consecuente reducción de la violencia con seguridad incorporaría nuevos clientes hoy autoexcluidos y por ende más ingresos al sector.Estudiante de Derecho.