Nunca te canses de hacer el bien
Nunca te canses de hacer el bien
¿Vale la pena hacer el bien siempre, aun por aquellos que no necesariamente lo merecen? Esta es una interrogante que en algún momento nos podemos plantear. Uno no tiene la posibilidad de elegir la familia a la cual pertenece y en muchos casos tampoco se puede escoger quiénes serán los compañeros de escuela o trabajo con los cuales se tendrá que interactuar y compartir. Esto deja de manifiesto que nuestra brújula moral no siempre será compartida por todos los que nos rodean.
En la naturaleza humana está la capacidad de amar y construir, pero también hay quienes prefieren odiar y destruir. Como una de nuestras principales aspiraciones en la vida es ser felices, para lograrlo se requiere contar con libertad; pero, una libertad sin responsabilidad es libertinaje. Es entonces cuando tenemos el poder de decidir libre y responsablemente cómo llevar nuestras vidas, al escoger el camino que nos conduzca a ser felices y, por añadidura, ser mejores seres humanos.
Al respecto, Felipe (QEPD), un gran amigo y colega que fue una influencia positiva en mi vida personal y profesional, siempre me decía: "Nunca te canses de hacer el bien". Como hombre de fe y de hogar, siempre profesaba este mensaje. Aun frente a la adversidad, nunca se cansaba de hacer el bien por todo aquel que lo necesitara. En casa mis padres Rubén y Edith, así como mis tíos Carmen, César, Ignacia y Clara, siempre me inculcaron el ser buen samaritano, sin esperar nada a cambio.
Inclusive, recordando las sagradas escrituras cuando se le preguntó a Jesús cuántas veces había que perdonar, el Maestro dijo 70 veces siete. Dicha respuesta no fue con el afán de establecer un número fijo. Recordemos que el siete es el número perfecto según la tradición judeo-cristiana. Pero, hasta este punto es meritorio hacer una aclaración importante. Como personas tenemos el poder de perdonar y ayudar a quienes lo necesitan, pero como seres finitos que somos, también tenemos la libertad de decidir hasta dónde apoyar a un ingrato, porque otros también pueden necesitarnos.
Digo esto, con total convencimiento de que en muchos casos nos topamos con quienes, aun cuando uno les ha podido brindar apoyo o ayuda, no siempre hay reciprocidad o inclusive, peor que la indiferencia está el querer perjudicar a quien tendió una mano amiga en un momento de dificultad. Recordemos que no todos compartimos la misma brújula moral, por lo cual no podemos pecar de ser cándidos e insistir en ayudar y apoyar a quien no lo sabe agradecer o simplemente no lo merece.
¿Esta máxima derriba lo indicado previamente? No necesariamente, porque durante nuestro tránsito por este espacio terrenal, nos veremos en diversas situaciones y habrá muchas oportunidades de hacer el bien por los demás. Sin embargo, tenemos también la libertad y la responsabilidad de decidir a conciencia a quién se le puede brindar la ayuda. Habrá inclusive quienes querrán, con manipulaciones y engaños, hacernos sentir responsables de "resolverles la vida", aun a costa de nuestro propio bienestar. Recordemos que, para poder ayudar a otros, debemos comenzar por nosotros mismos.
Nuevamente la brújula moral destaca aquí, porque nuestro bienestar no debe construirse a costa del bienestar del prójimo. Para poder construir una sociedad resiliente, debemos ser solidarios entre nosotros, profesando y robusteciendo valores éticos y morales como el respeto, la empatía, el altruismo, la consideración y la confianza, para poder avanzar. Lamentablemente, la propia naturaleza humana también tiene sus vicios y persiste como desafío generar los cambios necesarios para poder hacer realidad un mejor mañana. ¡Éxitos para todos!