DIORAMA-Las Artes Plásticas y Visuales en Panamá en 2000
Publicado 2001/01/21 00:00:00
- Luis Trujillo
Estos son de Panamá (1)
El pasado año registró como aciertos mayores las muestras individuales de dos creadores cuyo pensamiento visual se ha incrementado al margen de los parámetros laudatorios de capillas, usuales en nuestro medio cuando de valorar a un artista y en detrimento de demás artistas se refiere. Manuel Chong Neto ("Imagen") y Mario Calvit (Museo de Arte Contemporáneo de Panamá), los creadores en mención, no ahora sino desde siempre, han contrastado el quehacer, abiertamente, con el de no pocos de sus contemporáneos y para los cuales el Arte pareciera ser visto como una variable de uso que permitiría distinguirse y separarse de los demás más que una variable existencial, individual por cierto, de platicar y de expresarse con y ante los demás. Enmarcados en esta última, calladamente, ambos, han profundizado una obra que se ha hecho personal y que se ha hecho distintiva a partir de ella misma y al margen de la visión que de ella tengan galeristas y epígonos, quienes, consecuentemente, la eludan y valoren y distingan, en base a ellos mismos y no en base al artista.
De un lado "Romanza de mujer" ("Imagen") reunió un conjunto de óleos enigmáticos en su composición, de texturas trabajadas y un dibujo más depurado, reiterativos en esas sinuosidades arquetípicas y propias de Chong Neto. Estos íconos transpiran paradójicamente atmósferas y momentos de serenidad y complacencia, mismas que han pasado a ser, en sus últimas muestras, constantes frecuentes en su diálogo creativo. Del otro lado, la retrospectiva en torno a la obra de Calvit (Museo de Arte Contemporáneo de Panamá), si bien no fue contundente en concretar las razones por las cuales en su caso estaríamos ante un creador notable en el contexto de nuestro quehacer artístico- aserto que se afirma en la ausencia de perspicacia manifestada en la curaduría y el montaje de las obras- sí trajo a un plano más detenido de atención sus dibujos, en verdad arquetípicos, y en particular sus esculturas, cuyo conjunto resultaría ejemplar al valorar nuestra contemporaneidad y en este rubro.
Otros nombres nacionales cuya impronta es obligante en el rubro de muestras individuales serían los de Raúl Vásquez Sáez y David Solís ("Habitante"), Ignacio Mallol Pibernat y Cesáreo Young ("Anonimous"), Guillermo Trujillo ("Legacy Fine Art"), Jorge Ruiz Melgar ("Imagen") y Fernando Toledo y Braulio Matos ("ArteConsult").
ESTOS SON DE PANAMA (2)
El rubro de muestras colectivas inició el año con un nombre notable, "Soberanía" (Instituto Nacional de Cultura) y lo cerró con otro de valoración similar, "Propuesta de jóvenes artistas panameños" (Museo de Arte Contemporáneo). Entre ambos, reiterando la valía, hubo otros aciertos tales como "Huellas" ("Allegro"), "Foto Septiembre" (Museo de Arte Contemporáneo) y en particular, "Altares" (Convento de Santo Domingo).
La primera exposición, organizada como homenaje a nuestro 9 de enero, resultó ser un listado que si bien convocó a casi todos (as) a las finales se encontró con un porrazo de ausencia por parte de algunos (as) renuentes a exponer en la misma muestra en que expondrían "otros compañeros (as) de oficio". Esto que resultaría admonitorio lo reiteró el propio curador de la muestra a instancias nuestras. Pasaron por alto que "Soberanía" era un reconocimiento a nuestra nacionalidad armado con obra dispersa en instituciones públicas y custodiada por el INAC y no una confrontación de aciertos pictóricos por parte de quienes participaban en el mismo. Para señalar dos casos, entre los tantos que detectamos, traemos a la memoria los trabajos de Juan Bautista Jeannine e Isaac Benítez, artista pocas veces motivo de retrospectivas o de homenajes y en cuyos lienzos encontramos momentos en verdad memorables en cuanto a una calidad en torno a la cual poco es lo que se ha afirmado. La última exposición reunió a ocho artistas de la más reciente de nuestras promociones, mismos que dieron ejemplo de su "singularidad". Al igual que "Soberanía" la colectiva estuvo huérfana del estudio requerido Acá fue mucho más relevante la ausencia dado que se trataba del aporte, "propuesta", de creadores recientes que parecían surgir de la nada y no de creadores enmarcados en la contemporaneidad de nuestra pintura. Por ello se perdió la clarinada generacional que representaban José Inocente Duarte, Ana Elena Garúz, Braulio Matos, Jorge Ruíz Melgar, Elpidio Mendoza, Radamés Pinzón, Carlos Rodaniche, Ramón Zafrani y solamente recibimos "notas musicales" aisladas. Se hacía necesario definir y explicar estos testimonios y no lanzar estos testimonios al vacío, como quien dice y sin paracaídas. Esta "propuesta" por demás abriría la puerta a "propuestas" posteriores con miras a calibrar la representatividad de un archipiélago de artistas antes que de islas aisladas, artistas, que constituyen el mismo.
La colectiva de "Allegro" estuvo integrada a un mes, octubre, dedicado al Arte y en esta categoría de significación, "Huellas" reunió la obra de veinte artistas, mismas que viven y trabajan en Panamá, independientemente de su nacionalidad. Reunidas en un homenaje de recordación de Irene Escoffey, el grupo definió una de las colectivas más valiosas del año y a riesgo de ser injustos al no mencionarlas a todas ellas, las evocamos al mencionar a solamente una de las artistas expuestas: Olga Sánchez y esa maravilla que es "Siesta".
"Foto Septiembre" reunió fotografías de dos panameños Gustavo Araujo y Salomón Vergara y de un mexicano (Gabriel Figueroa), una italiana (Silvia Gunhut) y una española (Mireia Sentís). La colectiva, curada por Sandra Eleta, validaba en nuestro medio la fotografía como expresión contemporánea de Arte (inexplicablemente habrá quienes niegan esa posibilidad, ni modo) y de cierta manera refrendaba los señalamientos que entregara la Bienal de Arte "Cervecería Nacional" al señalar en el pasado 2000, a Araujo como primer premio de la misma. Las imágenes de Gustavo Araujo reiteraban esa sumatoria de "imágenes" aisladas que reduplicarían una sola imagen que nunca veremos dado que se trata de un todo que no es lo mismo que sus partes sino que ellas son otra cosa. Esta imagen que no necesariamente tendría que armar quien observa le da una cierta monotonía a sus trabajos de allí el contraste que alcanzan las visiones de Salomón Vergara, el otro panameño de la colectiva y definitivamente en un rubro de experimentación más aleccionador. Sus fotografías, calificadas por el artista como "imágenes no perfectas" manipulan de manera radical la realidad que las originaría como si éstas, trabajadas sobre materiales como acuarelas, maderas, cueros, telas, buscaran otra "realidad", textualidad, diferente a aquella que ofreciesen como punto de partida.
Al lado de los trabajos de nuestros compatriotas, indudablemente, la visión de sus compañeros semejaba ser más constreñida y limitada al empeñarse en entregarnos metáforas de la misma orilla conocida.
"Altares", instalaciones en el Arco Chato del Convento de Santo Domingo (Casco Viejo) fue posiblemente la experiencia artística más estimulante del 2000, precisamente por carecer de las pretensiones de otras varias de su género, empeñadas como quien dice, en hacer algo nunca hecho en Panamá. "Altares" rendía homenaje al sitio en donde se presentaba y estableció un coherente paralelismo con la época en que el convento, cuatro siglos antes, estuvo decorado con retablos barrocos. El proyecto, sugerido por Eduardo Navarro y a cargo de Marlene Zarak recoge esa visión de "historicidad" desde nuestra contemporaneidad. Esta es, pensamos, la valía de los trabajos expuestos y al margen de cualesquiera otro señalamiento que soslaye la premisa de comunión entre lo que sería nuestra historia, nuestro patrimonio, y el Arte. Integrada en las actividades de la Fundación Calicanto, "Altares", con los aportes de Manuel Montilla -un pionero en estos menesteres- Eduardo Navarro, Donna Comlon, Lezlie Milson, Guillermo Mezza, entre varios (as) más reunió instalaciones que pudieron desconcertar y escandalizar y quitarle el sueño a no pocas personas pero que eran también testimonios de esa reflexión inmediata en torno al pasado o al presente, emocional o histórico del observador y por parte de artistas que visualmente conceptualizaban la idea de forma espontánea y carente de efectismos..
El pasado año registró como aciertos mayores las muestras individuales de dos creadores cuyo pensamiento visual se ha incrementado al margen de los parámetros laudatorios de capillas, usuales en nuestro medio cuando de valorar a un artista y en detrimento de demás artistas se refiere. Manuel Chong Neto ("Imagen") y Mario Calvit (Museo de Arte Contemporáneo de Panamá), los creadores en mención, no ahora sino desde siempre, han contrastado el quehacer, abiertamente, con el de no pocos de sus contemporáneos y para los cuales el Arte pareciera ser visto como una variable de uso que permitiría distinguirse y separarse de los demás más que una variable existencial, individual por cierto, de platicar y de expresarse con y ante los demás. Enmarcados en esta última, calladamente, ambos, han profundizado una obra que se ha hecho personal y que se ha hecho distintiva a partir de ella misma y al margen de la visión que de ella tengan galeristas y epígonos, quienes, consecuentemente, la eludan y valoren y distingan, en base a ellos mismos y no en base al artista.
De un lado "Romanza de mujer" ("Imagen") reunió un conjunto de óleos enigmáticos en su composición, de texturas trabajadas y un dibujo más depurado, reiterativos en esas sinuosidades arquetípicas y propias de Chong Neto. Estos íconos transpiran paradójicamente atmósferas y momentos de serenidad y complacencia, mismas que han pasado a ser, en sus últimas muestras, constantes frecuentes en su diálogo creativo. Del otro lado, la retrospectiva en torno a la obra de Calvit (Museo de Arte Contemporáneo de Panamá), si bien no fue contundente en concretar las razones por las cuales en su caso estaríamos ante un creador notable en el contexto de nuestro quehacer artístico- aserto que se afirma en la ausencia de perspicacia manifestada en la curaduría y el montaje de las obras- sí trajo a un plano más detenido de atención sus dibujos, en verdad arquetípicos, y en particular sus esculturas, cuyo conjunto resultaría ejemplar al valorar nuestra contemporaneidad y en este rubro.
Otros nombres nacionales cuya impronta es obligante en el rubro de muestras individuales serían los de Raúl Vásquez Sáez y David Solís ("Habitante"), Ignacio Mallol Pibernat y Cesáreo Young ("Anonimous"), Guillermo Trujillo ("Legacy Fine Art"), Jorge Ruiz Melgar ("Imagen") y Fernando Toledo y Braulio Matos ("ArteConsult").
ESTOS SON DE PANAMA (2)
El rubro de muestras colectivas inició el año con un nombre notable, "Soberanía" (Instituto Nacional de Cultura) y lo cerró con otro de valoración similar, "Propuesta de jóvenes artistas panameños" (Museo de Arte Contemporáneo). Entre ambos, reiterando la valía, hubo otros aciertos tales como "Huellas" ("Allegro"), "Foto Septiembre" (Museo de Arte Contemporáneo) y en particular, "Altares" (Convento de Santo Domingo).
La primera exposición, organizada como homenaje a nuestro 9 de enero, resultó ser un listado que si bien convocó a casi todos (as) a las finales se encontró con un porrazo de ausencia por parte de algunos (as) renuentes a exponer en la misma muestra en que expondrían "otros compañeros (as) de oficio". Esto que resultaría admonitorio lo reiteró el propio curador de la muestra a instancias nuestras. Pasaron por alto que "Soberanía" era un reconocimiento a nuestra nacionalidad armado con obra dispersa en instituciones públicas y custodiada por el INAC y no una confrontación de aciertos pictóricos por parte de quienes participaban en el mismo. Para señalar dos casos, entre los tantos que detectamos, traemos a la memoria los trabajos de Juan Bautista Jeannine e Isaac Benítez, artista pocas veces motivo de retrospectivas o de homenajes y en cuyos lienzos encontramos momentos en verdad memorables en cuanto a una calidad en torno a la cual poco es lo que se ha afirmado. La última exposición reunió a ocho artistas de la más reciente de nuestras promociones, mismos que dieron ejemplo de su "singularidad". Al igual que "Soberanía" la colectiva estuvo huérfana del estudio requerido Acá fue mucho más relevante la ausencia dado que se trataba del aporte, "propuesta", de creadores recientes que parecían surgir de la nada y no de creadores enmarcados en la contemporaneidad de nuestra pintura. Por ello se perdió la clarinada generacional que representaban José Inocente Duarte, Ana Elena Garúz, Braulio Matos, Jorge Ruíz Melgar, Elpidio Mendoza, Radamés Pinzón, Carlos Rodaniche, Ramón Zafrani y solamente recibimos "notas musicales" aisladas. Se hacía necesario definir y explicar estos testimonios y no lanzar estos testimonios al vacío, como quien dice y sin paracaídas. Esta "propuesta" por demás abriría la puerta a "propuestas" posteriores con miras a calibrar la representatividad de un archipiélago de artistas antes que de islas aisladas, artistas, que constituyen el mismo.
La colectiva de "Allegro" estuvo integrada a un mes, octubre, dedicado al Arte y en esta categoría de significación, "Huellas" reunió la obra de veinte artistas, mismas que viven y trabajan en Panamá, independientemente de su nacionalidad. Reunidas en un homenaje de recordación de Irene Escoffey, el grupo definió una de las colectivas más valiosas del año y a riesgo de ser injustos al no mencionarlas a todas ellas, las evocamos al mencionar a solamente una de las artistas expuestas: Olga Sánchez y esa maravilla que es "Siesta".
"Foto Septiembre" reunió fotografías de dos panameños Gustavo Araujo y Salomón Vergara y de un mexicano (Gabriel Figueroa), una italiana (Silvia Gunhut) y una española (Mireia Sentís). La colectiva, curada por Sandra Eleta, validaba en nuestro medio la fotografía como expresión contemporánea de Arte (inexplicablemente habrá quienes niegan esa posibilidad, ni modo) y de cierta manera refrendaba los señalamientos que entregara la Bienal de Arte "Cervecería Nacional" al señalar en el pasado 2000, a Araujo como primer premio de la misma. Las imágenes de Gustavo Araujo reiteraban esa sumatoria de "imágenes" aisladas que reduplicarían una sola imagen que nunca veremos dado que se trata de un todo que no es lo mismo que sus partes sino que ellas son otra cosa. Esta imagen que no necesariamente tendría que armar quien observa le da una cierta monotonía a sus trabajos de allí el contraste que alcanzan las visiones de Salomón Vergara, el otro panameño de la colectiva y definitivamente en un rubro de experimentación más aleccionador. Sus fotografías, calificadas por el artista como "imágenes no perfectas" manipulan de manera radical la realidad que las originaría como si éstas, trabajadas sobre materiales como acuarelas, maderas, cueros, telas, buscaran otra "realidad", textualidad, diferente a aquella que ofreciesen como punto de partida.
Al lado de los trabajos de nuestros compatriotas, indudablemente, la visión de sus compañeros semejaba ser más constreñida y limitada al empeñarse en entregarnos metáforas de la misma orilla conocida.
"Altares", instalaciones en el Arco Chato del Convento de Santo Domingo (Casco Viejo) fue posiblemente la experiencia artística más estimulante del 2000, precisamente por carecer de las pretensiones de otras varias de su género, empeñadas como quien dice, en hacer algo nunca hecho en Panamá. "Altares" rendía homenaje al sitio en donde se presentaba y estableció un coherente paralelismo con la época en que el convento, cuatro siglos antes, estuvo decorado con retablos barrocos. El proyecto, sugerido por Eduardo Navarro y a cargo de Marlene Zarak recoge esa visión de "historicidad" desde nuestra contemporaneidad. Esta es, pensamos, la valía de los trabajos expuestos y al margen de cualesquiera otro señalamiento que soslaye la premisa de comunión entre lo que sería nuestra historia, nuestro patrimonio, y el Arte. Integrada en las actividades de la Fundación Calicanto, "Altares", con los aportes de Manuel Montilla -un pionero en estos menesteres- Eduardo Navarro, Donna Comlon, Lezlie Milson, Guillermo Mezza, entre varios (as) más reunió instalaciones que pudieron desconcertar y escandalizar y quitarle el sueño a no pocas personas pero que eran también testimonios de esa reflexión inmediata en torno al pasado o al presente, emocional o histórico del observador y por parte de artistas que visualmente conceptualizaban la idea de forma espontánea y carente de efectismos..

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