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El arte del Belén: de San Francisco de Asís a nuestros días
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Los belenes continúan en la costumbre de las familias cristianas a la hora de celebrar y festejar la Navidad; aunque sigan sufriendo los ataques de ciertos sectores que intentan derribarlos, el belén siempre será un signo inequívoco de las fiestas navideñas.La industria del belén no desaparece, e incluso las críticas de corrientes innovadoras han motivado el relanzamiento de un sector que continua atrayendo a los creyentes y no creyentes.Porque el belén perdura en el tiempo, almacenando la tradición que San Francisco de Asís instaurara en 1223, el primer belén propiamente dicho, y al que se considera "primer belenista" o "Patrón" de las asociaciones de pesebristas que abundan en las comunidades cristianas.UN PESEBRE CON UN BUEY Y UNA MULASe cuenta que San Francisco de Asís pidió permiso al Papa Honorio III para celebrar una misa en Greccio, una aldea italiana de la Toscana, y colocar un pesebre con un buey y una mula, simulando el sagrado misterio de Belén e imitando el nacimiento de Jesucristo.Esta petición chocaba con la prohibición del Papa Inocencio III, dieciséis años antes, de prohibir toda manifestación teatral en las iglesias.El arte y la literatura anteriores a San Francisco de Asís también fomentaron el belén.Aunque pocos tratados de historia reflejan estos hechos, se sabe que algunas maderas de la originaria gruta o cueva de Belén fueron traidas a Roma desde Palestina, por el pontifice Sixto III (432 440), que ordenó construir una imitación del popular pesebre.Más tarde, el papa Teodoro I (642 649) mandó crear un oratorio que incluyera la supuesta cuna del Niño Jesús.Todas estas representaciones de la Natividad no estaban exentas de la burla y de aptitudes hostiles procedentes de los romanos que hacían del cristianismo y de sus ritos.El nacimiento del belenismo se establece en el siglo XIII, con la autoría de San Francisco de Asís, basada en la apertura de la enseñanza cristiana fuera de los ámbitos monacales, según refleja Pablo Martínez Palomero en su libro "El belén, historia, tradición y actualidad".La cultura se populariza gracias a que los clérigos salen de los conventos.San Francisco de Asís se decide a representar el nacimiento de Jesucristo tras su peregrinación a Oriente y los lugares en que vivió el Mesías.Esta representación franciscana creó escuela en los frailes que impulsaron la escenificación del nacimiento de Cristo, por lo que se considera a San Francisco de Asís como el patrono universal del belenismo, proclamación que se hizo efectiva en 1986 por el papa Juan Pablo II a petición de las Asociaciones Belenistas de todo el mundo.Las grandes propagadoras del belenismo son las clarisas, orden religiosa vinculada a los franciscanos y creada por Santa Clara de Asís, de las que se cuenta que cada novicia que ingresaba en una comunidad debería traer consigo la imagen de un niño Jesús que luego era vestido por las propias monjas con ropa tejida por ellas mismas y era adorado en una cuna decorada con toda su ornamentación.El PRIMER BELEN DE PLASTICO La localización del primer belén de plástico sí ofrece dudas.Muchos historiadores apuntan a que el nacimiento más antiguo fue el del monasterio de Füssen, en Bavaria (Alemania), en el año 1252.Martínez Palomero apunta que fue el realizado por Arnolfo di Cambio, un famoso arquitecto florentino, autor de la catedral de Florencia, en 1289, cuando labró en mármol blanco un verdadero nacimiento.De esta manera, Italia se puebla de pesebres en todas sus iglesias.Para Leticia Arbeteta, estudiosa del belenismo, también tienen un hueco en la historia del belén los sacro montes y los belenes gruta de Apulia (Italia)."Son colinas que albergan capillas representando pasajes del Nuevo Testamento.Cuentan con figuras excelentemente policromadas, con cabellos naturales y cuidada vestimenta".Entre los más representativos está el Sacro Monte de Varallo, obra de Gaudencio Ferrari (1475 1546).LA AFLICCION DE CARLOS IIITambién destacan los belenes gruta de Santa María de los ¡ngeles (Bari), el de la catedral de Altamura, también en Bari, y el de Leonesa (Rieti), con 32 figuras, sobre un escenario de cuatro niveles.Esta epoca del renacimiento produce dos efectos paralelos: por un lado significa la aparición del protestantismo que hace mella en el belén, y a la vez origina una reacción favorable en el mundo en los días de Navidad.El gusto por el belén se esparce desde Italia, y cada región va sembrando sus propias características en la elaboración de los belenes.Nápoles se convierte en la capital de esta corriente, y es Carlos III, rey de Nápoles y más tarde de España quien cruzaría el Mediterráneo con el gusto por el belén.Carlos III, incluso, cultiva la afición de crear belenes en palacio y permite que sea visitado por la aristocracia y por las capas más bajas de la sociedad.Entre estos belenes se encuentra el que encargó para su hijo, llamado el "Belén del Príncipe" y que fue obra de los mejores escultores italianos.Las figuras contaban con vestidos de seda con botonadura de plata o perlas, zapatos de piel, espadas, frenos y collares de caballos.Los restos de este belén pertenecen al Patrimonio Nacional, y cada año se exponen en diferentes sitios.Esta costumbre instaurada por Carlos III fue copiada por la nobleza de la época y todas las capas populares.Así, era habitual ver en los días de Navidad que todas las casas contaban con un nacimiento o belén, imponiéndose esta práctica en España.El belén se asienta definitivamente en los siglos XVII y XVIII.La evolución del teatro, de los nuevos conceptos escenográficos, de la geometría plástica son cimientos de la costumbre del belenismo que se arraiga en Europa y que ya se había exportado a América.El arte del belén tiene unos exponentes muy claros: Italia y España, y especialmente, Nápoles y Murcia cultivan estilos propios y crean sus peculiares escuelas, enseñanzas que trasladan por toda Europa y que llega a América, los dos mundos en tradición belenista.LA ESCUELA MEDITERRANEA PIONERA DEL PESEBRELa escuela mediterránea se convierte en la pionera del arte del pesebre, que utilizan todo tipo de materiales, como el mármol, la porcelana, la madera, etc.Italia cuenta con una larga tradición ya en los siglos XVII y XVIII, y entre su historia destacan los belenes de madera del Valle de Aosta, los figurinistas genoveses, y sobre todo, el estilo napolitano que cuenta con nombres como Pedro Alamanno, Pietro Belverte de Bérgamo, Giovanni Nila o Antonio Rosselino.La importancia de la escuela napolitana se refleja en que se fija el tamaño de las figuras, que se establece entre 35 y 40 centímetros, y se perfeccionan los materiales.La primera figura de talla con ojos de cristal que se conserva es del año 1620, y poco a poco, los pequeños detalles como manos, ojos, nariz, pies van perfeccionándose.Del ramillete de nombres que engordan la historia belenista italiana y que van surgiendo poco a poco, como Di Leonne, Colombo, Perrone, Merighano..., destaca Guiseppe Sammartino, el más famoso imaginero napolitano del siglo XVIII, y maestro de otros grandes representantes del belenismo italiano como Gori, Di Franco.., y precursores de la evolución del arte del belén, que va ganando en sobriedad, meticulosidad y en belleza.El arte del belén está tan en auge en el siglo XVIII y XIX que nace la especialización dentro de la fabricación del belén.Cada artista se centra en unos determinados elementos: unos en vestimenta como Matteo y Ferri , otros en señaladas figuras, otros en los animales que componen los nacimientos.Pero el gran impulso del belén en Italia lo dá el rey de las dos Sicilias, el Borbón Carlos III también rey de España que funda la célebra fábrica de porcelana de Capodimonte.sta fábrica, que en sus orígenes no trabaja temas navideños, poco a poco se acerca a las figuras del belén, y más tarde sirven para confeccionar los belenes del rey Carlos III que mostraba en palacio y que algunos contaban con más de setecientas piezas.Según cuenta Pablo Martínez Palomero en su libro "El belén.Historia, tradición y actualidad", la influencia del rey Carlos III no sólo procede de él, sino también de su esposa, María Amalia de Sajonia que se encargaba cada Navidad de las vestimentas de las figuras.También, el padre Gregorio María Rocco, consejero del rey, se convirtió en el apóstol de los belenes ya que tenía en su celda un belén que llevaba a todos sus viajes.MARSELLA, EL FOCO FRANCESSí Nápoles es el centro del benelismo italiano, Marsella es el foco francés.Son características sus figuras de madera, habituales desde el siglo XVI, a las que se añaden posteriormente el vidrio, la arcilla e incluso la miga de pan.Pero no es hasta el siglo XIX cuando el belenismo francés vive su máximo esplendor, que se caracteriza por el añadido de piezas religiosas como el abad; populares como el alcalde, y principalmente por el reflejo de sus paisajes.Lagnel, Batellier, los hermanos Tessieres, Rabre...son algunos de los imagineros franceses de mayor arraigo en su particular historia belenista.El resto de las zonas europeas también reciben la influencia mediterránea, aunque no alcanzan la popularidad y fastuosidad de Italia y España.Austria, por ejemplo, destaca por sus pesebres en movimiento y marionetas, realizados con la industria relojera, a la que también se apunta Suiza.En la Europa del Este, el papel y el cartón son elementos que han sobresalido en su arte belenista.Alemania, con su nacimiento del monasterio de Füssen del 1252, se advierte la sencillez de sus nacimientos, protagonizados por escasas figuras.EL CABILDO PAISAJE LATINOAMERICANOEl panorana invernal del belén europeo contrasta con el calido paisaje de los belenes latinoamericanos, que exporta España a raíz de su llegada a aquellas tierras y que introducen los misioneros, principalmente los jesuitas.El padre Gaspar Monroy, de la Compañía de Jesús, destinado a Argentina para "conquistar" a los indios que habitaban en el camino entre Argentina y Perú, enseñaba a éstos a moldear en arcilla las figuras del nacimiento que narraba a los aborígenes cada Navidad, y que sirve de lanzadera del arte belenista latinoamericano.Los belenes argentinos y mexicanos son los de más tradición.Entre los primeros destacan aquellos accionados por hilos, a semejanza de las marionetas, que refleja las costumbres criollas.Nombres como González Garaño, Mújica Lainer o los actuales, los hermanos Mendoza, han popularizado el arte belenista argentino de colores terrosos y ropajes autóctonos.México cuenta con el imaginero Panduro en su historia y su peculiar forma de realizar los belenes, algunos de paja, y con la peculiaridad de pequeños diablillos que observan el nacimiento del Niño Jesús.El belén peruano destaca por su encuadre y su facilidad para trasportarlos.Enmarcados en una caja vertical, con dos puertas que se abren a manera de armario y figuras hechas con pasta muy dura que reflejan las costumbres peruanas, su forma de arcones ha hecho fácil su trasporte a caballo en sus orígenes.Debido a sus dimensiones, se estructuran en varias repisas o estanterias que cada una de ellas almacena un aspecto diferente del nacimiento de Jesús.En Ecuador son famosos los belenes de miga de pan, mientras en Bolivia los realizados en láminas de madera o cartón.Pero si una característica debe unir al belén latinoamericano es la tradición y gusto por la representación floral.EL ARTE BELENISTA ESPAÑOLUnido a la tradición mediterránea, la imaginería española, basada principalmente en las escuelas de Murcia, Andalucía y Cataluña, continúa las tendencias coloristas e históricas, a los que se añaden unos sólidos fundamentos artísticos.Como en el resto de Europa, los franciscanos instauran en España la costumbre de montar el belén, a lo que ayudan las clarisas, hasta que con la llegada del rey Carlos III tres siglos después , el belén en España está consolidado en todos los hogares y en su arte.Es en éste siglo XVII cuando España ya cuenta con un importante ramillete de imagineros belenistas, escultores y tallistas dedicados a las representaciones navideñas.Alonso Cano, Berruguete, Pedro de Mena, Francisco Salzillo acogen en sus creaciones un espléndido relieve navideño.Cataluña, Andalucía y Murcia son las escuelas más importantes de imaginería españolas, aunque no hay que olvidar la corriente belenista de Madrid, que tiene al fraile Eugenio Gutiérrez de Torices como uno de sus primeros exponentes.Gutiérrez de Torices crea figuras de cera con gran ternura, que vestía con sedas engomadas que luego adornaba y pintaba con extremo gusto y precisión.Su más destacada obra dentro de su escasa producción, toda en cera es la Adoración de los Magos, ubicado actualmente en el Monasterio de El Escorial."La Roldana" Luisa Roldán, hija del gran maestro sevillano Pedro Roldán, de ahí su apelativo , junto a su sobrino, Pedro Duque Cornejo, y las incursiones en este género de Alonso Cano y Pedro de Mena, son los máximos representantes del barroco belenista andaluz, más concretamente sevillano que destaca principalmente por su imaginativa.Aunque, la obra de "La Roldana" fue creada en la etapa en que residió en Madrid, no puede evitar las influencias de su padre y su escuela sevillana.Luisa Roldán logró gran prestigio por la expresión de su natural sensibilidad femenina y consiguió ser nombrada escultora de cámara, tras su obra "Natividad" hoy desaparecida que envió al Rey Carlos LOS BELENES DE SALZILLOPero sí puede hablarse del más destacado imaginero belenista español esté reconocimiendo debe de caer en Francisco Salzillo Alcaraz (1707 1783), hijo de otro ilustre escultor, Vicente Nicolás Salzillo, nacido en Nápoles y quien se asentó en Murcia.Francisco Salzillo heredó la tradición belenista de su padre, tras su muerte cuando tenía veinte años y después de entrar de novicio en el convento de los dominicos, que tuvo que dejar para hacerse cargo del taller de su padre.Salzillo está influenciado por la corriente napolitana y la andaluza, y destaca en su obra el movimiento de las figuras más populares.El belén de Salzillo es el mayor que se ha construido en España, ubicado actualmente en el Museo Salzillo de Murcia.El belén fue un encargo de don Jesualdo Riquelme, rico hacendado murciano, encantado del arte belenista que apreció en sus viajes, que fue iniciado en 1776 y finalizado años más tarde de la muerte de Salzillo.El imaginero murciano, ayudado por sus hermanos José Antonio, Patricio e Inés, y cuyo relevo tomó Roque López, su más fiel colaborador, fue el creador de una escuela de fama universal.El belén de Salzillo lo componen 556 figuras, de las que 166 son representaciones humanas y de ángeles: desde los grupos de pastores, labradores, mendigos hasta figuras como el borracho, la hilandera, el aguador, la matarife.El volumen de esta composición impide su total exposición, del que sólo se muestran 415 figuras, todas ellas de un tamaño que oscila entre los 10 y 30 centímetros.Cataluña es otra de las grandes cunas del arte belenistas.Quizás la más prolífica en cuando imagineros belenistas de que cuenta la historia española.Ramón Amadeu Grau, Damián Campeny y Estrany y Domingo Talarn Ribot son los grandes artistas del belén en los siglos XVIII y XIX.Amadeu fue el primero que inició la escuela catalana, de gran prestigio internacional, y que destaca en la técnica del barro cocido, y en su constancia en representar las clases populares, mezclando el pastor medio con aquéllos de trazos raídos, andrajosos y descalzos.El pesebre catalán destaca por ser más preciosista, miniaturista, atenta al detalle y veraz.Esta fuerte influencia catalana en el arte belenista está arraigada por contar con la mayor industria de imaginería religiosa del país.En Olot, población gerundense, se fabrican la mayor parte de figuras que año tras año recorren la Navidad en todas las ciudades del mundo, incluso en Oceanía y ¡frica, y además cuenta con una de las escuelas pesebristas más importante de España.Ya en nuestro siglo la tradición belenista continua gracias a la labor de ejemplos como el de la familia Beltrán en Cataluña; Cruz ¡valos en Madrid fallecido hace unos años ; Pérez Garré en Murcia o Pedro Ramírez en Andalucía, tradición que se ha ido consolidando con la formación de Asociaciones y Federaciones belenistas por toda España, desde la creación en 1863 de la Sociedad Pesebrista de Barcelona, pionera en este campo.Entre las grandes obras belenistas que merecen visita en España, destaca el mencionado belén de Salzillo en Murcia; el Nacimiento de las Agustinas Recoletas de Salamanca; el belén del Príncipe en el museo de San Fernando de Madrid; el Nacimiento de Melgar de Fernamental en Burgos o la Montaña de Coral en el Monasterio de las Descalzas de Madrid.