variedades
En la enseñanza-aprendizaje Transmisión de conocimientos
Lisbeth Cortés/ - Publicado:
Verdaderamente que la eficacia máxima se alcanza, dentro del proceso enseñanza-aprendizaje, cuando el mensaje del profesor es comprendido por el receptor, en este caso, el estudiante.De ahí que la buena comunicación no se presenta como un proceso puramente mecánico, sino que envuelve actitudes profundas de amor a los estudiantes, de respeto mutuo; así como habilidades de comunicación que traduzcan dichas actitudes y le faciliten al docente el intercambio y la modificación gradual del repertorio de sus materias a enseñar.Como todo proceso y objetivo final de la comunicación es la comunicación, cada docente debe alcanzar, dentro de esa habilidad de comunicar, el dominio de hacerse entender.En los años que llevo ejerciendo la docencia a nivel universitario he podido percatarme de algunos factores comunicantes, problemas de la enseñanza y de la transmisión de conocimientos hacia los alumnos, en la cual fallan algunos docentes.Si la comunicación es el proceso de interrelación personal que envuelve profundamente a los seres humanos, entonces nuestra eficiente comunicación como docente universitario dependerá, no sólo del aprendizaje, sino también del respeto mutuo, de la cooperación y la creatividad.Desde 1983, cuando inicio e incursionó en la docencia universitaria, a esta fecha, he podido encontrar puntos críticos que pueden señalarse como "pedagogía de saliva", donde no hay un diálogo si no actitudes apáticas, y sin interés en la participación activa de los alumnos; como también, en otras oportunidades uno como docente, muchas veces, no se percata de la pereza mental del estudiante quien confia en su memoria, no toma notas de las ideas expuestas olvidando más adelante lo dado en clases.Estos problemas se encuentran con mucha frecuencia en las actividades pedagógicas.Pueda entonces que el "buen" profesor no alcance a percibir que él es un mal comunicador, es decir, no despierta el interés y atención, de motivación, de hacer pensar al alumno.Despertar el interés y atención, de ser entendido por los alumnos y de inducirlos a la expresión y al diálogo, debería ser una constante fundamental de todo profesor, maestro; de quien enseña, instruye, forma, capacita y educa.Recordemos que la atención y el aprendizaje son procesos sicológicos que a veces necesitan ser provocados.Así, podemos encontrar docentes que son muy buenos, conocen y saben su materia, poseen un portafolio lleno de conocimientos pero, sus ideas no son percibidas por los alumnos que ocupan desde la primera hasta la última de las filas o bancas del salón de clases.Presentar un cúmulo de ideas para que sean comprendidas, en cada clase o lección, debe ser tema de interés para el profesor, para el educador.Algunas veces el profesor o maestro cree que su alumno ha entendido su clase expuesta y no pide aclaración; craso error.Más tarde se percata que realmente su clase fue un fiasco.Alguna veces los alumnos tienen la tendencia a no prestar la debida atención a las palabras del profesor.Puede que sean ideas mal organizadas por el docente, que el profesor hable muy bajito, pausado, o no utiliza medios visuales; o presenta ideas difusas, confusas, desorganizadas; letras muy pequeñas en el tablero o, en fin, no lleva una estrategia didáctica.Y, qué hablar de los alumnos que mantienen una actitud de rechazo hacia el profesor? Ello provoca una disposición de tipo anímico y genera bloqueo inconsciente contra la asimilación de la materia que se imparte.De ahí que enseñar no es transmitir, enseñar, más que transferir a los alumnos el máximo de lo que el profesor sabe, lo que se debe es hacer pensar, estimular al estudiante a descubrir y resolver problemas; el profesor debe ayudar a crear nuevos hábitos de pensamiento y de acción a todo su cuerpo educando.En fin, encaminar a los estudiantes, a estimularlos a que sus expresiones deban dirigirse a pensamientos hacia la problemática y sus dilucidaciones.Esto es, raciocinio y no a la elaboración pasiva de las ideas e informaciones que nosotros como docentes exponemos en clases.Ello se sustenta ya que la causa más seria de la ineficiencia del alumno es su falta de deseo de aprender.Los años de docencia me han demostrado que incursionar en áreas de puntos clave como la sicología, semiología, semántica, sintáctica, cibernética, ofrecen una vía de soluciones para mejorar mi acción comunicativa con mis alumnos.Por ejemplo, el problema de comunicación profesor-alumno que gira en torno a los problemas sicológicos se relacionan a los hábitos del pensamiento, con la precepción, atención, actitudes y su memoria; a los relativos a los problemas semiológicos, estos están relacionados con los signos, para comunicar cosas escritas en el tablero; los problemas semánticos son los relacionados con el significado de las palabras y sus interpretaciones.Así, también examinamos con atención problemas sintácticos, relacionados con las estructuras de los contenidos y de los signos; problemas cibernéticos, aquellos relacionados con la realimentación y el diálogo, con la cantidad de ideas transmitidas y con la capacidad de conducir señales.Este recurso de apelar a las ciencias básicas para ser mejores en la enseñanza, contribuye a ofrecer y demostrar vías de soluciones al proceso de esa muy esperada metodología de instruir, enseñar, capacitar, transferir conocimientos como deben ser.Recordemos que dos personas trasuntan sus respectivos repertorios; uno para enseñar y el otro para recibir esa enseñanza.De modo que entre profesor y estudiante se debe conseguir compromisos para enriquecer los conocimientos y no entrar en conflictos insolubles.El significado de hacer común nuestra comunicación no debe ser convertida en "diálogo de sordos"; por el contrario, debemos llegar a empatizarse y flexibilizar nuestras metas para que nuestros significados de clases, lecciones, tengan valor y sean dignas de consideración y de estudio, si no de aceptación inmediata por parte del estudiantado.Como docente en el área de la comunicación, el objetivo final de la misma es comunicar.No puedo apelar a mi autoridad como profesor, pero si a mi habilidad para imponer significados al alumno, alcanzado siempre la libertad por comprender y darnos a comprender; haciéndolo bien y haciéndolo saber.Gracias a Dios mis alumnos y yo, por años, hemos podido ayudarnos a comprobar, en cada materia, progresos mediante oportunidades de verificar las contribuciones de lado y lado, dentro de esa mecánica del proceso de la enseñanza-aprendizaje; estimulándonos mutuamente una actitud permanente por la curiosidad intelectual, a fin de enriquecer nuestros repertorios de ideas y experiencias.Esa ha sido nuestra meta diaria.