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¿Desgreño o pura corrupción?
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UN PROMINENTE penalista nos explicaba que era virtualmente imposible condenar absolutamente a nadie por los abusos cometidos en el Banco Nacional y la Caja de Ahorros en la concesión de cuantiosos préstamos por monto que totalizan más de B/.100 millones entre ambas instituciones.Según señalaba, son casos de mera negligencia administrativa, pero no de delitos.Según él, ni el ex-gerente Bolívar Pariente ni los ejecutivos de Prados del Este, ni los empleados del banco deben ser perseguidos criminalmente, correspondiéndoles, a lo sumo, una mera responsabilidad civil y, en los casos de los funcionarios, también laboral o administrativa.Añadía que, era también prácticamente imposible probar delito alguno a nadie, incluso habiendo sido cometido, porque nuestros jueces requieren poco menos que una confesión o agarrar al delincuente in fraganti, con las manos en la masa o dinero en mano, y aún así no habría garantía de condena, como ocurrió con el caso Afú y sonados crímenes en los que gente incluso confesa y detenida pistola en mano ha salido inocente.Nuestro aparato de investigación de delitos carece de medios técnicos modernos para acreditar de otro modo delitos de mediana complejidad y, peor aun, tratándose de delitos financieros, tipo Banco Disa, Banaico, Adelag.La metodología delictiva consiste en extraer cuantiosos dineros de los bancos, disfrazándolos de operaciones de crédito torpemente manejadas.La característica común de esas prácticas, que se extienden a otras entidades oficiales tales como el Banco de Desarrollo Agropecuario, consiste en la comisión deliberada de extremadas formas de desgreño administrativo, tales como la ausencia de estudios de factibilidad, avalúos y estados financieros, e insuficientes garantías; a más de la omisión de elementales buenas prácticas bancarias.Si la diligencia que exige la ley a un funcionario bancario va más allá de la de un padre de familia, correspondiéndole la de un hombre de negocios en el manejo de sus asuntos, es evidente que bastaría con acreditar en las sumarias el historial previo de buena práctica del funcionario en el trámite de la misma naturaleza de asunto y contrastarlo con el desgreño o manejo irregular dispensado respecto a otro ulterior, para acreditar la mala fe o dolo; elemento indispensable para que haya delito.Para nosotros no es más que pura corrupción, penalizada por los artículos 332 y 334 del Código Penal, aplicables a funcionarios que "omitan un acto debido, propio de sus funciones " o que sea "contrario a sus deberes", o que reciba "dinero u otro beneficio para él o para un tercero".Y de eso se trata, de incumplir dolosamente su deber.Don Ernesto siempre tuvo buenos caballos que corrieron bajo los colores anaranjados del Cococha Estable.Dejaron huellas que aún perduran en el viejo hipódromo de Juan Franco, sus equinos Duplicity, Falsario y Doble Four, entre otros.Esa tarde, no obstante el tropiezo del fuerte aguacero, Don Ernesto, disfrutó mucho de las carreras en Hillaleah y lo más importante fue que me permitió reanudar con él una apreciada y muy valorada relación personal y estoy seguro que para él también.Don Ernesto De la Guardia Jr., por supuesto antes que gran deportista es muy recordado como Mandatario.Le tocó un período presidencial muy difícil de permanente convulsión política.Firme creyente en la democracia se empeñó como una prioridad en modernizar el Estado panameño; creó nuevas instituciones y el Código Electoral que garantizaría para el futuro torneos electorales libres y transparentes de la intromisión oficial.El dio el ejemplo entregándole, después de las elecciones de 1960, el poder a don Roberto F.Chiari candidato oposicionista que había triunfado.Lamentablemente en el país se produjeron acontecimientos al finalizar la década del 60 que pusieron fin por casi un cuarto de siglo a los avances que se habían dado para consolidar las libertades ciudadanas y la democracia.Hoy día nuestro país desde 1996 ha celebrado tres elecciones libres y transparentes y los principios que guiaron a Don Ernesto en su Presidencia tienen plena vigencia.Falta, sin embargo, que muchos de nuestros hombres públicos sigan su ejemplo de honestidad.