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Juzgar o no a los demás
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Ruling Barragán (opinion@epasa.com) / DocenteAlgunos preceptos son tan antiguos como universales.No pertenecen a ninguna religión o filosofía en particular, aunque suelen ser reformulados en ellas.La validez de estos preceptos se puede confirmar tanto en la experiencia como en una reflexión sincera.Uno de estos preceptos es el de no juzgar a los demás.Si bien es muy conocido, difícilmente es practicado.¿Acaso no nos hallamos casi todo el tiempo juzgando (mal) a los demás?A mi parecer, el precepto en sí no prohíbe que hagamos juicios correctos sobre el comportamiento de los demás, ni que, con base en tales juicios, tomemos acciones para cuidar de nosotros u otros.Lo que sugiere es que, previo a cualquier juicio tenemos la obligación de estar exentos del mal o defecto moral que atribuimos al otro.Si no lo estamos, incurrimos en hipocresía y, con ello, socavamos la autoridad de nuestro propio juicio.Si somos honestos, tenemos que reconocer que la mayoría de las veces nuestros juicios negativos sobre los demás son incorrectos.Esto se debe a suspicacia o malicia que proviene enteramente de nuestra parte.En el primer caso, juzgamos indebidamente al sospechar algo malo de una persona, sin tener ninguna prueba o evidencia.En el segundo caso, atribuimos un defecto o falta, por pura mala voluntad.No parece posible ser abogado o político sin recurrir de modo constante a juzgar mal a los demás.Sin embargo, cuando la gran mayoría de los juicios, críticas, acusaciones, sospechas, etc., no tienen otro fundamento que la suspicacia gratuita o la pura malicia, tanto el derecho como la política se pervierten.En tales circunstancias, la actitud y motivación de sus practicantes se deteriora.Consecuentemente, los sistemas políticos y jurídicos en que operan se tornan disfuncionales.De hecho, un clima de sospecha y malicia generalizada –de ‘todos contra todos’– eventualmente destruye cualquier sistema, institución o corporación, así como la moral de sus individuos.Por todo lo anterior, tiene pues sentido, tanto para el individuo como la sociedad, eso de no juzgar a los demás.En el fondo, este precepto nos conduce a afirmar siempre la verdad y asegurar con ella la justicia.Pero, antes que eso, nos induce a un examen de consciencia, a descubrir primero los males y vicios que habitan en nosotros mismos.No juzgar a los demás significa, en un sentido más profundo, reconocer siempre nuestras faltas y enmendarlas antes de hablar y actuar con relación al otro.