Revalorizando la "vieja escuela" en los procesos de enseñanza y aprendizaje
Con frecuencia, se suele recordar cómo eran los viejos tiempos en los salones de un plantel, siendo instruidos por personas dedicadas y consagradas al noble oficio docente. No había pantallas, ni siquiera en muchos casos pizarras acrílicas. Solamente se ocupaba un pizarrón con tiza, lápiz o bolígrafo y papel. Los Maestros debían contar con experiencia y una buena base de conocimientos para poder impartir la asignatura y transmitir lo que, con esfuerzo y dedicación, lograron captar de sus propias experiencias, así como lo que indagaban en las bibliotecas físicas. Recién para finales del milenio pasado, el internet se fue haciendo de uso más masivo en las escuelas y universidades.
No se contaba en muchos casos con la facilidad de imprimir imágenes del tema a tratar o proyectar un Power Point. Se empleaban láminas de acetato, dibujos que reproducían el contenido de los libros de texto, esquemas o maquetas para explicar mejor una charla. Si bien el avance significativo de la tecnología ha facilitado el acceso libre y actualizado del conocimiento, también está demostrando que, esa facilidad con la que la información se encuentra a un "click" de distancia, en ciertos casos no facilita el desarrollo de una base de conocimientos sólida, necesaria para el pensamiento crítico.
Lo más preocupante de esta encrucijada es que, en plena era digital en la que los bebes nacen prácticamente con una Tablet o Smartphone bajo el brazo, tampoco resulta conveniente privarlos del uso apropiado de la tecnología, porque estarían en desventaja. Al hablar de revalorizar la "vieja escuela", lo que se desea resaltar es la importancia de la disciplina y el esfuerzo para lograr una meta, ya sea de enseñanza y aprendizaje o de la propia vida. Citando la célebre frase del Dr. Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura: "Nada supera la intimidad del papel"; reafirma la importancia de ese contacto físico en la lecto-escritura, dado que, las pantallas y dispositivos tienen elementos distractores que no son favorables para un desarrollo cognitivo apropiado en edades tempranas.
Sobre lo expuesto hasta este punto, se puede decir que, elementos presentes en la "vieja escuela" son dignos de ser observados, tales como: i) La atención sostenida y la reducción de estímulos, para fortalecer la capacidad de concentración y evitar la fragmentación del pensamiento profundo; ii) La consolidación de una base de conocimientos, el refuerzo de la disciplina y el sentido de responsabilidad ayudan a forjar el carácter; iii) La escritura a mano ayuda a generar estímulos que no se logran fácilmente con un teclado y la interacción cara a cara propicia el sentimiento de empatía con los demás; iv) Al ocupar menos pantallas, se contribuye con el cuidado de la salud visual; v) Desarrollo psicosocial, porque irónicamente los dispositivos creados para acortar distancias, si son mal utilizados, pueden provocar aislamiento social, ansiedad y otros problemas conductuales.
En estudios desarrollados previamente por el autor, en colaboración con miembros de la Asociación Shotokan Karate Do Internacional de Panamá (ASKIP), se determinó que, durante la pandemia por COVID-19 el uso de las tecnologías de información y comunicación (TICs), fue más ventajoso para practicantes con rangos avanzados (cinturón negro, principalmente), comparado con niños y jóvenes que recién inician su camino marcial. Esto concuerda con lo mencionado previamente, porque un practicante maduro formado de manera presencial, ha consolidado el dominio de técnicas básicas y puede sacar mayor provecho a lo que explique un instructor a través de una pantalla. En conclusión, la "vieja escuela" posee elementos dignos de ser revalorizados, para su implementación y apropiación en la formación integral y resiliente de seres humanos completos. ¡Bendiciones para todos!