Bolivia nos advirtió, México nos espera
México domina con 20 triunfos, seis empates y solo dos derrotas, pero ese dato, más que intimidar, debe funcionar como combustible emocional para Panamá..
Bolivia nos advirtió, México nos espera
El duelo ante México llega en un escenario particular: no es fecha FIFA, por lo que ninguno de los dos equipos contará con su artillería pesada y eso equilibra más el tablero de lo que indica la historia entre ambos. México arranca su 2026 en modo laboratorio, probando jugadores que quieren meterse en la lista mundialista, mientras Panamá, con un equipo del patio continúa construyendo su plantel mundialista.
En el historial, México domina con 20 triunfos, seis empates y solo dos derrotas, pero ese dato, más que intimidar, debe funcionar como combustible emocional para una generación panameña que ya ha demostrado que puede competir contra gigantes de la región. Jugar en el Rommel Fernández, ante su gente, coloca una presión distinta: no se trata solo de "hacer un buen papel", sino de mostrar que Panamá no será simple invitado en el mundial.
Ante México, Panamá tiene la oportunidad —y casi la obligación— de repetir la valentía mostrada en los primeros minutos ante Bolivia, pero con un plus de madurez táctica: presión coordinada, líneas compactas y un uso inteligente de los carriles exteriores.
La clave pasará por tres ejes y Thomas Christiansen lo sabe: rigor defensivo a balón parado, administración emocional cuando lleguen los momentos de sufrimiento y eficacia en las opciones claras que, casi seguro, se presentarán. En un amistoso que para ambos oncenos es banco de pruebas, Panamá tiene el chance de enviar un mensaje claro: que no es solo un sparring, sino que discutirá seriamente un lugar entre las selecciones que quieren dejar huella en la Copa del Mundo 2026.
Este duelo, si bien es cierto, a todas luces, más complicado que el del pasado domingo, debe servir para elevar la imagen dejada en el choque ante el onceno boliviano.
En esa ocasión, Panamá salió de Tarija con un empate que sabe a poco, pero deja pistas claras sobre el carácter y las deudas futbolísticas de la selección. Ese 1-1 ante Bolivia condiciona, para bien y para mal, lo que se puede esperar del choque frente a México.
Panamá demostró que cuando decide ser protagonista, puede imponer condiciones incluso fuera de casa: el gol tempranero de Kadir Barría, tras una transición rápida y una jugada individual de jerarquía, confirmó que hay talento arriba para castigar cualquier descuido al rival.
Ese arranque con presión alta, movilidad y valentía para atacar líneas debe verse como la primera gran noticia de esta doble fecha: el equipo no se siente menor, aunque juegue a más de 3.000 kilómetros de su público, a casi 2 mil metros de altura y con jugadores del patio.
Sin embargo, el empate también desnudó viejos fantasmas: una vez en ventaja, la selección nacional bajó revoluciones, le cedió metros a Bolivia y terminó sufriendo en balones parados y segundas jugadas, hasta recibir el 1-1 en una acción de tiro libre y cabezazo al área chica. No fue solo un accidente, sino un síntoma: todavía batalla para sostener 90 minutos de concentración defensiva y manejo de partidos, algo innegociable si piensa seriamente en el Mundial.
En lo individual, nombres como Kadir Barría y Kahiser Lenis mostraron que la nueva camada tiene personalidad para asumir protagonismo, con desequilibrio y capacidad para atacar espacios a la espalda de las defensas.
Esa mezcla de potencia y atrevimiento es un activo que Panamá no puede desaprovechar, sobre todo en un contexto donde muchos rivales todavía subestiman el peso ofensivo canalero.
En contraste, el tramo final dejó la sensación de el equipo se parte en dos cuando el físico empieza a pesar y las líneas se atrasan; permitiendo que Bolivia, con dudas de funcionamiento, encontrara espacios y ocasiones claras.
Christiansen deberá ajustar funcionamiento, ya que no basta con dominar a ratos, Panamá necesita volumen de juego sostenido, recambio desde el banquillo y una estructura defensiva que no se derrita al primer envión del rival.