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Deuda social: expectativas de crisis
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Deseo agradecer el honor de ocupar esta tribuna, y la asumo con humildad sincera y como una oportunidad para compartir algunas reflexiones sobre la patria.Congregados en este campo santo donde reposan los restos mortales de nuestro primer presidente Dr.Manuel Amador Guerrero, aquí, donde se constata que toda gloria, poder y vanidad humana es efímera, donde recuperamos la igualdad, venimos a expresar la gratitud y el reconocimiento permanente a todos aquellos que lograron concretar la anhelada independencia de Panamá.La patria, ¿es en verdad recuerdos? O, como dijera recientemente otro bardo al contestar la inquisidora pregunta de un niño: ¡Patria son tantas cosas bellas!Estos sentimientos, esculpidos en el tiempo, crearon los valores que nos identifican y consolidan un sentido de pertenencia en la comunidad planetaria.En un determinado momento de la historia, un humilde caserío de pescadores dio nombre a lo que más tarde identificaría a una Nación.Adquirimos el estatus de colonia y, luego, nos independizamos de España.En otro momento, Justo Arosemena precisó cómo la ubicación geográfica del territorio istmeño marcó nuestro destino y vocación.Más tarde, ante la urgente necesidad de los Estados Unidos por construir un canal interoceánico decidimos independizarnos de Colombia.Para esta trascendental decisión, las fuerzas políticas de aquella época, superando los agravios de la guerra de los mil días, pactaron el alumbramiento de la República.Estaba todo por hacer.Se esmeraron por subordinar sus naturales diferencias ideológicas y políticas en el afán de construir los indispensables acuerdos.No fue fácil.Tampoco crean que cesaron románticamente las recriminaciones y desconfianza.Sencillamente se atemperaron las confrontaciones ya que, ocupada militarmente la Zona del Canal por y con el arrogante papel de interventores, los Estados Unidos se convirtieron en árbitros decisorios de las aspiraciones políticas de los panameños.A lo largo de estos cien años cada generación de panameños ha trajinado con su propio "TAMIZ DE NOVIEMBRE" (para decirlo a la manera de Diógenes De La Rosa) y, según sus opciones sensoriales, angulares e ideológicas, se han alineado entre cuatro vertientes historiográficas importantes: Apologistas, detractores, objetivistas y propositivos.1.Los Apologistas, se afanan en demostrar que todo lo hecho por los próceres de la independencia estuvo bien.2.Los Detractores, en cambio, tratan de demostrar que todo lo que hizo la naciente burguesía transitista fue una calamidad desde el punto de vista político y moral.3.Los Objetivistas, en cambio, ubicados entre las dos aguas, en cierta forma aristotélicos, sostienen que en 1903 - en ese contexto particular - convergieron diversos factores y agendas, tanto individuales como estatales, oportunistas y altruistas, cuyo resultado serìa la independencia del Departamento del Istmo de Panamá de Colombia, con el estimulo y la participación directa e interesada del gobierno de Estados Unidos.4.Los propositivos, por su parte, tienen muy poco interés de verse envueltos en polémicas de este tipo, a las que consideran bizantinas, y están más preocupados por atender sus asuntos y negocios personales, unos; y otros (tal vez los menos) por resolver los problemas del país concreto, del país real, del país heredado, del país por construir.Por eso, tampoco es de extrañar que cien años después de la susodicha separación o independencia de Colombia, o como quieran llamarla los entendidos, el debate siga abierto y sea tan novedoso como al principio.y desde mi punto de vista es muy saludable que siga abierto porque, no de otra manera, un país fortalece su propia cepa, alcanza mayoría de edad y grandeza espiritual.Les pido acepten mis excusas ya que por razones de tiempo no puedo detenerme en el complicado enjambre de contradicciones que se tuvo que lidiar.La premisa ahora es otra.Desde los tiempos de la colonia hemos venido estructurando una sociedad con un desarrollo desigual.Desigualdad que se agrava porque los involucrados en la gesta noviembrina de 1903, de acuerdo con sus respectivas agendas, contabilizaron sus ganancias.La mejor parte se la llevó los Estados Unidos mientras que sus aliados internos, ilusionados como siempre, con la idea de un país abierto al comercio mundial, sin fronteras que cuidar, se contentaron con una actividad comercial subalterna y dependiente.La mayoría de esos actores, casi sin excepción, actuó en el mundo real y pragmático y no en el de las conjeturas, las entelequias y los idealismos.Las consecuencias de esa subordinación e incondicional dependencia es sin duda la elocuente pobreza de hoy.Los panameños, dueños nominales de uno de los recursos más importante de la región y probablemente del mundo, habitamos un país donde la pobreza alcanza un poco más del 40% de la población.Economistas y ensayistas han identificado 4 Panamá diferentes.En primer lugar, un país transitista hegemónico estrechamente vinculado al primer mundo, a veces insensible, egoísta y soberbio, al cual no podemos renunciar y que debe constituir el eje articulador del crecimiento económico y la integración nacional.En segundo lugar, un proyecto de país agroindustrial, muy rezagado con respecto a otros de la región por razones históricas mensurables.En tercer lugar, un país marginal en acelerada fase expansiva (y esto es lo peligroso porque el sistema de códigos culturales alternativos que lo sustentan, alimentado por el clientelismo paternalista de las últimas décadas, amenaza con crear, mucho antes de lo que podríamos imaginar, escenarios insurreccionales multitudinarios).En cuarto lugar, hay un país excluido en donde cerca del noventa por ciento (90%) de la población, mayoritariamente indígena, vive en pobreza extrema.Se deduce, en consecuencia que algo estuvo mal por aquellos tiempos y sigue estando mal cien años después.Nadie a estas alturas, podría negar sin ruborizarse, que los panameños heredamos una república dependiente y mediatizada.Y la mejor prueba de esa medianía y dependencia esta implícita en nuestra propia historia.De allí que durante los últimos cien años, los panameños a lo largo de varias generaciones y después de mucha sangre derramada, y con muchos muertos de por medio, se logró alcanzar la descolonización y, por otro lado, importantes conquistas sociales, económicas y culturales.Se trata de una historia imposible de ocultar porque todos, de una manera u otra, hemos sido testigos y protagonistas.Sin una recuperación veraz del pasado a los pueblos les cuesta mucho trabajo construir, no digamos su economía, si no la base filosófica y sociológica de su identidad y futuro.La falta de claridad con respecto a las raíces ontológicas de una nación, como bien pudo decir Ricaurte Soler jamás ha permitido a los liderazgos emergentes llevar la nave de la nación a puerto seguro.Sin pensar el país no habrá país.Habrá economía, gobierno, sistemas judiciales y represivos, relaciones internacionales, pero no habrá país en el sentido estricto de la palabra y como yo lo entiendo, coherente, como una línea trazada al infinito.El conocimiento de la verdad es la mayor libertad, y por eso los pueblos se agigantan cuando su juventud, esta vez representada por sus estudiantes no se conforman con las verdades cosméticas, como bien dijo Omar Torrijos.Los jóvenes están obligados a buscar las razones verdaderas en el pasado para regenerarse y construirse.Educación, ciencia y tecnología además de ser herramientas contra el desempleo deben reforzar la permanente voluntad por aprender y por ser responsables.Comparto el optimismo del Sr.Presidente Lic.Martín Torrijos de que se vislumbran mejores días para Panamá.Sin embargo, la impaciencia legítima de los que padecen por falta de soluciones reviven las sospechas ofensivas y los reproches.Mientras se concretan esos planes nos vemos obligados a preguntar: ¿Por qué no abordamos sin más dilación la confección de una agenda compartida? Ante lo complejo y gravedad de los problemas: ¿Por qué no construimos un nuevo pacto social que convierta a los diversos sectores sociales del país (empresarios, trabajadores, marginales, excluidos y demás) en agentes de cambio, y dejen, de esta manera, de ser simples querellantes y se conviertan en parte de la solución? ¿Por qué no recurrir a la base de la sociedad, a las comunidades, a cada uno de los corregimientos para impulsar, entre otros, los programas de salud, vivienda y educación? ¿Por qué no somos proactivos y dejamos de reaccionar o estar detrás de los problemas? ¿Por qué no recurrimos a todas las congregaciones religiosas, organizaciones cívicas para concertar acciones capaces de frenar la violencia delincuencial y la drogadicción? ¿Por qué no comprometer a todos los sectores sociales en la erradicación de la pobreza? ¿Por qué no permitimos que ese nuevo pacto social genere una nueva cultura que dignifique a los panameños? ¿Por qué no? ¿Qué no los impide?Pero el debate jamás debe ser excusa para evadir las responsabilidades inmanentes a las demandas de la vida y del desarrollo humano.El país existe y debe existir por encima de las coyunturas, las "rabias" y las diferencias conceptuales y las mentes más lúcidas y los espíritus más comprometidos de nuestra época, aún cuando sus ideas en relación con el origen de la nación y la solución de los diversos problemas sociales, económicos y políticos sean divergentes, no deben cerrar los espacios para la concertación.Ninguna de nuestras dos emancipaciones, la de 1821 y la 1903, ha ejecutado con éxito un programa sustentable de desarrollo, justicia social y equidad.Esa deuda social convertida ya en desafío, abre, todos los días, una crisis de expectativas.La desatención de los reclamos ciudadanos liquidan por esa vía las esperanzas.El 31 de diciembre de 1999 es percibido por muchos hijos de nuestro país como una tercera independencia.Por ello, creo que esa percepción entraña la oportunidad de construir una sociedad más humana y solidaria.Y esta sería, sin duda el mejor tributo a aquellos hombres y mujeres que nos legaron esta bella patria.Entonces y sólo entonces la patria además de recuerdos y senderos retorcidos...y además de tantas cosas bellas como cantó el poeta, también sería un sitio mejor para la vida.Muchas gracias.