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Periodismo: prédica y ejemplo

Por Julio Bermúdez Valdés - Publicado:
Pese a los siglos perduran las diferencias en el concepto de educar , de griegos y romanos, sin que por ello pueda atribuírsele adjetivos definitivos a sus respectivas escuelas.

En tanto que para los primeros se trataba de extraer lo mejor de cada persona, colocándola en condiciones de desarrollar todo aquello de lo que era capaz, para los segundos era conducirlo, guiarlo, darle un conjunto de normas que pulieran su conocimiento y su conducta.

Pese a los siglos, repito, la combinación de ambas propuestas parece lo más acertado, sobre todo cuando tales condiciones se reúnen como cualidades en determinadas personas.

Educar, forjar los nuevos hombres en especialidades tan debatidas y polémicas como el periodismo, orientándolos para extraer de ellos lo mejor, no es tarea fácil, pero habrá que subrayar la virtud de aquellos que con vocación sostenida lo ejercen de manera efectiva, y que por lo mismo dejan su impronta, en escenarios y actores.

Indalecio Rodríguez Sánchez, por ejemplo.

Cuántos de aquellos que hoy ejercen esta profesión en Panamá, preguntaría, asistieron a sus incansables prédicas, dentro y fuera de las aulas de nuestras principales universidades, en seminarios-talleres; cuántos compartieron con él jornadas, o tuvieron el privilegio de una conversación directa.

El pasado 13 de noviembre, cuando celebramos en Panamá el Día del Periodista habían transcurrido cuatro años, cuatro meses y 27 días, desde aquel tercer domingo de junio cuando, inconclusa la jornada, su corazón se detuvo en medio de una lectura, al final de, televisado, un juego de ese fútbol que lo atrajo desde joven, y desbordado de cariño por hijos y nietos.

¿Jornada inconclusa? Sí, porque era un artesano sin horario, un referente inagotable de memoria prodigiosa.

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y malicia periodística innata.

Hace 21 años - ha recordado hace algunos meses el destacado periodista y docente Rafael Candanedo- Indalecio asistió a una recepción en la sede de la Embajada de Colombia en esta ciudad.

Aún no habían ofrecido las copas de vino, cuando el agregado militar le informó al entonces corresponsal de la Associated Press que una avioneta con matrícula colombiana se había accidentado en la selva de Darién.

Y que no se sabía la identidad de los ocupantes.

A requerimiento del periodista, el coronel le leyó los números de la matrícula de la nave.

Una fuerza extraña movió a Indalecio del cóctel hacia su oficina en la Associated Press, localizada en el sótano del edificio Prosperidad, en Vía España.

Confrontó sus datos y dio la primicia internacional del accidente y muerte, el 31 de enero de 1984, de Jaime Bateman Cayón, fundador y líder del grupo guerrillero colombiano M-19.

Quien no lo conocía podía imaginarse que se trataba de un panameño de siempre, no de un ciudadano colombiano que llegó a Panamá en agosto 1963 con Margarita, su esposa, y con sus tres hijos pequeños, en el instante en que Gil Blas Tejeira dirigía la Escuela de Periodismo de la Universidad de Panamá.

Fue Eduardo Ritter Aislán, a la sazón diplomático de Panamá en Colombia, quien lo recomendaría para que ayudara en esa labor, después de un llamado de la profesora Mélida Sepúlveda.

Uno de los elementos claves en el ejercicio de un periodista es el bagaje y la información de referencia que posea, y el entorno familiar de Indalecio Rodríguez Sánchez, así como su apego a los estudios y la lectura, le dio una sólida formación cultural y académica.

"Indalecio fue uno de los seis hijos del matrimonio conformado por Indalecio Rodríguez Jiménez y Maria Sánchez Luque; él, un abogado que llegó a ser Magistrado de la Corte, y ella prima hermana del primer Cardenal que tuvo Colombia" , dijo a Semblanzas Margarita Lugari de Rodríguez, una colombiana de raíces italianas, natural de Popayán, y que cuatro años después de la partida del profesor, navega en medio de sus papeles, clasifica documentos, rastrea escritos y trata, -con relativo éxito, según nos dijo-, de inventariar la extensa obra del hombre con quien compartió la vida durante 45 años.

Semblanzas: ¿Y los niños? MLdeR: Nacieron inmediatamente.

Yo me casé el 3 de enero de 1958 y primero, ese año, nació María Soledad, a los dos años Guido, y a los dos siguientes Juan Carlos.

Los dos primeros son abogados y el tercero publicista.

Indalecio nació en Tunja, en el departamento colombiano de Boyacá, el 7 de abril de 1932, y aun cuando se recibió como abogado en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, mucho antes que las ciencias políticas y jurídicas, visitaba imprentas, escribía artículos, y daba contenido a lo que él mismo definiría mas tarde como manifestación de un periodismo genético .

Antes de su arribo a Panamá ya su nombre había figurado en varios periódicos colombianos, El Tiempo , entre ellos, y del cual sería, desde el Istmo, corresponsal la mayor parte de su vida.

Así que cuando llegó aquí, además de un abogado con experiencia, era un periodista reconocido.

Cuando reabren la Universidad de Panamá en 1969, tras el golpe de 1968, el entonces Rector Edwin Fábrega lo nombró Director de la Escuela de Periodismo.

Habían pasado casi seis años desde su llegada a Panamá, y en ese período había logrado consolidarse como docente y periodista.

En un aporte a la memoria histórica del periodismo en Panamá publicó en 1981 un trabajo titulado Los Estudios de Periodismo en Panamá, historia breve del surgimiento y desarrollo de la Escuela de Periodismo en nuestra Alta Casa de Estudios: "El primer Director de la Escuela fue Don Gil Blas Tejeira, en calidad de profesor extraordinario, quien en 1961 rigió la cátedra de Introducción al Periodismo.

La otra asignatura técnica del plan de estudios del primero año era Periodismo Informativo I, para la cual fue designado el Dr.

Carlos Rangel (.

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) Al iniciarse el segundo año de actividad de la Escuela, en mayo de 1962, el Profesor Tejeira dictaba además de la asignatura "Introducción al Periodismo", la de "Redacción Periodística".

El Dr.

Eduardo Ritter Aislán fue designado como profesor de "Periodismo Informativo I y II".

"Más adelante indica que "Cuando la Universidad fue reabierta en junio de 1969 la Decana de Humanidades Doctora Aura Lescure de Russo encomendó al autor la tarea de poner nuevamente en funcionamiento la Escuela de Periodismo.

Fue una labor compleja, en la que se salió airoso gracias al entusiasmo de cuantos en ella participaron".

Tras la reestructuración de su Plan de Estudio en 1970 -explica- la Facultad estableció en cuatro años la duración de todas las carreras impartidas en ella.

¿Pero cómo podría resumirse el pensamiento del profesor Indalecio? Designado Ombudsman del lector en un diario de la localidad, sus conceptos aparecen distribuidos en varias de aquellas columnas, donde se ocupa en cada caso de aspectos correspondientes.

Sobre la palabra escrita afirma que "impone al periodista un cuidado extremo que quizás no sea tan explícito en la radio o en la televisión, dado que "las palabras vuelan" y que de la imagen solo nos queda, a menos que grabemos el contenido de la televisión, las crueles indiscreciones con que todo movimiento es transmitido a través de la pantalla hacia la mente ultrarreceptiva del televidente.

Para Indalecio Rodríguez "El ejercicio de la profesión de periodista presenta desde las primeras experiencias un gran número de sorpresas.

Para un joven egresado de la Universidad, que da sus primeros pasos en este oficio es casi abrumador descubrir que muchas puertas se abren y muchas oportunidades se presentan a quienes están revestidos de esa tarea (.

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)Por el camino de empezar con una autocrítica que nos refuerce la autoridad para examinar la conducta social en torno nuestro, hemos de reconocer que dentro de la profesión periodística actúan - como en todas las profesiones- los aprovechadores que pasan por encima de los dictados de la ética y a quienes no importa mayormente la condena moral que cae sobre su conducta censurable".

Y es que la personalidad que nos ocupa, que no fue demandado en momento alguno de su carrera por presuntos ni supuestos, era del criterio de que "No puede haber leyes que protejan al periodista.

Las leyes tienen y solamente pueden proteger a la sociedad, del mal ejercicio del periodismo", y añadía que "se ha creado la idea completamente equivocada de que debe haber una ley para proteger a los periodistas, como si existieran leyes para proteger a los médicos y una ley para proteger a los abogados".

Indalecio Rodríguez Sánchez no fue solo el periodista en acción o el docente reconocido, sino también una personalidad a consultar por las esferas menos sospechadas.

Los embajadores norteamericanos, por ejemplo, para los cuales hacía balance sobre la realidad nacional, o para figuras de organismos internacionales y diplomáticos.

En el ejercicio de la profesión Rodríguez Sánchez laboró con un número plural de medios escritos y radiales, y con agencias internacionales que van desde El Siglo y El Tiempo de Bogotá, hasta el World Forum " de Londres, pasando por The Associted Press, The Lain American Time, la BBC de Londres, Radio Sutatenza, Caracol, Agencia Efe-Televisión, ABC Network, el Universo de Guayaquil; fue Coordinador de Información Internacional de la conferencia de Puebla, Coordinador de la VII Cumbre Internacional de Primeras Damas en octubre de 1997, evento en el cual quien suscribe este articulo laboró como su Sub Director.

Fue portavoz en acontecimientos verdaderamente relevantes.

Fue recibido y comulgó en dos ocasiones de la mano del Papa Juan Pablo Segundo.

Su esposa recuerda que con lo de la invasión, aquí, en la casa hubo una reunión de varios, como él era presidente de los corresponsales de prensa extranjera, hubo una reunión aquí de varios periodistas, vinieron de varias partes; los de aquí también, yo no hablo ingles, entiendo una que otra cosa, y había uno del Chicago Tribune que hablaba español, y entonces de la curiosidad le dije que de tanto rumor la invasión iba a venir, y entonces me dijo: "la invasión viene y viene pronto", y fue un mes antes.

La noche del 19 de diciembre de 1989, amanecer 20, Indalecio Rodríguez transformó a azotea del edificio donde aun queda su residencia en su oficina de trabajo.

Vista de allí la acción de los aviones y helicópteros norteamericanos sobre el bario del Chorrillo, junto a sus hijos filmó los acontecimientos y como en otros momentos, el nueve de enero de 1964 por ejemplo, cuando recién había llegado al país, se transformó en una voz que revelaba al mundo lo que acontecía en el Istmo.

Comúnmente se atribuye al Libertador Simón Bolívar aquella afirmación de que no importa dónde se nace ni dónde se muere , sino por qué se lucha.

Acertada, porque el cariño es una construcción de todos los días, una inversión de esfuerzos, de voluntad, de interés en los escenarios en que nos toca sembrar…y las decisiones personales, aquellas que deciden nuestros rumbos serán larga o cortamente meditadas, pero no habrá dudas de la gran dosis de sinceridad y de sentimientos que conllevan.

Un día de 1990, 27 años después de haber llegado a Panamá, sin haber roto sus vínculos y su amor por Colombia, Indalecio Rodríguez Sánchez se encaminó hacia el Tribunal Electoral, y ante uno de los Magistrados de esa Institución hizo una emocionada sustentación sobre los motivos que lo llevaban, en aquella fecha, a pedir su nacionalización como panameño.

Una decisión de dos vías, porque si bien ya era evidente la inserción del profesor en el alma misma del país, también era cierto el que nuestra sociedad se había internado en la suya.

El domingo en que murió se preparaba para una reunión con ejecutivos del periódico La nación, de Costa Rica; Indalecio era en ese instante Director de semanario Capital Financiero .

"Yo estaba en Coronado, pero el único Seguro Social cerca, era el de San Carlos, que era un cosa que pues, qué recursos hay; no teníamos alerta, y no se pudo hacer nada; ya Guido se había regresado y Juan Carlos lo llamó por celular, y se tuvo que devolver.

Yo le había dicho "Indalecio vamos a bañarte al mar", pero el dijo "mañana que no tengo que trabajar" y de hecho tenía dos maletines, porque venia la Nación de Costa Rica, tu sabes que eso era de Costa Rica, el periódico.

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", recuerda Margarita en un tono, que pese a los años revela angustia e impotencia, y otra vez vuelve a ensayar aquellas cosas que se hubieran podido hacer para mantenerlo con vida.

De ironía fina y certera, el veterano periodista valoraba con particularidad las enseñanzas y las experiencias.

En una de sus columnas de Ombudsman señalaba que "Parece aconsejable que, de vez en cuando, revisemos papales y anotaciones viejas, para iluminar con la voz de la experiencia las situaciones nuevas.

Esto tiene como propósito alertar a las nuevas generaciones sobre las consecuencias que ello pudiera llegar a tener, y a sabiendas de que no siempre hay receptividad para escuchar esa voz…"Pero si en lo profesional y académico, Indalecio Rodríguez Sánchez dejó una impronta, no es menos esta condición en el terreno familiar y hogareño.

O con el amplio abanico de amistades que supo cultivar.

Mi padre se cuenta entre ellos.

De estas últimas tanto su esposa como el Catedrático Rafael Candanedo recuerdan que por ese conocimiento extraordinario que tenía de las escrituras y la iglesia le llamaban en broma: Monseñor .

El Doctor Ricardo Arias Calderón, de quien fuera amigo entrañable, le decía al encontrárselo: "¿Cómo está Monseñor?" , y él respondía: "muy bien Su Santidad" .

Margarita lo describe como verdaderamente ensimismado a la hora de trabajar, pero cuando algún defecto no podía ser atendido por el fontanero, aunque le tomara tiempo, él mismo lo resolvía.

Fue importante para la preparación de esta Semblanza formularle una consulta a uno de sus hijos, el abogado Guido Rodríguez, ahora responsable de este diario en el que laboramos, y entender que la seguridad que sembró en ellos, su descendencia, lo trasciende: Semblanzas: ¿Cómo describirías a Indalecio en su papel de Padre?".

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no solo fue mi consejero de cabecera, mi guía intelectual y un ejemplo a seguir.

También fue un amigo al que podía recurrir en momentos en que lo necesitaba.

Fue adicionalmente un amigo de mis amigos y a todos les brindaba el cariño y el consejo que un padre daría a sus hijos.

Así me lo dejaron saber varios de ellos cuando supieron de la noticia del deceso de Don Indalecio.

Hombre cuya mayor ambición, fue que sus hijos recibiéramos una educación que nos sirviera para el futuro.

Su cultura, su intelecto, su amor por la Opera y por la música clásica, realmente me dejaron una marca indeleble.

Cuando terminé el bachillerato y tuve que enfrentarme a la decisión de escoger una carrera, y ante las dos opciones que le dije me gustaban, Biología Marina y Derecho, el me simplemente me dijo: Creo que ambas son bonitas profesiones, no dudo que la Biología Marina para Panamá tendrá gran aplicación y podrás hacer aportes importantes.

El Derecho es una carrera que te podrá servir también para la vida, no solo para ser abogado sino para cualquier disciplina.

Luego de meditarlo un tiempo, le dije que había escogido el Derecho y así fue.

Siempre recibí su apoyo durante mis estudios y nunca intervino en las decisiones sobre los trabajos que acepté, como banquero, luego como servidor público auditando el recién revertido Canal de Panamá y por último como Adjunto del Defensor del Pueblo.

Sin embargo, estoy convencido que la labor que más orgullo le hubiera dado, en caso de haber vivido para verla, es la de Director de un diario tan prestigioso como el Panamá América .

Sé que desde el cielo, debe sentirse orgulloso, y sé que cuento con su protección".

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