economia
Adolescentes rebeldes, vándalos de internet
Roberto Acuña - Publicado:
Se hacen llamar Spyder, Mafiaboy, o cualquier otro nombre que huela a rebeldía adolescente.Joven y varón, inseguro pero con las hormonas activas, así es el perfil típico de los cibervándalos que en el espacio de apenas tres meses cubrieron de nubes el cielo azul de la Internet.Los expertos dicen que el motor de sus actos de sabotaje no es el beneficio económico sino la emoción de ver sitios de Internet paralizados o millones de pantallas borradas por un programa de su creación, equivalente cibernético de pintarrajear grafitti en los vagones del subte."Lo que los cibervándalos buscan antes que nada es que sus virus merezcan el reconocimiento de sus pares", dijo Alex Shipp, jefe técnico de MessageLabs, una empresa británica de seguridad informática.Shipp está en condiciones de opinar: MessageLabs afirma ser el primer equipo del mundo que detectó y neutralizó el llamado "virus del amor", que creó el caos en unos 10 millones de computadoras de todo el mundo, entre ellas las de la Casa Blanca, el Congreso y el Pentágono, además de los parlamentos británico y danés.Ese ataque y otros parecidos lanzados a través de la Internet iban a ser analizados por expertos del Grupo de los Ocho en delitos informáticos, durante una reunión de tres días que debe comenzar el lunes en París.Shipp dijo que el perfil típico de un saboteador cibernético es el de un "joven, muy inteligente, que no tiene un buen empleo, y que quiere el reconocimiento de sus pares.Los cibervándalos se comunican entre sí y comparan sus virus".Los vándalos se diferencian de los hackers, que se ven a sí mismos como un club intelectual cuyos miembros disfrutan del reto de ingresar furtivamente a un sistema de computación, escudriñar su contenido, y retirarse sin dejar rastros.Algunos de ellos llegan a ser tan habilidosos que las empresas los contratan para que analicen sus sistemas y encuentren el lado flaco de su seguridad.En la cultura tribal cibernética, a éstos se los conoce como "bonetes grises", por oposición a los "bonetes negros" (los marginales) y los "bonetes blancos" (la policía).Miran con desdén a los jóvenes que arman programas simples del tipo que saturó sitios comerciales en febrero o, como el "virus del amor", que se apoderan de archivos de correo electrónico y los usan para reproducirse por todo el mundo."Lo que los cibervándalos buscan es el virus que haga más daño y golpee a la mayor cantidad de países", dijo Shipp."El virus del amor tomó cosas prestadas de muchos virus que andan por allí y le agregó una pizca de astuta ingeniería social, de modo que cumplió perfectamente los requisitos", dijo Shipp.