Mayo prefirió el pincel al piano
Mayo Hassán canta y baila muy bien. Él estudió piano en el Conservatorio. Pero la pintura se impuso. Expondrá en Tel Aviv.
Siempre le gustó dibujar y pintar. Pero cuando egresó del Nido de Águilas -es de la promoción de 1957- optó por matricularse en arquitectura. Solo llegó a tercer año. Era malo en matemáticas.
Tomó algunas clases de pintura con el maestro Juan Manuel Cedeño, quien lo alentaba diciendo: “Mayo, tienes talento, ¿por qué no vas a la escuela de Bellas Artes?”, consejo que siguió.
“Me fui entusiasmando y demostré que sí tenía madera. Comencé a pintar y a trabajar en un negocio familiar. Además de Cedeño, tomé clases privadas de pintura con Juan B. Jeanine y su esposa, doña Amalia, quienes pusieron una academia en su casa. Allí fue que desperté y comenzó mi intención de estilizar la figura, ya que ella me decía que tenía talento, pero debía irme por una corriente”.
En 1980 hizo su primera exposición. Fue en Arte Mundial, galería cercana a la Universidad de Panamá. En la calle donde está la Universidad Interamericana. Eran solo plumillas. Veinte.
Es que solía pintar como pasatiempo y regalar sus cuadros a sus amigos o venderlos por una bicoca. Ellos los iban a enmarcar en esa galería y un día la dueña lo instó a exponer.
La noche de la exposición se vendieron más de 10 cuadros. El resto, en la primera semana.
Mayo siente que su arte ha sido bien acogido. Ha expuesto en seis individuales y en más de 50 colectivas, en América, Europa y Asia.
En cuanto a gustos, ama la naturaleza, el campo. Lee a García Márquez. Califica de “¡grandiosa!” su relación con Dios. Es comelón y le fascina la música de la vieja guardia. Le emociona escuchar cantar a Roberto Carlos y a Juan Luis Guerra.