María Esteve: 'El riesgo no es la existencia de la IA'
Frente al avance de las fake news, advierten que el éxito de las nuevas tecnologías dependerá de la responsabilidad humana para alimentarlas.
A través de herramientas analíticas de Inteligencia Artificial, las organizaciones actuales logran medir la tensión emocional en redes sociales. Foto: Pexels
La gestión de la reputación corporativa e institucional ha dejado de ser un asunto de intuición para convertirse en una disciplina científica. En el entorno digital actual, la Inteligencia Artificial (IA) y el análisis masivo de datos se han consolidado como herramientas indispensables para que las organizaciones comprendan el contexto de su actividad, optimicen sus estrategias y tomen decisiones de manera más ágil y asertiva.
Para María Esteve, socia de la firma global de consultoría Llorente y Cuenca (LLYC), el verdadero valor de la tecnología radica en su capacidad para rastrear el comportamiento humano. "En términos generales, la tecnología nos está permitiendo identificar comunidades de personas y cómo interactúan alrededor de los temas que les interesan, y eso nos permite entender la conexión con las audiencias".
Uno de los mayores aportes de las herramientas analíticas es la capacidad de inyectar objetividad en momentos de alta tensión.
A través de agentes automatizados que capturan información ad hoc, la IA puede desglosar las interacciones entre grupos de interés, rastrear narrativas que se están enquistando sean verdades a medias o mentiras y medir con exactitud el tamaño de las audiencias impactadas.
Este análisis algorítmico es crucial para evitar respuestas corporativas desproporcionadas.
"Muchas veces sentimos que tenemos una crisis, pero el correr datos nos permite dimensionar si realmente estamos frente a una crisis, frente a un riesgo, o ante un sencillo rumor que no va a trascender", señaló Esteve.
Al comprender el panorama real, las empresas no solo protegen su negocio, sino que incluso pueden identificar detractores, entender sus motivos y tender puentes de comunicación con ellos.
Además, las nuevas herramientas han superado la barrera del análisis plano de comentarios "positivos o negativos". Hoy, los agentes inteligentes son capaces de descifrar la intencionalidad y medir la tensión emocional detrás de cada expresión digital, ofreciendo a los líderes de una organización un diagnóstico preciso del entorno que enfrentan, manifestó la especialista.
Desinformación y responsabilidad humanaA pesar de estas bondades para optimizar y agilizar la comunicación de las empresas, Esteve es enfática al decir que los verdaderos riesgos del entorno digital no provienen de las máquinas, sino de la propia interacción humana.
"La tecnología por sí sola no es un riesgo; el riesgo es cómo la usamos, la aprovechamos y la orientamos al servicio de las sociedades", afirmó.
El peligro real, advierte, surge cuando el profesional que interactúa con los algoritmos no lo hace de manera inteligente o carece de sentido común.
La ejecutiva reconoce que la IA ha profundizado y maximizado el fenómeno de las fake news, pero recuerda que la tecnología es un arma de doble filo: Esa misma tecnología nos permite intervenir más y mejor en la desinformación porque, si abres una aplicación, puedes ser más asertivo.
Dado que las inteligencias artificiales generativas se nutren exclusivamente de las fuentes con las que la humanidad las alimenta, la veracidad y la sostenibilidad del sistema siguen estando bajo control humano.
"Tenemos que asegurarnos de que lo que las alimenta es real, correcto y que es constante y recurrente el acceso que ellas tienen a información real", puntualizó Esteve.
La evolución de la IA avanza a pasos agigantados y su destino final estará supeditado al comportamiento, el apetito y la responsabilidad de los usuarios y consumidores.
En última instancia, la tecnología ofrece una oportunidad sin precedentes para objetivizar el contexto, pero el éxito de su integración dependerá siempre de que la humanidad no delegue su facultad más importante: el sentido común.