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Cuando el Opus Dei llegó a Panamá
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Una gigantesca muchedumbre de más de trescientas mil personas acudió a la Beatificación de Monseñor José María Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei, presidida por Juan Pablo II el 17 de mayo de 1992.Junto con el ambiente de piedad, una alegría serena y contagiosa invadió el ambiente.Gentes de más de 80 países de todo el mundo donde el Opus Dei realizaba su labor apostólica asistieron a la ceremonia.Aún no había llegado la hora de Panamá, pero estaba muy próxima.Años atrás, desde Panamá, algunas personas amigas nos urgían a comenzar el trabajo de establecer el Opus Dei en el país.Desde los primeros viajes que hicimos al Istmo, nos llamó poderosamente la atención dos cualidades que notamos enseguida de los panameños : amistosos -buenos anfitriones- y alegres.¿Con qué nos encontramos desde el principio ? Mons.José Dimas Cedeño nos recibió dando muestras de gran cariño y nos alentó a que conociéramos el país y sus gentes ; le hicimos caso y muy pronto conocimos Colón, Chitré y Las Tablas, obviamente pasando por Guararé y un pueblito llamado Pesé.Conocimos personas generosas con grandes deseos de sacar adelante iniciativas por el bien de los demás y de ser buenos hijos de la Iglesia Católica ; panameños que al entrar en contacto con nosotros fueron conociendo a fondo el espíritu del Opus Dei, descubriendo así un panorama "viejo y nuevo como el Evangelio" que los moví a santificar el trabajo y las realidades ordinarias de su vida ; a encontrar a Dios en las cosas más comunes y corrientes.Fueron conociendo los escritos de Mons.Escrivá, entre ellos Surco, Camino y Forja, tres libros de espiritualidad cristiana.Escribía el Beato Josemaría : "quería escribir libros de fuego, que corrieran por el mundo como llama viva, prendiendo su luz y su calor en los hombres, convirtiendo los pobres corazones en brasas, para ofrecerlos a Jesús como rubíes de su corona de Rey" (J.Escrivá de Balaguer, 7-VIII-31)."Quiero que estés siempre contento, porque la alegría es parte integrante de tu camino.-Pide esa misma alegría sobrenatural para todos" (Camino n.665).Y con esa alegría y con confianza en Dios nos pusimos a trabajar para implantar el Opus Dei en Panamá pensando que ya había mucho adelantado sólo por el hecho de que los panameños -por lo menos los que conocimos al principio- estaban siempre visiblemente contentos.Nunca olvidaré al médico chiricano que al recogernos en el aeropuerto de Tocumen iba vestido de traje entero, elegantísimo, y con su gorrito del uniforme de beisbal de Chiriquí pues el día anterior habían quedado campeones.Se me quedó grabada la simpatía de los taxistas que conocimos en los primeros meses y la devoción al Beato Josemaría que fueron adquiriendo al rezar la estampa con la oración que se reza pidiendo su intercesión.Gocé mucho con la ocurrencia de uno de nuestros amigos, ya un señor mayor, que cuando le preguntaron la razón de por qué en la Obra los medios de formación espirituales se dan por separado a hombres y mujeres contestó con gran agudeza "primero porque así lo quiso el Fundador y segundo porque después de lo que pasó con Adan y Eva...es mejor que estas cosas las reciban separadas".Quizá no dio una explicación a fondo, pero se notó una "chispa" muy de Panamá y el que preguntó se consideró respondido.Cuando llegó la hora de las horas, el momento de adquirir un "pedacito de suelo" en donde poder apoyarnos y trabajar con universitarios, no dudaron los panameños en asumir los préstamos y el peso económico de la labor que sacaríamos adelante entre todos.Sin medios, con buen humor y con algunas promesas endebles de ayuda, nos lanzamos a conseguir el inmueble donde actualmente se encuentra el Centro Universitario Entremares -nombre sugerido por un panameño-.Pensaban que era una locura pero hicieron suyo el proyecto y con el esfuerzo de ellos hoy día es un Centro donde viven residentes del interior del país que estudian en las principales universidades y donde acuden muchos otros universitarios y profesionales a formarse espiritualmente.En su tiempo libre los universitarios desarrollan proyectos de cooperación en zonas de escasos recursos de la periferia capitalina y en el transcurso de 1999, junto con universitarios de otros países, a proyectos asistenciales dirigidos a paliar las necesidades de los afectados por el huracán Mitch en Nicaragua.Son miles las anécdotas que podría contar sobre los primeros pasos que dimos en Panamá : del viaje que hicimos para conocer las esclusas de Gatún, de cuando un amigo que trabaja en la PTJ se empeñó en llevarme a tomar sopa de pato a una especie de "Chinatown" del Casco Viejo, de nuestro amigo Hindú, buen comerciante que nos vendió los primeros muebles y del panameño que les donó, de la visita que hicimos a un empresario judío que nos ofreció la ayuda necesaria para iniciar un colegio -por supuesto, algo imposible de acomenter en aquellos momentos-, pero no es este el lugar para comentarlas.Por supuesto, los panameños cantan y bailan quizá más de los que estamos acostumbrados en nuestros países de origen, pero en palabras de Juan Pablo II, el que canta reza dos veces y el que baila reza tres veces.¿Que no se toman en serio las cosas los panameños? Lo que he vivido en los comienzos de la labor estable del Opus Dei en Panamá es que son gente que cuando empiezan a conocer un ideal saben poner el corazón y cuando lo entienden, aprenden a dar la vida y alegremente.Termino con un punto de Surco (n.54) que a todos nos viene bien: "Un consejo, que os he repetido machaconadamente: estad alegres, siempre alegres.-Que estén tristes los que no se consideren hijos de Dios".