El absurdo del ser humano: proyecto sin fin
El absurdo del ser humano: proyecto sin fin
De acuerdo con el pensamiento de Jean-Paul Sartre, el ser humano está condenado a ser libre y, por ello, permanece en constante construcción. No nacemos con una hoja de ruta que determine quiénes seremos ni cuál debe ser el propósito de nuestra existencia. Cada persona construye, mediante sus decisiones y acciones, un proyecto de vida que difícilmente llega a un cierre definitivo. Una vez alcanzada (o incluso cuando no se alcanza) una meta largamente anhelada, suele surgir un nuevo propósito que nos impulsa a continuar. En ese sentido, somos una contradicción viviente: buscamos aquello que creemos que nos completará, pero al alcanzarlo descubrimos que queda algo pendiente.
Por su parte, Albert Camus planteó que el absurdo surge de la confrontación entre nuestra necesidad de encontrar sentido y un mundo que no necesariamente ofrece respuestas definitivas. Reconocer esta tensión no significa renunciar a vivir, sino asumirla con lucidez y continuar construyendo nuestra existencia. Desde esta óptica, pueden sintetizarse tres elementos centrales para asumir la libertad:
- Crear un sentido propio. Al no nacer con un manual que determine cómo debemos vivir, corresponde a cada uno construir un propósito y orientar su existencia hacia él. Nuestras decisiones contribuyen a definir quiénes somos y, por tanto, implican responsabilidad.
- Asumir la angustia sin engañarse. Ser libres implica reconocer que no siempre alcanzaremos aquello que deseamos. Debemos evitar refugiarnos en el conformismo o justificar lo que no hicimos apelando exclusivamente al destino o a las circunstancias. La madurez también consiste en aceptar lo que no podemos cambiar y actuar sobre aquello que sí podemos transformar.
- El compromiso. Si nuestras acciones nos definen, debemos asumir la responsabilidad por ellas. La libertad nos compromete con los demás, con la sociedad y con nuestro entorno. Por ello, nuestros principios y valores deberían orientarnos hacia decisiones coherentes y responsables.
Ser un proyecto sin fin, más que un absurdo, puede ser una motivación para vivir, aprender y avanzar. No todos debemos pensar o actuar igual, pues cada persona posee circunstancias y aspiraciones diferentes. Si nuestra existencia es un proyecto permanentemente abierto, también debemos preguntarnos hacia dónde queremos orientarlo y qué huella deseamos dejar. Para que ese proyecto sea sostenible para nosotros mismos, nuestros modos de vida y el planeta, considero fundamental:
- Prepararse lo mejor posible. Procurar formarnos de acuerdo con nuestros intereses y capacidades, entendiendo que la educación nos permite comprender, decidir y transformar nuestra realidad. Querer es el primer paso, pero debemos crear las condiciones para lograrlo. Parafraseando a Maquiavelo, el fin puede justificar los medios, pero nunca a costa de la ética.
- Ser buen prójimo. Más allá de bienes, conocimientos o posición social, debemos tratar dignamente a los demás, practicando la reciprocidad y la benevolencia que promueven tanto las Sagradas Escrituras como el confucionismo y las artes marciales, particularmente el Karate Do.
- Ser leal con uno mismo. Convivir exige empatía, respeto y tolerancia, pero sin renunciar a nuestros principios e identidad. El reto está en equilibrar la sana convivencia con la autenticidad.
Quizás el verdadero absurdo no sea ser un proyecto sin fin, sino pretender estar completamente terminados. Mientras podamos aprender, cambiar y rectificar, siempre habrá algo por construir. Tal vez vivir consista precisamente en aceptar que nunca seremos una obra terminada y, aun así, continuar trabajando cada día para ser mejores. ¡Éxitos para todos!