Las cuentas individuales
La reforma al sistema de pensiones de la Caja de Seguro Social (CSS), consumada a finales de 2005, no solo significó, tal como lo hemos demostrado en varias ocasiones, la creación de las condiciones para la destrucción del sistema solidario de seguridad social, conocido como sistema de beneficio definido, lo que puso en peligro la jubilación de toda una generación. También instaló un nuevo sistema de pensiones, el cual bajo el título engañoso de sistema mixto, tiene su eje en las llamadas cuentas individuales.
Estas, si bien fueron introducidas por un gobierno del PRD (2004 - 2009), seguramente serán utilizadas por el actual gobierno del Partido Panameñista como excusa para evitar la necesaria solución solidaria a los problemas de la CSS. El argumento seguramente irá en la dirección de que estas cuentas son de estricta propiedad y beneficio individual de los asegurados.
Es, entonces, fundamental develar que se trata de un sistema que está lejos de beneficiar a la mayoría de los asegurados, los cuales reciben salarios relativamente bajos, al extremo de que en 2012, el 70.6% de los trabajadores recibían emolumentos de menos de $800.00 mensuales.
EL DINERO PASA A INVERTIRSE EN DIVERSOS ACTIVOS, POR LO QUE EL VALOR DE LAS CUOTAS AL MOMENTO DE LA JUBILACIÓN VA A DEPENDER DE... EL VALOR DE MERCADO DE ESOS ACTIVOS AL MOMENTO DE LA JUBILACIÓN, DE MANERA QUE SI ALGUIEN TIENE LA MALA SUERTE DE PENSIONARSE EN EL CONTEXTO DE UNA SITUACIÓN DIFÍCIL DE LOS MERCADOS FINANCIEROS, SIMPLEMENTE PERDERÁ PARTE DEL VALOR DE SU CUENTA INDIVIDUAL.
Para comenzar, se debe señalar que en el sistema mixto, la solidaridad se encuentra prácticamente invertida. En efecto, dada la forma de cotización contenida en la Ley 51, todo cotizante que gane $500.00 o menos mensualmente entrega el 100.0% de su cuota de invalidez, vejez y muerte al componente solidario del sistema mixto, por lo que no aportará nada a su cuenta individual.
Una persona con un sueldo de $1,000.00 mensuales aportaría el 63.0% de su cuota al componente solidario y apenas el 37.0% a la cuenta individual. En contraste, alguien con un salario de $10,000.00 al mes solo aportaría el 29.6% de su cuota al fondo solidario, de manera que 70.4% de la misma pasaría a su cuenta individual. Se trata, por tanto, de un sistema que rompe toda posibilidad de solidaridad intrageneracional. Es un esquema que repite entre las personas adultas mayores la sesgada distribución del ingreso que existe en el país.
EN SEGUNDO LUGAR, SI ALGUIEN TIENE LA MALA FORTUNA DE TRABAJAR EN UN PERIODO CARACTERIZADO POR TASAS DE INTERESES BAJAS, ENTONCES TENDRÁ UNA BAJA CAPITALIZACIÓN DE SUS FONDOS Y UNA JUBILACIÓN REDUCIDA.
Por otra parte, a diferencia del sistema tradicional que permitía que los asegurados quedaran relativamente protegidos contra los diversos riesgos, en el sistema de cuentas individuales, cada riesgo se hace estrictamente individual.
Muchas personas pueden pensar que en sus cuentas se van acumulando sus cuotas como en una cuenta de ahorros. Esto no es cierto, el dinero pasa a invertirse en diversos activos, por lo que el valor de las cuotas al momento de la jubilación va a depender de dos cosas. En primer lugar, del valor de mercado de esos activos al momento de la jubilación, de manera que si alguien tiene la mala suerte de pensionarse en el contexto de una situación difícil de los mercados financieros, simplemente perderá parte del valor de su cuenta individual. En segundo lugar, de los rendimientos (interés, dividendos, etcétera) que puedan generar los fondos invertidos.
Nuevamente, si alguien tiene la mala fortuna de trabajar en un periodo caracterizado por tasas de intereses bajas, entonces tendrá una baja capitalización de sus fondos y una jubilación reducida. Dado que, además, existe el riesgo de la inflación, entonces es posible que el nivel de esta supere la tasa de interés, lo que significaría que el valor real de las cuentas individuales caería en lugar de avanzar. No parece correcto calificar como sistema de seguridad social esta especie de lotería perversa, que si bien beneficia al capital financiero que utiliza los fondos, constituye un grave riesgo para la población en general.
Dado que, al momento de la jubilación la cuenta individual se va a dividir entre la esperanza de vida vigente en ese momento para la población, a fin de calcular el monto de la pensión, resulta que entre mayor sea esa esperanza de vida menor serán los ingresos mensuales que reciben los asegurados. Aparece entonces esa aberración que los financistas llaman “el riesgo de la longevidad”.
Se trata también de un sistema en el que, ya sea por desempleo o la necesidad, principalmente de las mujeres, de atender problemas del hogar, las personas tengan momentos en que no son capaces de cotizar, tendrán que asumir esto como un riesgo estrictamente personal, el cual se reflejará en pensiones bajas, carentes de toda solidaridad intergeneracional.
Desgraciadamente, nos encontramos frente a un sistema que difícilmente puede ser calificado de seguridad social. La lucha debe estar entonces dirigida a reintroducir a la solidaridad como el eje básico de todo el sistema.