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Reflexiones docentes en Año Nuevo
MEREDITH SERRACIN - Publicado:
Para ser hombre o mujer no basta con nacer, sino que hay también que aprender.La genética nos predispone a llegar a ser humanos, pero sólo por medio de la educación y la convivencia social conseguimos efectivamente serlo.En efecto, el destino del hombre y la mujer y el arraigo de la cultura ha sido, a lo largo de nuestras vidas, causa de nuestra indeclinable preocupación.Nos duele toda desviación de la conducta humana y nos apena todo desentimiento hacia las empresas nobles fundadas en los principios de la solidaridad, del respeto recíproco y de la mutua comprensión.Hay que tener presente siempre que la nación panameña es una suma de individualidades y será tanto más calificada cuanto mayor sea el número de sus individualidades dignas, cultas, responsables y correctas.La formación de la personalidad, en lo físico y lo moral, en lo intelectual y lo emocional, e incluso en lo psíquico, se inicia y culmina en la escuela.La escuela debe producir más que talentos, personas.Y las personas no se producen sin estímulos, sin consejos rectores y sin una aleccionadora ejemplaridad.Por eso, en el servicio público (ya en función de Presidente de la República, de Ministro de Estado, de Director, Gerente o Administrador, pero mucho más como rector de la Educación Nacional), hay que evitar a todas luces demostración de egoísmo.Y es que uno de los sentimientos más negativos del espíritu humano es el egoísmo, equiparable con la venganza, la maledicencia o la envidia.El egoísta (en la administración de la cosa pública, es sinónimo de nepotismo) es por esencia antisocial y, desde luego, no puede actuar apropiadamente en lo que al comportamiento humano respecta, quien no se siente identificado con el resto de la humanidad.Pero el egoísta no sólo se muestra entre quienes pueden dar y se abstienen de hacerlo, sino también en quienes pretenden recibir ayuda cuando no la necesitan, sólo para impedir que ella vaya a otro u otros más necesitados.Entendemos que, por encima de toda otra afirmación conceptual, el buen nombre personal es indispensable para una correcta actuación humana en el ámbito del comportamiento.Ni la menor mancha debe alterar la dignidad del hombre y la mujer.Y la honrosa nombradía no está dada por la prosapia ni los pergaminos sin por la hombría de bien.La fe en la palabra empañada, la responsabilidad en el compromiso y la veracidad en el juicio.No debemos olvidar por un instante, que el progreso cultural, social, técnico, económico y funcional de una nación (como Panamá) es elaborado a base de inteligencia y esfuerzos, pero ninguna nación es digna de llamarse culta, civilizada y evolucionada al carecerse de hombres y mujeres públicos correctos.En lo que atañe al educador panameño (maestro o profesor), éste no debe pensar sólo en mejoras materiales, debe, eso sí, estar convencido de que es el supremo artífice de la sociedad.Asuma el papel de transcendencia que le señalan las circunstancias y empeñe su capacidad, su fervor y su perseverancia en la grata tarea de hacer germinar en el alma del niño y del adolescente el íntimo y fundado anhelo de vivir con decoro, con nobleza, con esperanza y con sentido de patriotismo y de responsabilidad.De esa suerte contribuiremos a forjar seres rectos, voluntades sanas y mentalidades despiertas y críticas, componentes esenciales de una humanidad que maneja con mesura sus libertades, sobrepasa la carga de sus deberes y hace un culto inalterable de la venturosa solidaridad.¡FELIZ AÑO NUEVO 2001, PANAMA!