¿Todos llamados a la santidad?
Existe una idea muy generalizada de que sólo son santos aquellos que están en los altares. Los canonizados por la Iglesia. Y que son super héroes espirituales que nacieron así porque Dios los llamó y separó del resto de los mortales. Y por eso se les venera, se consagran iglesias bajo el patronato de sus nombres y allí tienen imágenes y altares dedicados a ellos. Se cuentan sus historias y se publican libros contando sus hazañas.
Pues esa es una imagen no muy completa de lo que significa ser santo. Es verdad que la Iglesia después de largos estudios, interrogando a los que conocieron a la persona y viendo la heroicidad de sus costumbres y teniendo la evidencia de un milagro que se le atribuye al santo, declara la santidad de una persona. Claro, hay que probar que es en verdad un milagro, se consultan médicos y al final se dictamina si fue o no milagro. Pero aparte de esta concepción de lo que es santidad, que es muy cierta, debemos ir a lo que significa ser santo para San Pablo. El llama 66 veces en sus cartas santos a los cristianos. Porque no concibe a un cristiano que no sea santo. Para él es lo mismo. Un cristiano es una persona consagrada por el bautismo a entregarse a Dios, a vivir según la voluntad divina, a desarrollar los dones y carismas al servicio de la Iglesia y de la humanidad. Es una persona que se suma a una comunidad cristiana y realiza una labor evangelizadora según sus capacidades y tiempo. Al final de cuentas es un ser que se convierte en alabanza de la gloria divina con su manera de actuar. Y eso lo puede hacer siendo carpintero, albañil, ingeniero, sacerdote, policía, maestra, doctora, marido, esposa, en cualquier profesión y ocupación. Y a un santo nos lo podemos encontrar en el autobús, en la calle, esperando una cita médica, viendo un partido de fútbol, o en su casa cuidando de un niño recién nacido. Lo podemos ver escuchando misa, limpiando una calle, o trabajando de camarero en un restaurante. Un santo es un testigo de Cristo en lo cotidiano del mundo. Es una persona que ama a Dios con todo su corazón y al próximo como a sí mismo. Que tiene presente a Dios en su vida; que confía totalmente en El. Que es persona de oración. Que vive la Eucaristía con devoción y es generoso y humilde. Un santo es consciente de que es miembro del Cuerpo de Cristo en la historia. De que tiene que cumplir una misión sagrada en la tierra. De que está en el mundo pero no es del mundo.