Ausencia, rigidez y un debut amargo
Ausencia, rigidez y un debut amargo
El amargo debut de la Selección Sub-20 de Panamá, al caer 0-3 ante Canadá en el estadio Universitario BUAP en Puebla, dejó sensaciones sumamente preocupantes. Más allá de lo abultado de la pizarra, el rendimiento colectivo reflejó una fragilidad defensiva alarmante y una evidente desconexión entre líneas tras recibir los primeros mazazos del encuentro.
Jugar cuesta arriba desde temprano y sufrir una expulsión en el primer tiempo, del defensor Oliver Campos, condiciona la estructura de cualquier planteamiento táctico, pero la lectura profunda de esta caída no se agota en el césped mexicano: trasciende a las decisiones previas y al peso indiscutible de las ausencias en la convocatoria final.
En torneos internacionales de esta exigencia, prescindir de individualidades con rodaje y jerarquía pasa una factura costosísima. La ausencia de figuras como Josué "Yaya" Vergara (KAA Gante de Bélgica) y Khadir Barría (Botafogo de Brasil) —a quienes sus respectivos clubes, presuntamente, les negaron el permiso para asistir al certamen— privó a la ofensiva panameña de ese dinamismo, recuperación y criterio indispensable para sostener la posesión del balón.
A este imponderable externo se añadió una decisión técnica difícil de digerir: el caso de Estevis López. Hablamos de una de las joyas del Veraguas United de la LPF, cuya proyección internacional incluye un paso destacado por las inferiores de River Plate y su reciente elección para el selecto proyecto global del FC Bayern Múnich. Dejar fuera a un jugador de semejante categoría porque el cuerpo técnico no accedió a otorgarle unos días libres adicionales solicitados refleja una rigidez en la gestión del vestuario que terminó debilitando al equipo en la cancha.
Pese al duro tropiezo inicial, las posibilidades matemáticas y reales de avanzar se mantienen vivas dentro del formato del torneo. La reglamentación otorga boleto a los dos primeros lugares de cada grupo y a los dos mejores terceros para la fase final.
Por ello, el duelo de este miércoles ante Jamaica se transforma en una auténtica final sin margen de error. Vencer a los caribeños resulta imperativo para meterse de lleno en la pelea y llegar al cierre del grupo frente a Honduras con el destino en manos propias.
Sin embargo, la afición y la prensa especializada tienen claro que avanzar de ronda no es la meta final. Para el balompié nacional, clasificar a la Copa Mundial Sub-20 representa una estricta obligación institucional y deportiva.
Con los antecedentes de clasificaciones previas y la evolución del futbolista panameño, no conseguir el boleto a la cita mundialista significaría un rotundo fracaso. La exigencia es máxima, la capacidad existe, pero la capacidad de respuesta debe ser inmediata.