El fútbol no se subasta
El fútbol no se subasta
El fútbol internacional atraviesa una sacudida institucional que pone a prueba la esencia misma del deporte.
La reciente renuncia de Carlos Cordeiro, asesor principal de Gianni Infantino, expone una fractura profunda en la Federación Internacional de Fútbol Asociado tras el polémico proyecto de vender el 20% de FIFA Forward Enterprise —filial concebida para administrar los derechos de la Copa del Mundo— a fondos de inversión privados.
Al marcharse, el funcionario, sostuvo que el activo más preciado del fútbol global no puede quedar a merced de intereses financieros externos.
La FIFA no padece penuria económica ni requiere capital privado para financiar sus programas de desarrollo.
Ceder el control comercial del Mundial sienta un precedente peligroso que supedita la disciplina al beneficio económico de unos pocos, amenazando directamente la autonomía de las 211 federaciones miembro que sostienen el entramado institucional.
Las reacciones de las dirigencias regionales dejan al descubierto posturas encontradas. Mientras la UEFA amaga con no participar bajo este esquema, la Confederación Africana (CAF), Asia y la Concacaf, donde Panamá acompaña el rechazo, han cerrado filas en contra.
En contraste, destaca la actitud de la Conmebol, que adopta una postura de marcada prudencia y cautela timorata, evitando la confrontación directa a pesar del impacto estructural.
La brecha entre la visión mercantilista de la cúpula y la realidad de los entes rectores locales resulta insostenible.
Deporte rey vive de su mística, de la equidad competitiva y de la representatividad social.
Convertir la Copa del Mundo en un activo transable en los mercados financieros equivale a mercantilizar su alma y distorsionar la máxima fiesta deportiva.
Infantino debe tomar nota y escuchar el clamor del mapa futbolístico global: el futuro del fútbol no se subasta.