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Crónica sobre inteligencia y humor fino
Virginia Fábrega - Publicado:
Indro Montanelli, el italiano del siglo XX que fusionó a maravilla historia y humor, dijo del arqueólogo Heinrich Schliemann que “era un loco, pero alemán, lo cual quiere decir que tenía su locura muy bien organizada”.Supongo que eso aplica para una pléyade de Fábregas que han dejado boquiabiertos a miles con sus “salidas de tiesto” y sus ejecutorias: en las leyes, las letras, la medicina, el comercio, etcétera.Pienso en tío Isaac, cuando simultáneamente era socio de Fábrega, López y Pedreschi, catedrático de Derecho, Director de La Estrella de Panamá, autor fecundo en temas variopintos, esposo y padre verdaderamente ejemplar.No pocas veces llegaba a casa pasada la medianoche, recién concluida la jornada laboral, y se tomaba un café negro, bien cargado, para poderse dormir… Fanático del piano de su adorada Nanchi, me confesó una vez ser tan desorejado que se daba cuenta de cuándo tocaban el himno nacional porque la gente se ponía de pie.Tío Isaac, solicito hermano mayor de Pedro, mi progenitor, no dudó en escribir para éste las nerudianas cartas de amor que terminaron de rendir a Ruth, mi madre.Tengo que hacer referencia al gran ícono familiar que era tío Julio Fábrega Arosemena, hermano de mi abuelo paterno, a quien mis padres veneraban.En honor a la precisión, mi tío Julio era un personaje de culto nacional.Cuando yo investigaba en los diarios locales de la primera mitad del siglo XX, el querido nombre de “Don Julio Jota” se leía aquí y allá; hasta en un epigrama que registra mi tesis de Licenciatura en Español.Como Secretario de Instrucción Pública, abogado fundador del renombrado bufete Arias, Fábrega & Fábrega, candidato presidencial, tío Julio hizo leyenda de ingenio y humanidad.Una noche que mis padres, ya por casarse, se lo encontraron a unos pasos del Teatro Nacional le dijeron a dúo: Tío Julio, vamos a ver una zarzuela ¿Quieres venir?No – contestó drásticamente éste – Yo no entiendo de eso y tú tampoco – y miraba a mi papáCuando mis padres cometieron matrimonio, como decía papá, en media celebración se presenta tío Julio:Pedrito, te felicito! Ruth, a ti, no…Entre sus sentencias clásicas están las de que “Panamá crece de noche, mientras los burócratas duermen”; “La aristocracia panameña es rancia porque la envasan verde”… Por supuesto, tío Julio es el autor del celebérrimo dicho: “Lo único que los panameños toman en serio son los carnavales”.Un día, en plena campaña por la presidencia de la República, se le acercó un periodista:Don Julio, don Julio: definición de hombre público.Respuesta del tío Julio: -Masculino de mujer pública.Ya de avanzada edad, el tío no paraba de trabajar.Un día le dice, ruborizada, una secretaria:- Ay, perdone, don Julio, pero… tiene abierta la bragueta!Él ni se inmutó:- Ay, mijita, ¿y usté cuando ha visto un velorio con las puertas cerradas?En Santiago me contaron que muchos años atrás una dama encapetada pidió al tío Julio que la llevara en ancas cuando éste iba a caballo rumbo a San Francisco de la Montaña.Supuestamente, ella también tenía que hacer algo allá.En aras de caballerosidad, porque la imprevista compañera de viaje era, como decimos, un perno, el tío la hizo subir a la montura y partieron.Una y otra vez, en un lenguaje rebuscado con el que la pasajera intentaba deslumbrar al tío Julio, le estuvo haciendo preguntas y comentarios ridículos.Ya al límite de su paciencia, el pobre la oyó inquirir:Don Julio, y ¿qué acaecería si, por cosa del azar, este rocín tropezase y cayese?-Que nos jodiésemos – la calló él por fin.Contemporáneo suyo, con una gracia que no le cabía en el cuerpo, tío Polo Fábrega es todavía una institución en Veraguas.Como defensor de oficio acumuló una nutrida cantidad de cuentos, muchos de los cuales sospecho son producto de su desbordante imaginación.Como el del campesino que se quejaba de haber atrapado al vecino en flagrante comisión de bestialismo con su querida yegua.Bueno, y ¿usted qué pretende? - pregunta Polo al dueño de la yegua ultrajada.Que me la honre, ño Polo: ¡que se case con la yegua!Estaba tío Polo bien entrado en años cuando le llega, suplicante, una muchacha – de muy buen ver – del pueblo.Le urgían 50 pesos.Si se los prestaba, se los devolvía en seis meses.Él se los procuró.Vencido el plazo fatal se presenta la joven acreedora donde el viejo Fábrega:Ño Polo, ¡qué pena! Traté y traté y no pude conseguirle los 50 pesos… Así que vengo, usted sabe, a que se cobre con uno…Polo la mira, suspira y dice:Vea, mijita, olvidemos lo del préstamo: es mejor que usté quede mal conmigo a que yo quede mal con usté.Dios los crea y ellos se juntan: los compinches de Polo eran su fiel reflejo.Un día cuchicheaban sobre uno que sufría de priapismo.¿Pria-qué? –pregunta Polo.Priapismo: el que lo sufre tiene siempre el miembro en erección.¡Que se vuelva epidemia! – exclamó Polo.Un par de meses atrás tuve el gran honor de departir con mi querido primo doble Víctor José, de los Fábrega Sosa.Este gurú de la petroquímica tiene igual fama por su risa restauradora de registro similar a un 8.3 de la escala Richter.A sus 80 festivos años me comentó, de lo más orgulloso, que acababa de fundar un club dentro del Club: el Jurasic Park.Hace unos años me dí a la gratificante tarea de apuntar ésta y otras anécdotas de la Fabreguera...Las que laten en mi memoria, protagonizadas por mi alquimista padre, que transmutaba el hierro de la vida en el oro de la risa; las del genial Cosaco López Fábrega, que levantaba puentes y edificios soberbios al paso que exclamaciones por sus dotes de bailarín, su chispa y su resistencia para la bohemia fina.Anoté las “salidas” de Carlucho Fábrega cuando era jefe en el INAC y solo verlo, me reía… Las locuras de Teresa López Fábrega –exquisito bazar persa– a la que el consagrado poeta colombiano Eduardo Carranza le escribió aquel soneto de:Teresa en la que el dulce nombre empiezacomo el aroma en la sien de la flor;Teresa la del dulce desamory el arroyuelo azul en la cabeza.Para cerrar con broche de oro mi recuento, tengo que hacerle venia a mi hermana mayor, Lourdes.Ella vino a la vida con la sagrada misión de convertirla en fiesta.En ésta, ella y las queridas primas Bruni, Lupe y Elvirita, dejaron los tuétanos… tanto así que dice Lourdes que si entre los Fábrega “los locos somos más”, ahora después del jolgorio las locas serán menos…Lo que había comenzado a escribir como un par de croniquillas se ha convertido en libro: FABREGARIUM, destinado a permanecer inédito por la falta de fondos.Como me comentó un poeta mexicano, “Dolor viene de dólar”…Ya al cierre de mi humilde intervención en este memorable evento, quiero rendir tributo a aquéllos Fábrega que, en su presencia física, ya no están con nosotros… Ellos se van, pero el amor se queda.Quiero, en nombre de todos, evocar a mi padre, Pedro Fábrega Sosa, de los mágicos juegos de palabras, elocuentes silencios y corazón pro mundi beneficio.Me hace falta su voz de mermelada para untarle al pan duro de los días…Ahora, queridos miembros de este clan magnífico, los invito a seguir el consejo de Hillary Swank al recibir su Óscar: “Celebremos nuestra diversidad!”.Muchas GraciasPalabras pronunciadas por Virginia Fábrega en la reunión plenaria de los Fábrega.