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Las elecciones de 1932 y el triunfo de Harmodio Arias
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El Panamá AméricaEl devastador panorama económico-fiscal, para el cual no se percibían esperanzas, propició el surgimiento de una temprana campaña electoral, hacia mediados de 1931.Varias fuerzas a lo interno auparon la candidatura de Harmodio Arias, pues consideraron que poseía el perfil idóneo del mandatario que el país requería en aquellos aciagos días.Rápidamente las fuerzas opositoras, detrás de las cuales se agitaba el ex presidente Rodolfo Chiari, comenzaron a maniobrar para evitar el ascenso de Arias al solio presidencial.Así, hacia mediados de julio de aquel año, circularon insistentes rumores por la capital que señalaban que Harmodio Arias estaba inhabilitado para presentar su candidatura, puesto que había sustituido a Florencio Harmodio Arosemena en la presidencia hasta la llegada del titular.El 31 de julio, saliéndole al paso a las maniobras chiaristas, El Panamá América, advirtió que no existía tal impedimento pues Arias sólo había ocupado la presidencia por 14 días y había abandonado el cargo seis meses antes de las elecciones como disponía el artículo 82 de la Constitución Nacional.Agregaba: "Se requiere mucho coraje, mucha audacia y sobre todo contar con la imbecilidad de los demás para sustentar esta tesis.Harmodio Arias es elegible y su elección la respalda el país".El tema electoral prematuramente entablado en aquella sociedad que atravesaba problemas tan urgentes como el desempleo, el estancamiento económico, la carestía de la vida, la crisis fiscal y la falta de oportunidades, entre otros, fue subiendo de tono a medida que se acercaba la fecha de las elecciones.Las fuerzas políticas se polarizaron en torno a dos candidatos: Harmodio Arias por el Partido Liberal Doctrinario y Francisco Arias Paredes postulado por el Partido Liberal Renovador, a quien a último momento se sumaron las fuerzas chiaristas.Precisamente contra este grupo emprendió El Panamá América una campaña de denuncias en los meses previos al torneo, recordándoles a los lectores: "La corte de desmanes, atropellos y abusos cometidos en el largo período de seis años...", que propició en el país, cuando ocuparon la Presidencia Rodolfo Chiari y su protegido Florencio Harmodio Arosemena.Consideraba que la alianza entre las fuerzas de Pancho Arias y el grupo chiarista constituía una traición tanto para el movimiento de Acción Comunal como para el propio Presidente Alfaro quien había declarado que: "El chiarismo es un peligro público, una calamidad, un enemigo invariable de la actual administración".Simultáneamente, el periódico también se dedicó a exaltar las muchas virtudes de Harmodio Arias, con cuyo programa de gobierno se sentía identificado.Si bien significó un golpe muy duro para El Panamá América comprobar que Pancho Arias uno de los gestores del 2 de enero, y a quien consideraba un político honesto e íntegro, se había aliado con las fuerzas chiaristas, lo peor aún estaba por llegar.El 6 de mayo de 1932, apenas un mes antes del torneo, se conoció que la Corte Suprema había absuelto a Arosemena y a Chiari, lo que al decir del periódico significaba extenderles "carta de honradez a los dos ex Presidentes".No obstante, destacaba que ese fallo no podía anular el sentir de la opinión pública "dado ratificado con el hecho de armas del dos de enero de 1931 y el denuncio pormenorizado que el Secretario de Gobierno y Justicia don Francisco Arias Paredes presentó ante el Procurador General de la Nación contra los sindicados".Era, por lo tanto inadmisibles, que Pancho Arias se aliara con aquellos que contribuyó a deponer y contra quienes presentó acusaciones por corrupción.El 20 de mayo, en una decisión que El Panamá América aplaudió, el Presidente Alfaro y el Secretario de Gobierno y Justicia Guillermo Andreve asumieron la jefatura conjunta del cuerpo policial, con el fin de evitar abusos por parte de este cuerpo.La idea era garantizar el cumplimiento de la voluntad popular gracias a la realización de unos comicios "limpios y puros como nunca antes había conocido el país".Las elecciones del domingo 5 de junio así lo corroboraron.Al día siguiente El Panamá América consignó en grandes titulares la espléndida victoria electoral de Harmodio Arias y le dedicó el editorial titulado "Ha triunfado la democracia panameña".En el mismo se destacaba que el resultado de los comicios significaba el triunfo de la democracia contra la reacción "de las causas nobles sobre las imposiciones y los maridajes escandalosos; la garantía de la continuación de un régimen gubernativo honrado y republicano como el que preside el Doctor Ricardo J.Alfaro".Así, al momento de despedir a este mandatario El Panamá América no ahorró elogios, adjetivos muy merecidos por cierto.El 1" de octubre lo definió como un "verdadero titán", coronado por el éxito, quien gracias a su honestidad, seriedad y prudencia, había contribuido a afirmar las "bases de la regeneración nacional".RESPONSABILIDAD PRESIDENCIALEs indeseable la posición que ocupa un Presidente de la República a quien las condiciones ambientes y los compromisos de bandería lo impelen a rodearse de elementos inexpertos, de figuras improvisadas al calor de los torneos de indignidad que suelen recibir entre nosotros la irónica denominación de campañas políticas.Imposibilitado -por hábil y multiforme que sean sus capacidades- para atender en detalle la complejidad de los rodajes administrativos, tiene por fuerza un "jefe de Estado" que depositar confianza en sus consejeros, en los dirigentes de partido, grupo o facción que le agenció el triunfó, y por la vía honorable de los comicios, ya con triquiñuelas y bastardías dictatoriales.Hay colaboradores y consejeros que, bajo el influjo de una perversidad ingénita o de una inexcusable ignorancia, utilizan los engranajes del gobierno, sin calcular la trascendencia de su acción, ni medir el daño que una imprudencia puede causar, no a ellos, que en último análisis resultan irresponsables, sino a la persona que sintetiza la potestad ejecutiva y personifica el Gobierno.Basta tornar la vista hacia el pasado y recorrer la gama de actos, resoluciones, decretos, normas y compromisos oficiales, de carácter interno o de índole internacional, cuya notoria ineficacia o perjuicio ponen de manifiesto la gestión inconsulta y el consejo insincero.Muchas veces el inspirador juicio oculta su incompetencia que en muchos casos es felonía disimulada, y la odiosidad, la crítica justa, recaen sobre el mandatario.Dentro el primer año de un período legal, pueden excusarse al mandatario desaliños y gestiones corrompidas, porque podría alegar desconocimiento de la pericia de sus auxiliares al tiempo de nombrarlos; pero una vez practicado el balance que la mayoría de las medidas sancionadas va contra el bien común, contra la Ley, contra la moral y contra la equidad, ninguna excusa es legítima para aminorar la responsabilidad presidencial ante el desastre fiscal y administrativo.Si comprobada la incompetencia de los funcionarios, ellos continúan al frente de sus Departamentos, sin importarle al Presidente la puntualización sistemática e incontrovertida que se haga de los malos manejos, de los frecuentes errores, de las múltiples arbitrariedades, es imposible que en un momento dado pueda vindicar su reputación.Víctima de su propia tolerancia, las ignominias ajenas, rubricadas con su firma, serán el testamento histórico de los mandatarios que atienden más al interés de su grupo que al de la Nación.