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¿Quién es el hombre fuerte de Panamá?
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Hasta 1989 siempre hubo un "hombre fuerte" en Panamá.Era aquél que concentraba en su voluntad la fuerza de la institución armada.Llámese Policía Nacional, Guardia Nacional o Fuerzas de Defensa, el comandante en jefe competía, con mucha ventaja, con los poderes formalmente constituidos del Estado.No es secreto que en los momentos de crisis política, los jefes de los órganos del Estado acudían ante ese "hombre fuerte" de la república en buscsa de una solución al problema, o bien de su decisivo apoyo.Por esa razón la clase política, representada en la Asamblea Legislativa, pretendió erradicar la figura del uniformado que condensaba en sí el verdadero poder, y en la reforma constitucional de 1994 desmembró -en teoría- a la Fuerza Pública.Para mantener el orden público, luego se crearon cuatro instituciones de seguridad: Servicio Aéreo Nacional (SAN), Servicio Marítimo Nacional (SMN), Servicio de Protección Institucional (SPI) y la Policía Nacional (PN), todas sometidas al poder civil ejercido por el Presidente de la República.Pero en la práctica, en Panamá continúa viva la persona del "hombre fuerte".Si alguien en Panamá sabe qué es acumulación de poder en una persona es aquél que ejerció el cargo de comandante en jefe.En este caso, el general retirado de la extinta Guardia Nacional, Rubén Darío Paredes, el "hombre fuerte" de la república entre los años 1981 y 1983.El militar retirado explicó su tesis sobre la existencia de un nuevo "hombre fuerte" en el país, ahora en la figura del director de la Policía Nacional, cargo ocupado por Carlos Bertrand Barés Weeden.La diferencia es que este nuevo "hombre fuerte" no es un uniformado, sino un político...pues la ley impide a un militar ser director de esa institución.Pese a que el artículo 305 de la Constitución ordena que los organismos de la Fuerza Pública tengan "mando y escalafón separado", a juicio de Paredes, es evidente la tendencia en el SMN, SAN y SPI -y sus respectivos directores- de subordinarse ante Policía Nacional y su jefe.El director de la PN tiene a su mando 15 mil efectivos, más del 90% de las unidades de la Fuerza Pública.El SAN sólo tiene 453 miembros, el SMN más de 500 y el SPI unos 750.Pero no sólo el principio físico de atracción de masas coloca al jefe policial en posición privilegiada en comparación con sus colegas de la Fuerza Pública.También por potestades únicas que le han otorgado al director de la PN para efectuar contrataciones, y por sus ingresos, que superan los B/.7,000.Mientras, el jefe del Servicio Marítimo devenga B/.3,500 mensuales y el director del Servicio Aéreo B/.5,000, de acuerdo con una fuente ministerial.Sobre las facultades dadas al jefe de la Policía hay que destacar el Resuelto del Ministerio de Gobierno y Justicia 505-R-134 del 26 de octubre de 1996, que manifiesta que "...se hace necesario dotar al director general de la Policía de facultades que le permitan llevar a efecto los procedimientos contemplados en la Ley, para la selección de contratistas por parte de esta entidad".En el tema de las contrataciones públicas, es importante mencionar que Barés Weeden es primo hermano del contralor Alvin Weeden.Adicionalmente, la Policía Nacional es la única institución de la Fuerza Pública con ley orgánica (Ley No.18 de 3 de junio de 1997) y con presencia en todo el territorio nacional, sustentó el general retirado.Las otras entidades fungen como componentes de apoyo o servicio a la Policía Nacional, pero no son fuerzas beligerantes, no tienen capacidad de hacerle contrapeso y ni siquiera tienen ley orgánica que regule su funcionamiento.A esto hay que agregar que el Servicio de Policía de Frontera, integrado por unas dos mil unidades con entrenamiento y equipos especializados, está adherida a la Policía Nacional y, otra vez, bajo control de Barés Weeden.Aunque en Panamá se quiera negar, dijo Paredes, el Servicio de Policía de Frontera es una organización tipo Guardia Nacional."Realmente no son policías citadinos, sino unidades apostadas en Darién adiestradas para combatir y enfrentar irregulares armados", alegó.Les llaman policías como parte de la cortina de humo para mantenerla unida al resto de la institución y, por consiguiente, bajo las órdenes del director de la Policía Nacional.Eso no es más que "una maniobra de engaño", afirmó.Si por esta anomalía administrativa el director de la Policía Nacional tiene exceso de poder, el portador de la placa policial "1" aumenta su dominio en la figura de Carlos Bertrand Barés Weeden.Es que el actual jefe policial, además, tiene particular influencia en la Dirección Nacional de Migración, en la cual su esposa, Ilka de Barés, es jefa.A esto hay que añadir que el subdirector de Migración, Javier Tapia, estaba bajo las órdenes de Barés Weeden, hasta noviembre del año 2001, cuando fungió como asesor en la Dirección de la Policía.Los valores -de poder- agregados en Barés Weeden incrementan si se menciona que su primo hermano, Foster Weeden Gamboa, es el director de Aduanas en la frontera con Costa Rica (Area Occidente).Cuando un funcionario dispone de tanta fuerza sobre las instituciones de seguridad del Estado y hay una situación de inestabilidad política en el país, seguramente que acudirán a él en busca de apoyo determinante o respuesta al problema, tal como pasó hasta 1989."En necesario prever los peligros que hay cuando semejante poder es entregado en bandeja a una persona, porque podría haber problemas muy serios por ese desbalance de poder que revive la figura del "hombre fuerte" [encarnado ahora en Barés]", opinó Paredes.De un telefonazo el presidente de turno puede tener al jefe de todo el engranaje armado a su disposición y sólo entre estas dos personas pueden tomar decisiones, que no necesariamente pueden ser las más convenientes en momentos de crisis, apuntó."Recordemos que el jefe de la Policía es un político partidista y como tal es un hombre totalmente entregado a la voluntad política de un sector político y de quien lo designó allí.No tiene un compromiso constitucional con su cargo, sino un compromiso político", opinó.Indicó que si son cinco "jefes reales" los que controlan la Fuerza Pública es más difícil fraguar planes que atenten contra los intereses del país, y especialmente contra el orden constitucional, añadió."Este es el motivo por la cual los gobernantes se hacen de la vista gorda y mantienen la concentración de poder en un solo hombre", anotó.En una situación así, recalcó, hay que recordar la sabia advertencia del pensador italiano Lord Acton: "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente".Ebrahim Asvat dirigió la Policía Nacional desde septiembre de 1990 hasta abril de 1991, cuando el Partido Demócrata Cristiano se desligó de la alianza oficialista de aquel entonces.Este intelectual con astucia de calle, como lo define el ex vicepresidente Ricardo Arias Calderón, aseguró a este medio que cuando Juan Chevalier fungió como ministro de Gobierno y Justicia se perdió la supervisión de ese ministerio a la Policía Nacional, mientras que con su homólogo Raúl Montenegro y el ex presidente Ernesto Pérez Balladares, la Policía adquirió total independencia.Si bien el director seguía siendo un civil, se perdió la dependencia que tenía del Ministerio de Gobierno y Justicia y la Policía quedó como una entidad independiente y bajo la autoridad del presidente de la república.De hecho, el ex director policial José Luis Sosa, era amigo personal de Pérez Balladares y no respondía a Raúl Montenegro como ministro de Gobierno y Justicia, sino al presidente.En ese momento se rompió el nexo entre la Policía y el Ministerio de Gobierno y Justicia, señaló.Asvat se mostró preocupado porque entidades de seguridad, que son sensitivas, como Aduanas, Migración y la Policía Nacional están en manos de familiares.Eso es un error, insistió, que se extiende a la presidenta por haberlos nombrado en posiciones clave siendo parientes, como es el caso de Carlos Barés Weeden en la Policía, Ilka de Barés en Migración y Foster Weeden en Aduanas en el área de Occidente.Destacó que por sí solo Carlos Barés no tiene poder, pero en la medida en que incida en el nombramiento del jefe del Consejo de Seguridad, Migración, Aduanas, SAN, del SMN, o tenga posibilidades de nombrar a funcionarios en otras entidades, de forma indirecta, entonces sí tiene control desmedido, lo que no es sano para el país.Carlos Bertrand Barés Weeden nació en Chitré, provincia de Herrera, el 30 de mayo de 1946.Una escueta semblanza institucional resalta sus estudios primarios en la escuela chitreana Tomás Herrera y el curso de estudios secundarios en los colegios San Agustín y Artes Mecánicas.La información oficial describe su "amplia experiencia" en asuntos de seguridad, por su "contacto permanente con organismos que para tal fin existen en Taiwan y en los Estados Unidos de América, donde ha recibido capacitación en protección, seguridad y administración de recursos policiales...".Fue distinguido con la medalla Halcón por el SAN y con la Orden Manuel Amador Guerrero en 1994, por parte del Tribunal Electoral.Se pudo conocer que fue conductor del tres veces presidente Arnulfo Arias Madrid, desde el 10 de junio de 1987 hasta la muerte del caudillo.Los legisladores panameñistas del periodo 1984-1989 pagaban el salario de Barés, informó una fuente.Luego volvió a ser conductor, esta vez de Guillermo Endara, durante la campaña de 1989.No obstante, la semblanza institucional informa que fue el encargado de seguridad.Tras la invasión estadounidense y el establecimiento del régimen democrático, Barés Weeden es nombrado como el primer director del Servicio de Protección Institucional (SPI).Luego es designado por Endara como viceministro de la Presidencia, y por un tiempo dirigió paralelamente el SPI.La experiencia de Carlos Barés Weeden como funcionario público se remonta a 1978, cuando trabajó como cajero de los Casinos Nacionales.El 7 de diciembre de ese año, diarios locales publican la pérdida de 18,500 dólares de una caja del casino bajo la responsabilidad de Barés.En 1992 la revista Momento divulgó que el arqueo realizado por la firma Young & Young descubrió el faltante y motivó al entonces subjefe de Inspectores de la Contraloría General de la República, Humberto Soto Núñez, a interponer una denuncia.Paradójicamente, José Luis Sosa -antecesor inmediato de Barés en la Dirección de la Policía Nacional- fungía como gerente general de los Casinos Nacionales en 1978.Sosa fue quien ordenó el arqueo que descubrió la irregularidad.Barés fue retenido cerca de 12 horas, pero luego repuso los 18,500 dólares con dos cheques del Banco de Colombia.En 1979 Carlos Barés Weeden fue contratado como vendedor de autos en la compañía Toyopan Tesa, del influyente empresario Mario Guardia.Además de su salario, a Barés le correspondía una comisión del 3% de las ventas.Allí Barés se dedicó a la venta de busitos Hi Ace a diferentes entidades.Luego estos vehículos eran habilitados como ambulancias.La demanda de estos busitos aumentó tanto que Barés estableció su propia empresa dedicada a la transformación de los vehículos.Paralelo a esto, Carlos Barés era uno de los empleados con los contactos necesarios para vender autos exonerados a los gobiernos de Cuba y Nicaragua.En una venta de autos a Nicaragua hubo un faltante de miles de dólares.La irregularidad se ejecutó con la alteración de una factura, la cual se presentó como si hubiese sido cancelada, cuando no lo había sido.Sin el sello de cancelada, la persona encargada no podía autorizar la salida de los autos hacia Nicaragua.Barés laboró en esta empresa hasta 1986, en la cual tenía ingresos de unos mil balboas mensuales.En aquellos años, el actual fiscal auxiliar, Carlos Augusto Herrera, era el abogadode Guardia en Toyopan Tesa e intercedió por Barés para que no se le despojara de su vivienda, como pago por el dinero faltante, según una fuente muy cercana a la empresa.Al consultársele sobre el tema, el fiscal Herrera manifestó que las comunicaciones entre el abogado y el cliente son reservadas y no puede revelar información."La cuestión fue circunstancial porque yo trabajé allí", señaló, y recalcó que tanto Guardia como Barés son sus amigos.Fue después de esto que Carlos Barés ingresó a la Cruzada Civilista.Desde esa época vive en un área residencial de Hato Pintado.Pero ahora ha decidido mudarse hacia un lujoso residencial en Costa del Este, un área exclusiva que colinda con Panamá Viejo y el Corredor Sur.Su vivienda estará ubicada en un terreno de unos 650 metros cuadrados, uno de los más grandes del sector.El costo de las casas del modelo elegido oscila entre los 305 mil y 400 mil balboas.El político solicitó modificaciones a la suya, lo que aumenta el costo.El Panamá América trató, durante más de dos semanas y en múltiples ocasiones, de entrevistar personalmente a Barés.Además, se le llamó a su celular, se conversó varias veces con el vocero de la Policía, Didacio Camargo, y por último se le envió un cuestionario, vía fax y correo electrónico.La última llamada fue ayer y Barés argumentó que había preguntas que eran personales y que no debían formulársele.Finalmente, no se concedió la entrevista ni se contestó el cuestionario, en que se le preguntaba sobre el calificativo de hombre fuerte, sus logros personales, la explicación sobre las supuestas irregularidades en los Casinos y Toyopan Tesa, el motivo del cambio de residencia y sus ocupaciones en el sector privado.