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Protestan para ser libres y contraer el coronavirus

La manifestación por el coronavirus es meramente la confluencia de una ideología pervertida de la libertad, con la dinámica de un ecosistema de información en línea que da prioridad al conflicto para generar atención.

Charlie Warzel - Actualizado:

Un manifestante en Michigan entre una fila de autos pasando frente al Capitolio Estatal y tocando el claxon para protestar por los cierres. Foto / Paul Sancya/Associated Press.

En una serie de pequeñas manifestaciones de “reabran Estados Unidos” recientemente por todo ese país, ciudadanos sin cubrebocas desobedecieron con orgullo las recomendaciones de distanciamiento social mientras que portaban abiertamente rifles semiautomáticos y ondeaban banderas estadounidenses y rótulos con esvásticas “irónicas”.

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Gritaron consignas llamando a encarcelar a gobernadoras demócratas y a despedir a los principales expertos en enfermedades infecciosas de EE.UU.

Para quienes han optado por poner su confianza en la ciencia durante la pandemia, resulta difícil comprender la decisión de reunirse para protestar mientras un patógeno viral letal —transmitido fácilmente por contacto cercano— asola a Estados Unidos.

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Sin embargo, no debería ser una sorpresa. Las muestras públicas de desafío —una marcha por la libertad para ser infectados— son la conclusión lógica del movimiento moderno de libertad encabezado por locutores polémicos de radio y financiado por donadores de ultraderecha. Siempre fue encaminado a eso.

Pocos demuestran este movimiento mejor que Alex Jones, de Infowars (un portal de internet de derecha) —una de las figuras clave del mitin “No Pueden Cerrar a EE.UU.”, en Austin, Texas. Durante décadas, Jones ha construido un próspero imperio de medios echando mano del miedo, la paranoia y la furia, que a su vez impulsan las ventas en su tienda personal de suplementos vitamínicos y equipo para quienes se preparan para un mundo distópico.

La estrategia de Infowars es simple: infundir una profunda desconfianza en toda autoridad, mientras que promueve una realidad alterna conspiratoria en la que Jones, vía sus conspiraciones, tiene todas las respuestas.

Se ha ganado la confianza de un número nada despreciable de estadounidenses y la ha usado para ensanchar su ego y su cuenta bancaria.

Exempleados han descrito a Jones como un maestro para manipular la verdad y convertirla en una visión mundial en la que Infowars y sus escuchas son constantemente victimizados por poderosas fuerzas institucionales.

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Un virus nuevo —sobre el cual se conoce muy poco y donde la opinión experta está cambiando constantemente— es un tema casi perfecto para que Infowars haga que las noticias encajen en su narrativa paranoica.

La incertidumbre respecto al origen del virus en China es un trampolín para plantear teorías no comprobadas sobre armas biológicas. Los debates sobre una vacuna para poner fin a la epidemia se convierten en conspiraciones sobre líderes tecnológicos multimillonarios que promueven el control poblacional.

Los modelos epidemiológicos cambiantes que muestran menos muertes proyectadas por COVID-19 (porque el distanciamiento social ha funcionado para desacelerar las infecciones) ofrecen una ventana para que Jones despotrique sobre la instrucción de quedarse en casa.

Los temores genuinos respecto a la pérdida profundamente injusta de empleos y la recesión económica se convierten en teorías temerarias sobre planes encabezados por demócratas para castigar a los ciudadanos estadounidenses llevándolos a la pobreza.

Las diatribas oportunistas de Jones encajan perfectamente en una estrategia más amplia de la derecha, que ha crecido junto a Infowars. Así como los mítines de Infowars están vinculados al interés económico de ese medio en la paranoia antigubernamental, algunos de los mítines han sido financiados por organizaciones políticas con nexos al Partido Republicano y a la Administración Trump.

Independientemente de quién esté detrás de ellos, la intención es sembrar división y tratar de remoldear la opinión pública.

Es importante señalar que las manifestaciones para reabrir por lo general han sido pequeñas (a lo mucho cientos de personas en Estados de millones de ciudadanos que responsablemente se quedan en casa) y ni siquiera reflejan las opiniones sondeadas de muchos conservadores.

Sin embargo, encajan perfectamente en un manual de campaña más amplio y cobran gran importancia.

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A menudo ocurren en Estados indecisos o estados gobernados por demócratas y son posteadas por todos los medios sociales, reportadas en organizaciones convencionales, elogiadas abiertamente por Fox News y medios de derecha y, por último, terminan siendo amplificadas por el presidente.

La estrategia ha funcionado bien en años recientes, consolidando el apoyo entre las bases de Trump.

Como movimiento político, los simpatizantes de Make America Great Again (Hacer a EE.UU. Grande Otra Vez) disfrutan convirtiendo las críticas de oponentes ideológicos en una insignia de honor. La confrontación de cualquier tipo es moneda de cambio, y el que la gente se ofenda con sus acciones es una señal inequívoca de que están en lo correcto.

La mentalidad de Hacer a EE.UU. grande otra vez pone la libertad por encima de todo —en especial el estar libre de introspección, de ofrecer disculpas o de jamás admitir culpa.

Sin embargo, el movimiento, que se ha estado desarrollando desde las manifestaciones antifiscales del Tea Party, ha generado una respuesta reflexiva entre el público de Jones y los simpatizantes de ultraderecha de Trump.

Esta reacción está disfrazada de una expresión de libertad, pero es una versión distorsionada, paranoica y radicalizada.

Lo que no mencionan los manifestantes son los trabajadores que, de hecho, mantienen abierto a Estados Unidos, muchos de ellos temerosos por su salud, sin más opción y en comunidades asoladas por el virus.

El resultado, como lo describieron mis colegas de The Times, son “imágenes de manifestantes en su gran mayoría blancos exigiendo que la gobernadora relaje las restricciones mientras que alzan rótulos de Trump y banderas de batalla confederadas, mientras el virus impacta de manera desproporcionada a los residentes de raza negra de Michigan”.

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El movimiento de protesta por el coronavirus es meramente la confluencia de esta ideología pervertida de la libertad —pulida y promovida por Jones, grupos de interés de derecha y medios pro Trump— y la dinámica de un ecosistema de información en línea que da prioridad al conflicto para generar atención.

Así que, henos aquí en el 2020, protestando a nivel estatal por cierres realizados con la intención de salvar vidas, mientras que miles de estadounidenses por todo el país enferman y mueren cada día.

El que un virus que exige un frente unido llegue en un momento de polarización extrema es una tragedia. Pero éste es el momento al que nos hemos estado dirigiendo durante años. Y por lo tanto, las manifestaciones de “reabrir a EE.UU.” parecen ser inconcebibles y, sin embargo, totalmente predecibles.

Charlie Warzel es editorialista de opinión de The New York Times.

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