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La fragmentación lingüística de España
Carlos V fue un monarca extraño, nacido fuera de España, producto de la herencia de Maximiliano de Austria. El rey no hablaba castellano Se engendró un españolismo agresivo. La bandera española flameó en territorios donde no se ponía el sol. Pero la gangrena de la desintegración interna carcomía sus entrañas.
Mario Castro Arenas | opinion@epasa.com | - Publicado:
La fragmentación lingüística de España
Aspiramos a retomar el debate histórico sobre España reavivado por la actualización del proyecto secesionista de Cataluña. Al rastrear el proceso histórico español, deberíamos tomar en cuenta la presencia multicultural de romanos, cartagineses, godos, árabes en diversas etapas puede ser una de las causas de la crisis; tal vez uno de los tópicos para revisar el origen del nacionalismo regionalista que fractura la unidad de España. Julio César conquistó los pueblos de la remota Iberia, integrándolos a la República romana. Pero esta integración a Roma fue acaso el principio de la futura desintegración. Adaptando la legislación romana, los reyes godos estabilizaron por más de doscientos años la influencia del Fuero Juzgo. Cuando el Conde Julián en venganza por las maldades del rey godo Vitiza abrió a los árabes la puerta de la invasión se acumuló otra diferente herencia étnica y cultural en el proceso formativo, o degenerativo, de la unidad de España. En 1927, José Ortega y Gasset analizó en “España invertebrada” los gérmenes históricos del fragmentarismo generado por los invasores galos, romanos, cartagineses, vándalos, moros, y por judíos que llegaron con los árabes, con otro tipo de invasión. Aquellos invasores se desvanecieron en las nieblas de la historia. Pero dejaron huellas de diversa naturaleza. Ortega estampó juicios que inspiran nuevas reflexiones: “No es necesario ni importante que las partes de un todo social coincidan con sus deseos y sus ideas; lo necesario e importante es que conozca cada una, y en cierto modo viva, los de las otras… pues bien: la vida social española ofrece en nuestros días un extremado ejemplo de este atroz particularismo. Hoy es España, más bien que una nación, una serie de compartimentos estancos”. Desde la Edad Media existieron monarcas regionales de dinastías estragadas por rivalidades incluso fratricidas. Como cada monarquía quiso tener gobierno propio - presagio funesto de las autonomías -, no existieron códigos nacionales, sino ordenamientos jurídicos parciales en Burgos, Alcalá, Segovia, y otras comarcas. “Las Siete Partidas” de Alfonso X el Sabio no alcanzaron vigencia duradera y, de cierta manera, contribuyeron a su derrocamiento por conspiración de sus hijos. El Fuero Juzgo conservó vigencia en varias regiones. La Reina Isabel la Católica consolidó la hegemonía de Castilla con la fusión de la corona de Aragón, a la que perteneció Cataluña, abriéndose mucho más la grieta del separatismo. El reino debió a la última descendiente de los Trastámaras la conquista de América y la derrota de los reyes moros. La supremacía de la lengua castellana en América afirmó la irradiación universal. Sin embargo, en España el predominio geopolítico agrandó la escisión lingüística. Catalanes, gallegos, vascos, continuaron hablando sus idiomas.La llegada de los Habsburgos con Carlos de Gante radicalizó el regionalismo. Carlos V fue un monarca extraño, nacido fuera de España, producto de la herencia de Maximiliano de Austria. El rey no hablaba castellano. Llevó una comitiva de asesores flamencos ajenos a las vivencias españolas. Se engendró un españolismo agresivo. Se quiso revivir el Sacro Imperio Románico Germánico. La bandera española flameó en territorios donde no se ponía el sol. Pero la gangrena de la desintegración interna carcomía sus entrañas.Abogado, escritor, periodista y diplomático.