La iguana
La iguana
Panamá es una nación que ha sufrido un cambio radical desde su población inicial hasta la actual durante los últimos 100 años. De allí que de los 75,517 km 2 de su territorio, el país aún mantiene un estimado de 40% de su área boscosa, de la cual al menos la mitad se consideran áreas protegidas por su importancia asociada a cuencas hidrográficas y reservas para protección de fauna y flora, quizás una de las mayores riquezas de nuestro país.
En este sentido una de los grupos de seres vivos que mayor ha sufrido el crecimiento de la población humana han sido los animales salvajes. Este rápido crecimiento poblacional de humanos en Panamá ha requerido una creciente demanda de recursos naturales renovables y no renovables, reflejado en el uso de materias primas y extensión de la superficie destinada a viviendas, áreas destinadas a la agricultura y la ganadería, entre otras actividades del desarrollo humano.
Todos estos procesos paulatinos del desarrollo socioeconómico del país han dado como resultado la destrucción de superficie con flora y fauna, además de la creciente contaminación producto de los desechos que las actividades humanas generan y sobreexplotación de áreas donde en el pasado existieron bosques, ríos y otras áreas silvestres que ofrecían refugio a diversas especies de animales.
Aunado a ello durante muchos años se dio una caza indiscriminada que no midió límites, dando como resultado la desaparición al menos de manera visual y en algunos casos de manera concreta de diversas especies de animales en Panamá.
A diferencia de nosotros, los animales salvajes no tienen opción sin su hábitat preservado están destinados a morir de hambre, de sed o en todo caso exterminados.
En Panamá diversos decretos, resoluciones y leyes buscan fortalecer la protección de los animales silvestres, como la Ley 24 de 1996 conocida también como la "Ley de Vida Silvestre", basado también en el hecho de que Panamá es miembro de diversos convenios internacionales que protegen los animales salvajes en extinción como el caso de la Convención sobre el Comercial Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre.
En Panamá los esfuerzos han incluido la protección de animales salvajes tales como la iguana, el águila arpía, la rana dorada, el tapir, el pecarí barbiblanco, el manatí, el capuchino de garganta blanca, el quetzal, el venado de cola blanca y la tortuga, entre otras especies que corren peligro de extinción.
En este sentido es deber de todos los ciudadanos con conciencia y civismo proteger estos animales considerando que constituyen un símbolo vivo de nuestro país.
Cada ciudadano puede aportar a la protección de animales silvestres no consumiendo productos derivados de estos animales, no votando basura en áreas silvestres, concientizando a nuestros hijos del crimen que representa matar estos animales si no existe una necesidad real, no deforestando y reforestando áreas para ofrecer refugio a los animales silvestres.
Aunque es verdad que el estado puede crear nuevas leyes de protección para los animales silvestres, nuevas áreas protegidas y programas de reforestación y conservación de ecosistemas, la realidad es que todas estas acciones requieren del apoyo de la población.
No se trata de que no realicemos actividades económicas necesarias para el desarrollo de la población, obviamente esa no es la idea, este punto va más allá hacia lo que es correcto, buscando hacer un equilibrio entre el crecimiento económico, la sostenibilidad y la resiliencia de nuestros ecosistemas. Hacer patria es conservar nuestras especies de animales silvestres, sobre todo aquellas que están en peligro de extinción.