'¿Pssst… English?'
..., entonces tal vez gocemos de un ministro de Turismo que hable inglés, que conozca y ame profundamente el terruño, ceñido de una administración por objetivos que premie al istmo con docenas de millones de visitantes anuales, porque conoce del tema y se arremanga la camisa bajo nuestro sol de mediodía recibiendo a los que nos honran con sus peregrinajes...
Quienes dominan el idioma inglés, por su capacidad de comunicación universal, se les abren las puertas.
El lunes en la tarde timbró mi teléfono celular.
Número desconocido.
Como suele ocurrir, era un extranjero. Ya próvido, contesté: "Hello, how may I help you?".
Del otro lado, Otto, un alemán de Bavaria, ripostó: "Ich spreche kein Spanisch". Entre paréntesis, no hablo español. "No problem, let's carry on in English".
Y así como si nada continuamos nuestra conversa en la lengua de Shakespeare.
Para bien o para mal, la presencia estadounidense en Panamá durante el siglo pasado creó una nación que difiere de todas las otras en las américas por su obligatoria inmersión al idioma inglés.
Aquí estamos mal acostumbrados al dólar, a la salsa de tomate Heinz y hace muchas lunas, a rendir pleitesías o suspirar, con envidia de la buena, a aquellos afortunados que trabajaban en la zona, ya sea en el Panama Canal Company, en las bases militares o en cualquier oficina del gobierno federal gringo.
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Y rendir pleitesías porque ganaban más, muchas veces multiplicando los ingresos de los del lado de acá.
Para entonces percibimos el brote de San Miguelito, un poblado en las afueras de la ciudad donde afloraban interioranos en búsqueda de mejores oportunidades allende al campo, canjeando el olor a leña y café y el quiquiriquí de los gallitos por casitas de madera y zinc en las azarosas laderas del naciente corregimiento, deseosos de mejorar su calidad de vida.
Fue así como en 1947 precaristas, en su mayoría santeños, poblaron la finca San Miguel, propiedad de la familia Recuero.
El resto es historia.
Estaba bien claro para los precaristas, como para el resto de nosotros, que, a pesar de las diferencias con los gringos, ellos pagaban mejor: "Jo compa, me voy a ganar mi camarón en la zona".
Y por ahí nos fuimos.
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Guapas interioranas, que a duras penas pronunciaban un "good morning", cautivaron con su encanto tropical a muchos soldaditos y formaron familias, cuyos nietos y bisnietos a duras penas, regados por todos los estados de la Unión norteña, reconocen sus orígenes, mucho menos hablan el castellano.
Es una lástima, pero una realidad.
Al anuncio de la disponibilidad de un apartamento de la familia, el martes pasado se acercó Yessica, guapa corredora de bienes raíces.
Ya en el inmueble, posterior a la toma de fotos de rigor y las indagatorias harto conocidas, conversamos sobre los potenciales inquilinos.
Allí me intimó que no hablaba inglés.
Sobremanera en tareas de corretaje y de turismo, que son la crema y nata de una naciente especie de homo Sapiens Panamensis, el que no habla inglés se lo lleva la corriente, limitando su capacidad de ingresos, idéntico al que trabajaba el siglo pasado en la ciudad en lugar de la zona.
Tenemos que velar, desvelar, martillar hasta el cansancio que a aquellos que dominan el inglés, por su capacidad de comunicación universal se les abren las puertas, gozan mejores perspectivas, por ende, una calidad de vida superior.
Ello explica, por ejemplo, muchos de los problemas en materia de turismo, nuestros índices anémicos de ocupación hotelera, el descenso drástico en el número de visitantes, un no me importa, "me sabe a cake", escupiendo hacia arriba, por parte del Ejecutivo, en la selección de un administrador que no habla, que no se comunica, que no domina el inglés, en una industria, que por su proximidad geográfica depende de Norteamérica por más del 50% de su mercado.
Existe un emprendimiento, Mi Oportunidad, que permite legalmente a jóvenes panameñas trabajar como au pair, celando niños en Estados Unidos, a cambio de sustento y cursos universitarios de inglés, allá donde conocen, visualizan y respiran una experiencia diferente, que cambia sus vidas para siempre.
Que nadie nos venga con el cuento, con el disparate, de que eso de ir al imperio es exclusivo de rabiblancos.
¡Y así constan muchas otras coyunturas!
Cuando Panamá abrigue un presidente con un pizco de amor a la Patria, que valore el enorme potencial de gobernar con los mejores, como relevo al pandillerismo de copartidarios vacuos, del continuado excusadme, o el "a mí no me importa", por error tras horror y peor aún, que nosotros calladitos lo aceptemos, entonces tal vez gocemos de un ministro de Turismo que hable inglés, que conozca y ame profundamente el terruño, ceñido de una administración por objetivos que premie al istmo con docenas de millones de visitantes anuales, porque conoce del tema y se arremanga la camisa bajo nuestro sol de mediodía recibiendo a los que nos honran con sus peregrinajes, constantemente implementando acciones, programas, creatividad espontánea, que permita el continuado, próspero burbujear de turistas. '¿Psst…English?'
Líder empresarial.