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Testimonio de un ecoespiritualista
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Rosendo Torres (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICAYa es normal entre nosotros escuchar testimonios de distintas personas, sobre todo en el campo religioso, en el que escuchamos diversos testimonios; unos que nos sacan de dudas, otros que nos aumentan las dudas, pero siempre con libertad de escucharlos y de aceptarlos o no aceptarlos, pero todo con mucha cortesía.Entre tanta literatura que manejo, este trata de un joven jesuita estudiante en el entrenamiento académico de Chicago.Se trata del señor Garret Gundlach de Loyola University de Chicago.Dice así: sigo buscando con calma la integración progresiva y adecuada, de la vida en comunidad y el compromiso ecológico, la vida institucional en comunidad y las alternativas ecológicas, que, después de todo, no se dan por sí solas.Empiezo allí por donde me puedo comprometer mejor: con mis propias elecciones de vida en esta corta peregrinación.Mi travesía comenzó cuando me di cuenta de que mis elecciones no eran de forma inconexas solo “mías”.Esta travesía de ecoespiritualidad empezó con la aceptación de que mis elecciones tienen que estar más determinadas por la responsabilidad que por los derechos.Sí, nuestra dignidad humana implica ciertos derechos sobre recursos, pero en el mundo de hoy, donde existen tales disparidades, nuestras responsabilidades (no solo hacia la madre Tierra, sino también hacia nuestros hermanos y hermanas) tiene que dar forma a nuestras vidas.Un amigo, mientras paseábamos en bicicleta, me dijo un día: “Sabes, Garret, creo que nuestro objetivo es vivir en este mundo con tanta sencillez y tanta ternura como podamos hasta que nos vayamos”.Bingo.Solo en este contexto de amistad y alegría puedo estructurar una reflexión sobre la conservación y el compromiso ecológico.Para mí no solo se trata tanto de números, sino de una reorientación total de mi vida de lo que como, bebo, consumo, tiro, pido prestado o presto: este camino ha sido menos cuantitativo que cualitativo en el momento de cambiar mi vida, porque los números solo cambian sosteniblemente cuando la reverencia toma las decisiones.El prefijo “eco” ha hecho morada en mi espiritualidad.La llamada de Cristo que me atrapa es la llamada del peregrino, es una llamada de compromiso profundo de la simplicidad de vida y de manos abiertas para acoger otras manos.Jesús me llama para dejar atrás un estilo de vida sofisticado, que desordena mi corazón y es un peso para la Tierra: Soy “yo” no por lo que tengo ni utilizo, sino por lo que conozco y quiero (Dios, mis hermanos y hermanas, humanos y arbóreos, especialmente los menos escuchados y los más olvidados.La simple conservación es matemática: ¿Qué cosas puedo quitar de mi vida que otros las puedan añadir a la suya? Los números son importantes por supuesto (sobre todo, estas dos cifras: 6,900 millones de personas, y 1 Tierra), pero he descubierto que la conservación de la naturaleza inspirada en una espiritualidad sincera pone de relieve las oportunidades que cada sacrificio proporciona más que compensaciones matemáticas.Sí, el vegetarianismo, las duchas cortas, el uso de la bicicleta, secar la ropa al aire, comprar de segunda mano, zurcir, coser, etc...-sí que hacen diferencia numérica, pero prefiero muchas más posibilidades que cada una- y el estilo de vida que evocan puedan crear juntas, estas opciones y hábitos han vuelto a despertar mi humanidad (lo relacional) pacificada en esta sociedad de la prisa y la ansiedad que valora más la comodidad y el consumo que la fidelidad y el amor.Un “no” a un hábito requiere determinación e imaginación, pero nos sabe a un disciplinado modo de vivir dándonos, intencionalmente, con corrección e incluso pueden llegar a convertirse en grandes “hobbies”: cada uno se convierte en un “Sí”, la poesía, la preparación del pan, la jardinería, el excursionismo, la costura, la bicicleta, la identificación de árboles, la preparación del té de kombucha, etc.Y gracias a ello me he liberado de la “sustracción” que me generaban mis hábitos y “hobbies”.Con un ojo siempre puesto en la luz de la vida, sigo rompiendo la energía en hábitos más simples y gratificantes, relacionados con la alimentación y el vestido, el transporte, la limpieza de la ropa o el cuidado de la amistad.Estoy impaciente por ver a dónde me llevará este joven ecoespiritualismo, seguro que hacia el crecimiento personal.