Pérdida de valores en desenfreno juvenil
En los últimos años, el exhibicionismo de las féminas durante los famosos culecos de Carnaval ha sido cuestionado en los medios de comunicación por grupos e individuos vigilantes de las buenas costumbres
En los últimos años, el exhibicionismo de las féminas durante los famosos culecos de Carnaval ha sido cuestionado en los medios de comunicación por grupos e individuos vigilantes de las buenas costumbres y la moral, que solicitan no se expongan las imágenes de mujeres en prácticas bochornosas.
Sin embargo, con la explosión de tecnología que permite a cualquiera filmar con un teléfono celular y subir lo que se les antoje a redes sociales, los videos de la reciente fiesta de Momo han revolucionado el YouTube y el Facebook, con los culecos de Pacora, donde más que bailes eróticos, las chicas se desnudaron.
La desnudez es aceptada cuando se trata de arte, desde inicios de la prehistoria. No obstante, si se trata de verla en vivo y en directo, en ciertas culturas occidentales puede considerarse erótico y en otras ser un estado normal al que no se asigna ninguna sensación o emoción particular.
El caso de Panamá y en especial de hacerlo públicamente delante de niños y adultos, motivado por un presentador o DJ, para ganarse un six pack de cerveza, dinero, una botella de licor, un suéter, entre otros productos, es condenable por la mayoría.
No obstante, para algunos ciudadanos, con distintas profesiones y estatus económico, es normal el exhibicionismo hasta el desnudo completo en Carnavales, en una tarima y en medio de unos culecos, porque es una fiesta para desinhibirse y gozar. “Además de que cada uno es dueño de sus actos y libre para hacer lo que le venga en gana con su cuerpo”, sostuvo un ciudadano profesional y hasta respetado socialmente.
A juicio del investigador social, Gilberto Toro, “ la música, la combinación de alcohol, ambiente festivo, descontrol y un escenario con público motivando, es suficiente para una escena de exhibicionismo puro, más si los mensajes en la música y el ritmo invitan”.
Agregó que esta generación está convencida de que mientras más te exhibes ganas más popularidad y si a cambio de eso hay algún incentivo, cualquiera que sea, mejor aún.
“La intimidad, el pudor y la privacidad están quedando atrás y lo público ha ganado terreno en todos los sentidos. De ahí el éxito de las redes sociales”, sostuvo el investigador social.
Y es que “la privacidad, la práctica de los valores, la espiritualidad que debe ir más allá de decir que se pertenece a una religión, y sobre todo el propio sentido de familia se está perdiendo. Cada quien busca inventar la suya propia”, apunta el investigador social.
Desde el punto de vista psicológico, para la especialista en familia Celeste González, de la clínica Transiciones, son producto de las lesiones que sufre el vínculo familiar. “Muchos niños, jóvenes y adolescentes incurren en conductas inapropiadas por dejarse llevar de alguien que les pone atención, o para ellos llamar la atención de sus padres y de la sociedad”.
La psicóloga sostiene que la comunicación, formación en respeto y valores son la base para que crezcan individuos sanos y respetuosos de las buenas prácticas sociales. Pero el rumbo de la sociedad y los sistemas laborales cada vez alejan más a los padres de los hogares y del vínculo con sus hijos.