Creo en la democracia- el discurso de Gettysburg
Creo en la democracia- el discurso de Gettysburg
Estoy por empezar a dudar de la democracia. No sería yo el primero pues, antes de mi, ya algunos lo han hecho y con justas razones muy similares a la mía. Alguien ya ha escrito una especie de verso que censura: ¡Oh democracia que no sabes defender a tus defensores! ¿Dónde está la democracia cuando el pobre gime y llora?, ¿Dónde cuando te quitan la vida o te roban lo más valioso: tu paz, tu justicia, tu familia, tu derecho al mañana?
¿Dónde se queda la democracia cuando el pueblo clama en las calles protestando por mejores medios y niveles de vida?. ¿Acaso será democracia tan solo aquel día en que se eligen las autoridades?. ¿En qué parte del diccionario se nos dijo que la democracia nos defendería de los autoritarismos?. ¿O en qué o cuál enciclopedia alguien escribió que la democracia hablaría por nosotros?. ¿O es acaso que la democracia es un cuento que armaron los que dirigen para hacerle creer a muchos que la democracia sí cuenta y sí importa?
¿Cuándo la democracia perdió sus contenidos y el discurso pasó de “todos cuentas y todos valen” a significar que en democracia el que menos importa es el Pueblo?. ¿O que el pueblo solo se le toma en cuenta para el día de las elecciones generales de una nación?
Será que la democracia ha fallado o, al contrario, que existe un puñado de hombres que le han faltado a la democracia o que le han sido infieles?. ¿Qué decidimos: Dejar de creer en la democracia o sencillamente seguirle creyendo?. Veamos: La democracia, históricamente, ha sido entendida como una forma de gobierno que se sustenta en principios tales como: Gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Celebres frases dichas por Lincoln, harto citadas alrededor del mundo y que aparecen recogidas en grandes textos como en declaraciones constitucionales, tan así que la fórmula: “Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo", la hizo suya el Artículo 2.º de la Constitución de la Quinta República Francesa.
Al menos así concibió Lincoln la democracia cuando diera aquel discurso que ha pasado a la historia con el nombre de Discurso de Gettysburg. Este dicurso también, valga decirlo, inmortalizó al Presidente Abraham Lincoln. Lo pronunció en la Dedicatoria del Cementerio Nacional de los Soldados en la ciudad de Gettysburg, Pensilvania, el 19 de Noviembre de 1863, cuando tan sólo habian transcurrido cuatro meses y medio después de la Batalla de Gettysburg durante la Guerra Civil Estadounidense.
En la fecha indicada, el discurso de Lincoln no era, de ninguna manera, el discurso tan esperado. El Orador Central era la persona de Edward Everett, reconocido diplomático y académico considerado como el mejor orador de su época, algo así como un heredero de la oratoria fecunda de un Pericles o de un Demóstenes. La historia registra que el discurso de Everett tenía 13.609 palabras y duró dos horas, entre tanto que el discurso de Lincoln no pasaría de dos o tres minutos, y disponía de diez oraciones y no contaba de más de trescientas palabras.
Pero no fue el extenso discurso de Everett, que duró dos horas en pronunciarlo, el que la historia registraría, sino las muy breves pero elocuentes palabras de Lincoln, lapidarias, sacramentales, resumen fecundo de lo que había sido la guerra y la aurora que iluminaba el estrepitoso camino de la igualdad y de las libertades humanas.
El párrafo final de esa oración de Lincoln reza así: “Somos más bien los vivos quienes aquí debemos abocarnos a la gran tarea que aún resta ante nosotros: que de estos muertos a los que honramos, se extraiga un mayor fervor hacia la causa por la que ellos entregaron la mayor muestra de devoción. Que resolvamos firmemente que estos muertos no dieron su vida en vano. Que esta nación, Dios mediante, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no desaparecerá de la faz de la Tierra".
Recordando a Lincoln y buscando las raíces o la etimología de la democracia en Grecia (Democracia:Demos-Pueblo, Kratos- Poder o Gobierno, es decir, Gobierno del Pueblo), ante las primeras interrogantes que se plasman en la parte superior de este artículo de opinion, debo concluir, inexorablemente, que las respuestas encuentran rescoldo solido en lo siguiente: Que es mi deber, mi obligación, seguir creyendo y apostando a favor de la democracia porque aunque la muchedumbre grite: ”Crucíficalo, crucifícalo”, siempre habrá un puñado de hombres y de mujeres que en tributo a la Verdad y en defensa de las libertades, la paz y la justicia, forteceremos la democracia para que muchos sean beneficiados con ella.
De modo que, el verdadero sentido de la democracia no esta allí en donde los enquistados en el poder merced a la “democracia” se covierten en seres anárquicos, autoritarios y malos, sino allí en el interior de quienes dirigen y lideran los altos postulados del Estado de Derecho, desde el seno social, orientando a la poblacion por derroteros de verdad y de justicia. La democracia sí tine quien la defienda: Sus buenos hijos y creyentes. Mientras hayan hombres de espíritu democratico y de verdad, la democracia nunca dejará de ser. La democracia se extinguría cuando los buenos hombres guarden silencio o sucumban ante las tentaciones del poder. ¡Dios bendiga a la Patra!.