El Desfile de las Mil Polleras
Otros años ha estado bonito el Desfile de las Mil polleras, pero este año, especialmente ha estado hermoso. Hubo variedad de presentación; hubo cinco familias que participaron del mismo con todas las polleras y los hombres con su camisilla, en forma familiar y atractiva, cada uno con su bandera que indicaba el nombre de los representantes. Vimos hermosos carros alegóricos de muchas entidades gubernamentales y privadas. Me llamó la atención porque no los había visto antes, dos grupos de empolleradas solamente montunas y algunas de ellas iguales como si fuera comparsa. Brillaron las polleras de lujo, tanto marcadas como talco en sombra y bordadas, cada una más hermosa que la otra.
QUERÍA TRANSMITIRLES A MIS LECTORES LA EMOCIÓN QUE SENTÍA CUANDO VEÍA DESFILAR TANTA MUJER BONITA Y BIEN...
Lo más lindo era la alegría que reinaba en cada grupo acompañado de murgas o de tambores como algo bien típico y bailando al ritmo de antes, lento y cómodo, porque ahora las piezas típicas son tocadas tan rápido que no se puede ni siquiera llevar el ritmo y no se entiende ni la letra ni la música. Sin ser una crítica porque es lo que se acostumbra actualmente, tengo que reconocer que me agrada más la música de mi juventud, en la que sabíamos lo que cantábamos y lo que bailábamos. Pero todo cambia en la vida, y tenemos que amoldarnos a las nuevas costumbres porque para eso pasa el tiempo con sus variaciones y cambios en todo. Antes sumábamos y restábamos con la cabeza, hoy todo es tecnología moderna y le preguntas a un muchacho cuánto es dos más dos y tiene que sumarlo con los dedos. Así es la vida.
Volviendo a nuestro desfile de polleras, este año se presentaron más que los años anteriores, y conozco muchas personas de todo el país que vistieron el traje típico panameño. Sin ser demasiado apasionada, nuestro traje es el mejor del mundo porque no he conocido ninguno que se acerque en belleza, con sus adornos, sus tembleques, sus hermosas y valiosas prendas y, sobre todo, el donaire con que nuestras mujeres lo llevan, cómo lo caminan y cómo lo bailan.
Cada vez que tengo la oportunidad de observar a la mujer tableña lucir la pollera, la disfruto más; y no solo a la tableña, sino a todas las panameñas. Recuerdo cuando la pollera en Panamá era un lujo y solo se usaba en determinadas ocasiones, y hoy es más común verla. Disfruté viendo esas cabezas adornadas con verdaderos tembleques y puestos como Dios manda, y no tapando toda la cabeza; puestos dejando un espacio entre un grupo y otro. Pude observar a dos amigas que lucían, una unos tembleques antiquísimos de escama de pescado y otra con gusanillos antiguos. Eran realmente hermosas. ¿Y saben el origen de los tembleques de escama de pescado? Sencillo. Durante la Segunda Guerra Mundial no se podía importar el material para elaborarlos, y las tableñas se ingeniaron para ponerse flores de todos modos e idearon hacerlas con escama de pescado. Hoy en la capital se los usa con un material demasiado llamativo y ordinario que hace que también se los vea en igual forma.
Volviendo al desfile de polleras, ignoro quién ideó el mismo, pero a través de los años ha ido perfeccionándose, a pesar de que aún tiene algunas cosas que corregir como, por ejemplo, algunos baches que se forman entre algunos grupos y que hacen que el desfile se detenga, demorándolo y afeándolo.
BRILLARON LAS POLLERAS DE LUJO, TANTO MARCADAS COMO TALCO EN SOMBRA Y BORDADAS, CADA UNA MÁS...
Igual sucede con la gente que se para en el centro de la calle, impidiendo que los carros y los grupos puedan pasar; en esto debieran estar los organizadores para que no suceda. La seguridad magnífica; creo que si a algún loco le diera por robar alguna prenda, por primera vez veríamos un linchamiento en Panamá. Y es por esto que vemos tantas mujeres cargadas de joyas sin el peligro de algún acontecimiento desagradable.
Quería transmitirles a mis lectores la emoción que sentía cuando veía desfilar tanta mujer bonita y bien ataviada. Como lo contemplé desde el portal de mi casa, solo sentía el deseo de estar entre ellos como en otros tiempos. A pesar de que había algunas señoras mayores, a las cuales admiré, ya mis años no me permiten bailar bajo el sol y por largas horas. Continuemos con esta hermosa tradición y mejoremos los pocos defectos que tenía.