Entrenen a sus tropas
Recientemente leí uno de los libros más famosos y, según varias opiniones, una lectura obligada para toda persona que quiera tener éxito en la vida; ese libro es “El arte de la guerra”, de Sun Tzu, un militar que unos 500 años antes de Cristo escribió esta joya en cuanto a estrategias.
Este libro se basa en el escenario de la guerra, pero tiene aplicación en muchos aspectos de la vida; hoy me dedico a aplicar parte de su enseñanza a la labor de padres de familia.
Hay varias expresiones que menciona Sun Tzu, como por ejemplo, palabras más, palabras menos: Trata a tus soldados como tratas a tus propios hijos, pero no por ello seas indulgente con ellos, de tal forma que actúen como niños consentidos.
Los soldados que actúan como niños malcriados se vuelven inútiles. Esta es una premisa de meridiana verdad; vemos que muchos padres malcrían a sus hijos y estos luego tienen serias dificultades para enfrentar los retos de la vida; entonces estos mismos padres invierten en sicólogos, siquiatras, terapistas y otros para que les ayuden a arreglar un problema que ellos mismos causaron.
Como la intención de estos escritos siempre es aportar y no criticar, tomo también entonces las recomendaciones de Sun Tzu: “Si castigas a tus soldados antes de que sean fieles al mando, no obedecerán, y si no obedecen, serán difíciles de emplear. Tampoco podrán ser empleados si no se lleva a cabo ningún castigo”.
Claro, esto demuestra que disciplinar a nuestros hijos es de suma importancia para su preparación para la vida y el castigo es parte natural de toda disciplina. No me refiero necesariamente al castigo físico; hay muchas formas que podemos castigar a nuestros hijos y de seguro hay muchas que le dolerían varias veces más que un golpe.
Dice otra frase en el libro: “Dirígelos mediante el arte civilizado y unifícalos mediante las artes marciales” (refiriéndose a los soldados). “Arte civilizado significa humanidad y artes marciales significan reglamentos”; “mándalos con unidad y benevolencia, unifícalos de manera estricta y firme”, “Cuando la benevolencia y la firmeza son evidentes, es posible estar seguros de la victoria”; esto demuestra que hay que tener un balance entre recompensas y castigos.
Hay otra analogía que se usa y es la de “la zanahoria y el fuete”, que también afirma que hay que tener un balance entre los castigos y los estímulos para formar el carácter de los hijos y que al final sepan valorar los éxitos obtenidos.
De este tema de ser padres de familia y educar a nuestros hijos se ha escrito tanto que sería posible llenar un edificio de 10 pisos con toda la literatura que hay; pero mientras más sencillas las cosas, mejor.
Ya sabemos que debemos estimular y disciplinar a nuestros vástagos si queremos que tengan éxitos en la vida; que formen su propio carácter y no salir cada vez que tengan un reto a solucionárselos nosotros; solo si se enfrentan a sus retos aprenderán a afrontarlos sin necesidad de gritar: “mamá” o “papá”, sino que dirán hacia sus propios corazones “yo puedo”.
El secreto de esto está en la constancia; tomo como reflexión final lo que escribe Sun Tzu: “Cuando existe un sentimiento arraigado de aprecio y confianza y los corazones de los soldados están ya vinculados al mando, si se relaja la disciplina, los soldados se volverán arrogantes y será imposible emplearlos”.
Es por ello que el trabajo de padre es un trabajo de toda la vida y nunca debemos perder nuestra autoridad, no importa la edad de nuestros hijos; así que, como grandes generales, entrenemos a nuestras tropas a que sean exitosas…